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Durmiendo con el enemigo: Esta es la peor amenaza de tu sueño

Patas de araña, ojos de mosca, caspa de gato, hojas de otoño… no, no es la receta para atrapar un amor imposible, sino sólo algunas de las miles de partículas orgánicas e inorgánicas que viajan en suspensión por el aire y conforman el polvo que se acumula en nuestro hogar. Junto a ellas, se asientan las partículas de tierra, metales, esporas de hongos, pólenes, minerales, bacterias, virus, restos de alimentos y, por supuesto, residuos del cuerpo humano, como las escamas de piel seca. En medio de este fértil universo se regocijan los ácaros del polvo, uno de los grandes enemigos del ser humano, causante del asma y de reacciones alérgicas en un importante porcentaje de la población.

Miden menos de 0.5 mm y se reproducen en tal cantidad que media cucharadita de polvo de cualquier casa podría contener hasta mil ácaros, y 150.000 muestras de su excremento. Sí, pues no son los ácaros propiamente, sino sus desechos, los que generan las reacciones alérgicas en humanos.

Uno de los primeros datos que debemos saber es que los ácaros del polvo aman el calor y la humedad. Así, la temperatura perfecta para su vida y reproducción masiva es entre los 25°C y los 35°C, con una humedad sobre el 50% y que, a pesar de su adaptabilidad, no sobreviven a las temperaturas extremas. Otro antecedente importante es saber que se alimentan principalmente de la piel seca que desechamos constantemente.

Con estos dos antecedentes, no es ninguna sorpresa que el hábitat perfecto para estos pequeños seres sea, precisamente, nuestra cama. Cálido, húmedo y lleno de alimento, nuestro colchón y nuestras sábanas son la gran metrópoli de su diminuto mundo. Por ello se vuelve tan importante la ventilación periódica de nuestra habitación, sacudiendo la cama y dejando entrar el sol.

Para acabar con estos desagradables compañeros de alcoba, la solución siempre va de la mano de una correcta higiene de nuestros espacios. Para evitar sus propagación, es fundamental cambiar y lavar las sábanas por lo menos una vez a la semana. «Una forma de terminar con los ácaros es lavando sábanas y fundas con agua muy caliente, sobre los 50°C, pero muchas veces las telas no soportan bien las altas temperaturas, se destiñen, se deforman y se acorta considerablemente su vida útil. Por eso, se recomienda el lavado con productos que, en bajas temperaturas, permiten la eliminación de estos desagradables seres, como el suavizante ultraconcentrado antiácaros», explica Rolf Bosshard de productos de limpieza Excell.

Igualmente, debemos prestar atención a la superficie más extensa de nuestra casa: el piso. «Las alfombras son, después de la cama, el hábitat favorito de estos arácnidos. Por ello, las personas muy sensibles a los alérgenos deberían evitar tenerlas en su hogar. Si por temas de aislación térmica, decoración o presupuesto no podemos evitar las alfombras en casa, entonces es fundamental aspirarlas diariamente, no barrerlas, pues así se levanta el polvo y se satura el ambiente de alérgenos, agrega Marcial Fernández de industria química Brillex. Además, «en el mercado existen shampoo de alfombra y tapices especialmente formulados para terminar con este tormento», concluye.

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