Gala, la sal de la vida de Dalí [MUSAS]

Gala se convirtió en la guía, columna vertebral y musa del famoso pintor Salvador Dalí.

Si hablamos de almas gemelas una de las primeras parejas que tenemos que mencionar es la de Gala con Dalí, un par que se conoció por azares del destino y que llegó a amarse intensamente.

¿Cómo se conocieron?

Helena Dimitrievna Diakonova, mejor conocida como Gala, nació en Kazan (Rusia) en 1894, en una familia de intelectuales.

En 1917 se casó en París con el poeta Paul Eduard y tuvieron a una hija llamada Cécile, Paul entró en contacto con un grupo de vanguardistas y fue ahí donde Gala tuvo la oportunidad de relacionarse con intelectuales del momento, tanto que tuvo una relación extramatrimonial con el pintor Max Ernst, no había duda de que su mirada dejaba impactado a cualquiera.

Pero en 1929 el destino le puso a Gala al verdadero amor de su vida, ese año llegó a París un joven llamado Salvador Dalí con el propósito de ver el estreno de “Un perro andaluz”, la película que había realizado junto a su amigo Luis Buñuel. La cinta impresionó tanto a los surrealistas que, rápidamente, admitieron a los dos españoles en su selecto grupo.  Así Paul Eluard y Gala fueron invitados a pasar un verano en la casa de Dalí ubicada en Cadaqués.

El pintor cayó rendidó ante los encantos de Gala y hacía grandes extravagancias para captar su atención. Se teñía de azul las axilas, se untaba excremento de cabra, se colocaba un geranio rojo en la cabeza, pero era incapaz de hablar con ella, pues cada vez que se le acercaba sufría un incontrolable ataque de risa.

La gran declaración de amor

Una tarde, durante un paseo por la playa de Cabo de Creus y junto a un enorme risco él  se arrodilló ante ella y, entre risas nerviosas, le confesó su amor. Ella, vestida de blanco, le contesto “quiero que me mates y estaremos juntos para siempre” estas palabras resultaron ser un conjuro mágico que los ató a ambos de por vida.

Dalí, siempre había soñado con asesinar el objeto de su amor, se sintió atrapado por  los ojos almendrados que le suplicaban la muerte, que lo consideraban digno de realizar ese acto, ella comenzó a explicarle como debía matarla, con lujo de detalles; también le habló de sus tristezas, ansiedades  y las razones que tenia para desear la muerte por considerarla un escape a todos sus tormentos. Esta conversación liberó del alma de Dalí sus eternos miedos, sus angustias y hasta su risa histérica desapareció.

Al fin había encontrado su alma gemela. No les importaba el mundo; desde ese momento, y para siempre, solo existieron ellos dos. Así fue,  Gala se convirtió en la amante y musa de Dalí.

 El cambio radical

Gala llegó a darle un giro a la vida de un hombre tímido, problemático, inseguro y desorganizado. Él mismó llegó a reconocer “ella me salvó de la locura y a muerte temprana, antes de Gala, no había logrado encontrar una mujer elegante que mostrase interés en mis fantasías eróticas, ninguna clase de mujer ¡fuese o no elegante! Había recorrido las calles como un perro, muerto de deseo; pero nunca había podido hallar nada y, si por un segundo ocurría el milagro, mi timidez me impedía abordar a la mujer que me habría gustado conocer. A veces, solo para entretenerme, cuando me hallaba en lo más hondo del desaliento, emprendía la persecución de una mujer Fea, le lanzaba mis miradas más apasionadas, no le quitaba la vista ni un instante, la seguía en la calle, subía al mismo tranvía y me sentaba a su lado, e intentaba, con suavidad y cortesía oprimir su rodilla. Entonces ella se levantaba con aire ofendido y cambiaba de sitio”

Gala actuó como su  intermediaria con el mundo real y fue acusada de materialista pero la realidad es que ella era el contrapeso que él necesitaba para tener los pies en la tierra.

Se dice que ella lo cuidaba, mimaba y apoyaba al tiempo que lo controlaba y dominaba. Buñuel, en su libro de memorias “Mi último suspiro”, nos habla de la siguiente manera de Dalí y su musa: “Lo que se ignora es que se trata del individuo menos práctico del mundo (…) En realidad, hasta su encuentro con Gala no tenía ningún sentido del dinero. Por ejemplo, Jeanne, mi mujer, tenía que ocuparse de sacarle el billete del tren (…) En París, su tía tenía que cogerle del brazo para hacerle cruzar el boulevard. Cuando pagaba, olvidaba pedir las vueltas, y así todo. Bajo la influencia de Gala, que le hipnotizó, pasó de un extremo al otro, e hizo del dinero el dios que dominaría la segunda parte de su vida”.

La primera declaración pública de sus sentimientos eróticos y amorosos hacia Gala la hizo después de ese verano que pasaron juntos con “El gran masturbador” (1929), un complejo cuadro en el que vemos todas las obsesiones del genio. Se puede observar un autorretrato de Dalí, mezcla de cabeza humana y de las rocas de la Costa Brava. El saltamontes, un animal que de niño le causaba terror, está pegado a su boca en estado de descomposición, lo que atrae a numerosas hormigas que simbolizan la muerte. El anzuelo que cuelga de su cráneo representa las ataduras familiares, un padre que quiere retenerlo a su lado y que esperba para él una vida tradicional. El león con su lengua rosada es símbolo del deseo sexual. El tema de la masturbación aparece en la mujer que emerge de su retrato y cuyo rostro está muy cerca de unos genitales masculinos. El lirio que sigue la línea del cuello de la mujer es un símbolo de pureza, así Dalí nos define la masturbación como la relación sexual más pura. Debajo de la cabeza podemos ver una figura aislada que representa la soledad y una pareja abrazada, Dalí y Gala. Ella se está transformando en roca y Dalí emplea esta imagen para evocar el recuerdo de los paseos que durante el verano habían dado por la playa.

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Dalí estaba convencido de que el amor era algo tan profundo y dramático como la misma muerte, y le parecía que el amor y la muerte estaban indisolublemente ligados.

La vida juntos

La familia de Dalí se puso furiosa por la relación. Su relación con una mujer casada y once años mayor que él, así  como su permanencia en el grupo surrealista, llevó a Dalí a un duro enfrentamiento con su padre que culminó el 28 de diciembre de 1929. El padre decía que era insoportable que su hijo saliera con una rusa drogadicta y casada, y consideraba que el dinero que Dalí estaba percibiendo era por vender drogas, pues no podía creer que las pinturas de su hijo estuvieran cotizándose tanto; así que se negó a recibirla más en su casa. Gala se olvido se su marido y se consagró por entero a Dalí, convirtiéndose en la única persona que podía prácticamente adivinar todos sus pensamientos.

Dalí y Gala se casaron por primera vez en una ceremonia civil 1934, y lo volvieron a hacer por el rito católico en 1958.

Durante los años 30, la fama de Dalí creció considerablemente y la pareja viajó de un lugar a otro para presentar las exposiciones del genio. Pero, al estallar la Segunda Guerra Mundial, se refugiaron en Estados Unidos y vivieron en Nueva York durante ocho años. En 1948 volvieron a España, Dalí ya era un pintor de fama mundial y su padre por fin aceptó su relación con Gala. Desde entonces, el matrimonio pasaba las primaveras y veranos en Port Lligat y el resto del año en París o Nueva York.

La vida sexual de Dalí fue prácticamente inexistente; por el contrario Gala tuvo numerosas relaciones extramatrimoniales a las que el genio nunca se opuso. Intensamente enamorado de su musa, escribió de ella: “Gala me ha dado, en el verdadero sentido de la palabra, la estructura que faltaba en mi vida. Yo no existía más que en un saco lleno de agujeros, blando y borroso, siempre en busca de una muleta. Ciñéndome a Gala he encontrado una columna vertebral y, haciendo el amor con ella, he rellenado mi piel. Hasta este momento mi esperma se perdía por la masturbación como arrojado a la nada, con Gala lo he recuperado y me ha vivificado. Primero creí que ella iba a devorarme; pero por el contrario, me ha enseñado a comer lo real. Firmando mis cuadros como Gala-Dalí, no hago más que dar nombre a una verdad existencial, porque no existiría sin mi gemela Gala”.

Las numerosas pinturas que hizo de Gala muestran su profundo amor por ella y, algunas, son las representaciones más afectivas y sensuales que tenemos en el Arte Occidental de una mujer de mediana edad, como podemos ver en “Galarina” (1945).

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La culminación de la adoración que sentía por Gala se puede observar  en la “Madonna de Port Ligat” (1950), donde pintó a su amada como la Virgen María.

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La pareja jamás siempre mostraba su amor en público y les encantaba darse besos frente a las cámaras.

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En 1968 el pintor compró para su musa un castillo en el pequeño pueblo de Pubol, al que sólo podía acceder con el consentimiento previo y por escrito de su esposa. Tras su muerte en 1982 Gala fue embalsamada y enterrada en una cripta bajo dicho castillo.

A la muerte de su musa Dalí perdió el entusiasmo por vivir. Tras un intento fallido de suicidio, se trasladó al castillo de Pubol donde su amada estaba enterrada. Al poco tiempo, se declaró un incendio de causas desconocidas en el dormitorio de Dalí, lo que se interpretó como una nueva tentativa de quitarse la vida. De todas formas Dalí fue rescatado y trasladado a su domicilio en Figueras, donde murió a causa de una parada cardiorrespiratoria en 1989.

Fuente: Galeón.com, AritmodeBoogie