La infancia de Frida Kahlo capturada por su padre

La artista que abandera la pasión y el dolor en su obra, también fue Frieducha: la adorada hija de un gran fotógrafo.

El rostro de Frida Kahlo ya forma parte del imaginario colectivo gracias a su fama y al volumen de autorretratos que se pintó. De su personalidad también conocemos bastante por sus declaraciones, por su diario, por soportar festivamente el martirio de la vida propia, por las cartas que escribía a Diego, por el monumento que se construyó a sí misma.

Siempre he insistido en que Frida debió ser algo más que la mujer reflejada en la crudeza de sus pinturas y de la leyenda de cejas gruesas y huipiles. Por mucho tiempo le tuve afecto a su imagen de la época en que vestía como elegante y apuesto caballero. La Frida antes de Diego.

Esa mujer se llama Frieducha, la hija de Guillermo Kahlo. Un fotógrafo proveniente de Alemania, de quien orgullosa heredó la vena artística, que se refiere a ella en innumerables cartas como: ¡Frieduchita linda de mi corazón!, Frieducha adorada. También en ella se puede advertir la devoción por su padre en una pintura, tal testimonio bilateral dice mucho de la relación entre ambos.

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© Guillermo Kahlo

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© Guillermo Kahlo

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© Guillermo Kahlo

Frieducha, la niña y la joven, la conocemos gracias a su papá. Una niña que juega, que es seria y a veces sonriente con disimulo, delatada por una mirada que ya parecía aspirar a la grandeza. Una Frida lozana y candorosa, antes de la tragedia que marcaría su vida.

Algunas otras fotografías sí fueron hechas después de aquel accidente en el tranvía y Frida ya luce adulta. Pero si bien, ella reflejó en la pintura el dolor y el sufrimiento que padeció, el padre capturó siempre su dulzura. ¡Qué goce de fotos y de Frieducha bonita!

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© Guillermo Kahlo