Javiera Parada: “Hay que situar la cultura al centro de la conversación del desarrollo del país”

La Coordinadora de Asamblea Constituyente (AC) del partido político Revolución Democrática (RD) nos invita a fortalecer la comunidad para generar un cambio real para Chile.

Javiera Parada es una mujer intensa. Al conocerla sentí que había algo similar entre nosotras, quizás es eso… la intensidad. La Coordinadora de Asamblea Constituyente (AC) en el partido político Revolución Democrática (RD) es menudita pero tiene una voz que llamaría la atención de cualquiera en un mercado gigante. Su seguridad a la hora de expresar ideas es notable y habla profundamente mientras fija su mirada en los ojos de su interlocutor como tratando de escudriñar dentro de él o ella (en este caso).

“Tengo fe de que en Chile ocurran las transformaciones que la gente está pidiendo”, es una de las primeras frases que lanza a minutos de comenzar nuestra conversación. Y mientras yo me siento más nihilista que nunca, ella me dice que a pesar de todo lo que ha vivido y visto en este país y fuera, como por ejemplo en EE.UU. donde vivió dos años trabajando como agregada cultural del gobierno de Michelle Bachelet, Javiera aún tiene fe. Es, sin duda, sorprendente.

Al conversar con ella me dio la impresión de que realmente cree en lo que está diciendo. Más bien está convencida que existen posibilidades para mejorar la calidad de vida y la convivencia de los chilenos siendo el desarrollo cultural uno de los puntos fundamentales para el cambio, para la transformación que este país necesita. En las últimas décadas hemos permitido que el sistema económico imperante convirtiera las relaciones humanas en impersonales, insensibles, poco empáticas e individualistas, son muy pocos quienes participan (¡En Chile los ciudadanos ya casi no votan!) y/o trabajan por su comunidad y es justamente ahí donde hay que fortalecer y unir las voluntades.

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Foto: Mariana Garay

-Se siente en Chile que la gente quiere estar mejor, que están cansados de que no haya cambios. Lo que pasó en Valparaíso para las municipales es un ejemplo.

La experiencia de Valparaíso es muy importante porque fue un ejercicio de escucha grande. Muchas organizaciones bastante diversas se agruparon después de los incendios. Todos tenían causas súper distintas; habían patrimonio, animalistas, culturales… llegaron a la conclusión de que el gran problema era que estaba siendo mal administrado sin poner por sobre todo el interés de las personas y la comunidad. Frente a eso la única posibilidad que tenían de cambiar las cosas era unirse y organizarse. Y esto habla de que a veces sus objetivos en pro del bien común. Eso nos deja como enseñanza Valparaíso. La organización en pos de grandes causas conlleva pequeñas renuncias, sin eso es imposible avanzar ni que podamos vivir mejor juntos.

-También se habla de la crisis de representatividad, desde los partidos y también de la inexistencia de una figura que agrupe voluntades.

Yo creo que la solución no es encontrar una persona. Sino que hay que crear colectivamente una fuerza social, cultural y política que cambie las cosas. El cambio de ciclo al que nos estamos enfrentando hay un modelo de democracia que hoy en el mundo se está viendo agotados. Finalmente nos damos cuenta que la promesa neoliberal y capitalista de satisfacer nuestras necesidades a través del mercado es mentira y no está dando los frutos que nos prometió. Por lo tanto, hay una búsqueda de cuál es la nueva manera de vivir juntos que signifique volver a poner al individuo pero no en la indiviadualidad sino en la capacidad de un ser que convive en comunidad. Es la búsqueda de lo colectivo y eso es un cambio cultural, ese cambio no se puede hacer por decreto. El desafío que hoy tenemos es ver cómo creamos un nuevo relato, un nuevo lenguaje para hablar al nuevo mundo al que aspiramos. Y eso nos permitirá acumular poder social y político para hacer los cambios que queremos.

-Estamos viviendo una nueva corriente de conciencia. Por ejemplo en temáticas medioambientales, el resurgimiento del feminismo a nivel mundial, la discusión de los derechos filiativos de los niños de familias homoparentales…etc. Es como el comienzo de una nueva era…

Eso significa volver a aprender a hablar y a escribir. Hace unos días tuve que escribir un documento con los compañeros de Revolución Democrática, conversándolo con una amiga y compañera, Kena Lorenzini, nos dimos cuenta cómo tenemos tan naturalizado escribir de una manera excluyente y eso hay que cambiarlo. Y no se trata solo de decir o escribir “Las y Los” es algo que va más allá. Se debe incorporar las diversidades, plurinacionalidades, tenemos que pensar bajo otros paradigmas que los que nos enseñaron. Es lo mismo que cuando la gente creía que la Tierra era plana y descubrieron que en realidad era redonda. Eso te cambia todos los parámetros de cómo tu piensas. Estamos en un cambio de ciclo que es para mi de ese calibre.

-Y esto ¿crees que debería ser instruido desde la educación básica? ¿Es responsabilidad del Estado? ¿De todos? ¿De quién?

Hay varios niveles. Evidentemente que el sistema público de la educación tiene mucha responsabilidad y que hay cosas tan básicas como las que se están haciendo ahora y que hay que profundizar como la posibilidad de que la educación sea un derecho social. Pero también hay paradigmas al interior de la educación que yo creo que son importantes como la integración de las artes y creatividad en los procesos educativos, cosa que está probado que aprender de manera creativa ayuda a los humanos a aprender mejor. Tuve la oportunidad en mi último viaje a EE.UU. de trabajar con un departamento de la Universidad de Harvard que se llama “Agentes Culturales” dirigido por la académica llamada Doris Somers quien desarrolló una metodología llamada “Pretextos” que incorpora prácticas artísticas a la experiencia de lecto-escritura. Por ejemplo toman el El Principito y lo deben interpretar a través de una expresión artística. Finalmente, al termino del taller comprenden mucho mejor el texto que han leído. Este tipo de metodología además, donde se ha implementado también ha demostrado que tiene otro tipo de beneficios, como volver a construir comunidad en lugares donde se había roto la convivencia social, como por ejemplo lugares asolados por la guerra del narcotráfico. A parte de que el Estado provea educación de calidad, los contenidos de la misma debería ser revisada. Pero eso es una parte, otra también es responsabilidad de la sociedad y sus movimientos, de los partidos políticos tradicionales y los nuevos, de poder estar trabajando con la gente y creando esta nueva manera de comunicarnos juntos. Nos es como que vaya a aparecer un genio y nos diga cuál es la solución. La respuesta debe venir de un diálogo entre expertos, comunidades, quienes hacen políticas públicas, la academia, etc. Y entre todos generar las nuevas maneras de convivencia, democracia y modelos de desarrollo.

-No todo el mundo está dispuesto en participar en política. ¿Qué hacemos con todos ellos? ¿Cómo se pueden atraer los que se desilusionaron de la política y del sistema para que se unan?

Los que nos estamos dedicando a la política tenemos una enorme responsabilidad que es hablarle a la gente que cree que la política no tiene nada que ver con su vida. Y en eso nosotros todavía no hemos sido capaces. Por eso, el cambio en el que estamos es ante todo cultural, creo que tener que explicarle a la gente algo tan básico como que es necesaria la educación es un derecho y que eso significa que tu vas a poder llevar a tu hijo o hija al colegio de tu barrio y que ahí se relacionará con los vecinos es bueno para ellos y que la gente deje de tener miedo de esto, no se arregla cambiando las leyes, sino que la gente tiene que tener ganas de encontrarse con el resto de la sociedad y eso es cultural. La cultura no es simplemente las artes, la música y la literatura, sino que es la forma en la que nosotros nos comunicamos y cómo convivimos. Yo creo que los que estamos intentando volver a politizar la conversación pública y que la gente confíe nuevamente en la política y eso primero es en la práctica mostrar que los que venimos no nos queremos apernar en un puesto ni finalmente defender intereses que no son los de la gente. Debemos demostrar que queremos hacer política para lograr avances para la comunidad y no para ganar plata y darle pega a los amigos. Para esto hay que generar un movimiento cultural para que la gente se sienta atraída a esto. Siempre me acuerdo que durante la dictadura la cultura jugó un papel fundamental para que la gente volviera a reunirse, a sentirse capaz de hacer cosas juntos y desde ahí desafiar a la dictadura. Hoy, a pesar de no tener un enemigo tan brutal como fue la Dictadura, de todas maneras ser capaces de encontrar una nueva voz cultural que nos permita convocar a más gente, porque con la cantidad de personas que participan seguirán gobernando los mismos y será imposible generar cambios.

-Siguiendo con el tema de los cargos públicos y los políticos. Tu tuviste uno y renunciaste, ¿por qué lo hiciste?

Renuncié por dos cosas específicamente. Cuando me fui de Chile Revolución Democrática era aún un movimiento político, habíamos recién ganado una diputación que fue muy importante. Pero luego, yo estando ya fuera, RD decidió convertirse en un partido político y comenzamos a reunir firmas para lograrlo. En el momento en que se constituye como tal en 4 regiones, comienza a planificarse la idea de ir a las Elecciones Municipales a disputar con la Derecha y la Nueva Mayoría. Comienza a delinearse lo que pasará el 2017 con más certeza. Esto hacía que fuera muy difícil para mi seguir en el puesto de representación política de confianza de la Presidenta con un partido que desafiaría la coalición que soporta al gobierno. Era incongruente seguir haciendo las dos cosas. Por otro lado, comenzó la etapa participativa del Proceso Constituyente, para mí es muy importante participar de los encuentros locales de los cabildos. Llevar la voz de la Asamblea Constituyente a diversos lugares y eso no podía hacerlo desde EE.UU. Cuando ocurrieron estas dos cosas decidí renunciar. Agradecí la confianza porque realmente fue una experiencia profesional interesantísima, pude desarrollar una cantidad de actividades increíbles, ligar una serie de instituciones chilenas culturales con norteamericanas. Pero tenía que tomar una opción y mi opción es construir una alternativa política para Chile, progresista y sustentable. Yo creo que en la posibilidad de construir una nueva fuerza política que vaya más allá de RD y eso me hizo venirme.

-Porque hay mucha gente que te criticó por la polémica de dónde desarrollabas tu trabajo y que dice que por eso te viniste.

No, la decisión fue tomada antes. Solo que lo anunciamos un poco después.

-Tu trabajo allá con los artistas

Intenté apoyar a todos los artistas que se comunicaron conmigo mientras estuve allá. EE.UU. Es un país donde las cosas se preparan con tiempo. Y acá en Chile muchas veces hacemos las cosas medio a última hora. Desarrollamos proyectos como la exposición “Muchedumbre” de Jorge Brantmayer justamente cuando se restableció la relación entre Cuba y EE.UU. Que logramos hacer una gira por Chile, Washington y La Habana. Esta expo fue inaugurada el mes pasado en la Casa de las Américas en la habana. Pero ese proyecto requirió dos años de preparación.

-¿Cómo están valorados los artistas chilenos en EE.UU.?

Es que es un país gigante y tiene muchos públicos. Pero por ejemplo el cine chileno está súper bien valorado. La gente va a verlo, está en todos los festivales, en la mayoría de estos gana premios. Una de las cosas más importantes que pude hacer fue generar un programa de apoyo para esta área junto a ProChile, Corfo, Imagen País, Dirac y logramos muy buenos resultados apoyando un trabajo que viene de mucho antes, el cine chileno ya es una marca en el mundo. También hay artistas visuales que hoy ya tienen un lugar en EE.UU. como Alfredo Jaar, Jorge Tapia son gente que existe más allá de que sean chilenos. También hicimos un homenaje a Violeta Parra en conjunto con una productora mexicana llamada Claudia Norman, donde participaron Illapu, Colombina Parra, Francisca Valenzuela y Anita Tijoux. Violeta es una marca mundial. Claro que en literatura también hay mucho interés, y saber qué está pasando con los pueblos indígenas.

-¿Cómo ves la gestión artístico cultural en Chile hoy en día?

Están pasando un millón de cosas. Recuerdo cuando me fui el año 1992 a España, recuerdo que Chile era súper igual, la calle era muy distinta a lo que es ahora. Ahora hay muchos festivales organizándose, viene un montón de gente que antes era impensado que visitaran el país. Chile ha cambiado en los últimos 20 o 30 años, creo que se ha profesionalizado la producción cultural, hay más espacios dónde ver cosas. Pero al mismo tiempo hay ciertos sistemas que están agotados. Por ejemplo, no puede ser que todos los fondos públicos de cultura se den a través de concursos como el FONDART. Hay que hacer una re-ingeniería urgente de cómo se financian desde el Estados los proyectos culturales. Hay que mejorar la Ley de Donaciones donde hay un enorme espacio donde todavía Chile pueda crecer. El mundo privado tiene que entender la importancia de la cultura no solamente como entretención sino como importante para el desarrollo de la sociedad. Hay situar la cultura al centro de la conversación del desarrollo del país. Porque, evidentemente, tiene que ver con la calidad de vida y la capacidad de desarrollar mentes que puedan leer realidades más complejas, por lo tanto enfrentar los problemas de hoy y elaborar respuestas más complejas. La cultura juega ese papel y es irremplazable, creo que todos los que estamos hoy día intentando hacer política de una manera diferente deberíamos poner muy al centro el tema cultural.