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Julio Iglesias es acusado de agredir sexualmente a sus empleadas: “Me sentía como una esclava”

Una investigación recoge los testimonios de varias extrabajadoras domésticas que señalan a Julio Iglesias de presuntos abusos sexuales, maltrato y control extremo

Julio Iglesias
Julio Iglesias Imagen del archivo

La imagen pública de Julio Iglesias, una de las grandes figuras de la música en español, quedó sacudida tras la publicación de una investigación periodística que recoge graves acusaciones en su contra. De acuerdo con un reportaje recientemente publicado, varias exempleadas del servicio doméstico señalan al cantante de haber cometido presuntas agresiones sexuales, abusos y vejaciones mientras trabajaban en sus residencias del Caribe.

El trabajo periodístico realizado por elDiario.es en conjunto con Univisión Noticias que se prolongó durante más de tres años, recopila testimonios de mujeres de entre 20 y 30 años que trabajaron para el artista en distintas etapas, especialmente durante los años de la pandemia. Todas coinciden en un mismo patrón: un sistema laboral altamente jerarquizado, con aislamiento, control extremo y una fuerte dependencia económica y emocional hacia el entorno del cantante.

Las denunciantes aseguran que, dentro de esa estructura, se normalizaron conductas de acoso, humillaciones constantes y situaciones en las que sentían que no tenían la posibilidad real de negarse a las exigencias del artista o de sus superiores dentro de la casa.

Los testimonios de las exempleadas

Una de las mujeres que participa en la investigación, identificada con el nombre ficticio de Rebeca, relata que fue contratada muy joven para trabajar en una de las mansiones de Julio Iglesias. Según su testimonio, su jornada comenzaba a las ocho de la mañana y se extendía hasta la noche; sin embargo, su trabajo no terminaba ahí. Varias noches por semana, explica, era llamada a la habitación del cantante, donde se veía presionada a mantener relaciones sexuales no consentidas.


Rebeca describe que estas situaciones se repetían hasta cuatro o cinco veces a la semana y que solo dejaban de ocurrir cuando la esposa del artista se encontraba en la casa o cuando había otra trabajadora convocada. “Me usaba casi todas las noches”, llega a decir en el reportaje, donde asegura que se sentía tratada como un objeto o como una esclava y que vivía con miedo, sin ver una salida real a su situación laboral.

Otra extrabajadora, especializada en servicios como la fisioterapia, relata que también sufrió un trato vejatorio y que, en más de una ocasión, fue objeto de comentarios e insinuaciones sexuales en presencia de las encargadas del hogar, quienes no solo conocían estas dinámicas, sino que en algunos casos las reforzaban.

Jerarquías, “señoritas” y un ambiente de control permanente

Las mujeres describen que dentro de las mansiones existía una rígida jerarquía laboral: en la base estaban las trabajadoras del hogar; por encima, las encargadas o house managers; y en un escalón intermedio, las llamadas “señoritas”, empleadas especializadas en servicios como masajes o fisioterapia. Estas últimas, señalan, recibían un trato más favorable, con cuartos separados y más tiempo libre, pero también estaban bajo el mismo clima de control y presiones.

De acuerdo con el reportaje, la selección del personal se hacía en buena medida a partir de fotografías, más que por experiencia profesional. Algunas extrabajadoras cuentan que, antes de ser contratadas, se les preguntaba por su vida íntima, si tenían hijos, pareja o si se habían sometido a cirugías estéticas, e incluso que se les instaba a mostrar su cuerpo para decidir si debían “mejorarlo” con operaciones.

Las denunciantes sostienen que negarse a participar en determinadas situaciones o a cumplir órdenes que consideraban inapropiadas podía traducirse en un trato aún más humillante, gritos, insultos y amenazas de despido, lo que, según relatan, reforzaba la sensación de estar atrapadas en una “casita del terror” de la que era muy difícil salir.

Secuelas emocionales y silencio del entorno del cantante

Una de las extrabajadoras cuenta que, tras varios intentos fallidos de abandonar la residencia, finalmente consiguió marcharse. Una vez fuera, fue diagnosticada con ansiedad y una depresión agravada, condiciones que atribuye directamente al tiempo que pasó trabajando para el artista. Otras mujeres comparten que aún hoy viven con miedo y que el impacto psicológico de lo ocurrido sigue presente en su vida cotidiana.

Los relatos no solo se centran en las presuntas agresiones sexuales, sino también en un control minucioso sobre la forma de vestir, la manera de comer, los horarios de sueño y la vida privada de las trabajadoras. Todo ello, apuntan, terminaba por configurar un entorno que describen como opresivo y cargado de abuso de poder.

Por ahora, no existe una resolución judicial sobre los hechos y el cantante mantiene, como cualquier ciudadano, su derecho a la presunción de inocencia.

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