En el mundo de la estética, los biopolímeros se vendieron una vez como solución rápida para glúteos, senos, labios o contornos faciales. Prometían volumen, firmeza y belleza, pero lo que se inyecta, si es material no autorizado o sintético que puede volverse un enemigo invisible.
Cinthya vivió cerca de 20 años con biopolímeros en sus glúteos sin saber que se los habían inyectado, ya que, como ella comenta, le habían dicho que lo que le inyectarían sería ácido hialurónico.
El problema de los biopolímeros es que se trata de un material que no se biodegrada y puede causar múltiples problemas de salud como: inflamación, dolor, deformidades, secreciones, reacciones cutáneas, migración del material o endurecimientos.
Las personas también podrían enfrentar consecuencias más amplias, como la alogenosis iatrogénica, una enfermedad que provoca daño y degeneración de tejidos; el síndrome ASIA en algunos casos, con síntomas como fatiga, alteraciones del sueño o molestias sistémicas; además de un fuerte impacto emocional.
Más allá del caso de Cinthya
En Ecuador, varias personas han sido víctimas de biopolímeros, como es el caso de la presentadora Soraya Guerrero, quien descubrió años después que le habían inyectado esta sustancia en los labios. También se han registrado casos más extremos, en los que mujeres acudieron a clínicas clandestinas y estuvieron al borde de la muerte.
Por otro lado, Colombia también ha sido escenario de múltiples casos mediáticos que han puesto en evidencia los graves riesgos de usar sustancias estéticas no reguladas, como los biopolímeros.
Jessica Cediel, modelo y presentadora colombiana, denunció que fue engañada al recibir estas inyecciones en los glúteos. Por otro lado, Lina Tejeiro, actriz colombiana, descubrió años después que tenía biopolímeros en su cuerpo, lo que la llevó a someterse a varias cirugías y a hablar públicamente para prevenir a otras personas.

La extracción: cicatrices, valentía y recuperación
La cirugía para retirar biopolímeros no es un simple retoque, implica evaluación médica seria, imágenes de diagnóstico, posible anestesia general, limpieza quirúrgica de espacios afectados, y reconstrucción si procede. En este caso, Cinthya viajó a Cartagena para hacerlo con especialistas, lo que habla de cuán delicado puede ser el procedimiento.

En la post cirugía, además del dolor físico, viene una recuperación que exige paciencia, con el uso de prendas de compresión, cuidados con la herida, evitar malas posturas, tiempo sin sentarse (según la zona), seguimiento médico y apoyo emocional.
Lo que aprendemos de este caso
Primero, la información es clave, antes de cualquier procedimiento, es fundamental saber qué te están aplicando, si el material está autorizado y quién lo administra. No se trata solo de belleza, sino de salud y vida.
Además, la regulación importa, y mucho, países como Colombia han avanzado con leyes que prohíben los biopolímeros, registran clínicas y regulan profesionales. En el caso de Ecuador, todavía no existe una ley específica que prohíba la aplicación de estas sustancias.
También aprendemos del coraje de quienes han decidido alzar la voz, como es el caso de Cinthya Coppiano, porque mostrar lo que duele y contar lo que casi nadie ve tiene un enorme poder educativo y preventivo.

Cinthya hoy muestra su cicatriz con orgullo, porque cada línea en su piel cuenta de una batalla, de una decisión consciente y de un cuerpo que exige respeto. Estos relatos nos recuerdan que la belleza no justifica el dolor, que merecemos saber, decidir y sanar.
