Mirar atrás no siempre es una opción viable. Para miles de personas, volver la vista al pasado equivale a revivir el miedo, la violencia, la persecución política o la profunda escasez que las obligó a empacar su vida en una maleta y abandonar su hogar. Cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha que nos invita a reflexionar sobre la resiliencia y la valentía de quienes lo han dejado todo para salvar su vida y la de sus seres queridos.
En Ecuador, este panorama tiene una marcada huella femenina. De acuerdo con los datos oficiales de atención del Patronato Municipal San José en el Distrito Metropolitano de Quito, entre el año 2025 y lo que va de mayo de 2026, un total de 611 personas en situación de protección internacional han recibido asistencia directa.
De esta cifra global, la balanza se inclina con fuerza hacia ellas: 331 son mujeres (257 atendidas en 2025 y 74 en los primeros cinco meses de 2026), frente a 280 hombres. Estas estadísticas reflejan que las mujeres y las madres gestantes representan el principal motor del éxodo, pero también quienes lideran la búsqueda de un futuro más seguro en la capital ecuatoriana.

La Casa del Hermano: Un oasis de intimidad y cuidado integral
Frente a esta realidad, el Municipio de Quito ha consolidado un espacio pionero en asistencia humanitaria: la Casa del Hermano. Este centro, que funciona desde marzo de 2022 y que ha sido fortalecido bajo la actual administración municipal, se erige como el primer servicio de acogida temporal especializado para familias en situación de movilidad humana dentro de la ciudad.
Con una capacidad para albergar a 50 personas simultáneamente, el establecimiento cuenta con 15 habitaciones familiares y opera de forma ininterrumpida las 24 horas del día, los 365 días del año. A diferencia de los albergues comunales tradicionales donde el hacinamiento borra la privacidad, la Casa del Hermano ofrece un modelo digno: cada núcleo familiar posee su propio espacio privado, acceso a servicios básicos completos (como agua caliente y fría) y una alimentación balanceada que cubre las tres comidas diarias.
Pero el apoyo va mucho más allá de un techo y comida. El equipo multidisciplinario del Patronato brinda acompañamiento psicológico para sanar los traumas del viaje, asesoría legal dirigida por abogados especializados para tramitar el estatus de refugio, y el soporte constante de trabajadores y promotores sociales que guían a las familias en su inserción a la comunidad.
“No elegí dejar mi hogar”: El motor de una madre venezolana
Detrás de cada estadística hay una historia de supervivencia. Es el caso de una joven madre venezolana de 30 años, originaria del estado de Yaracuy, quien se vio obligada a huir de su país debido a una cruda persecución política y a la falta absoluta de insumos médicos.
“Yo no elegí dejar mi hogar”, relata conmovida al recordar el momento de su partida. Emigró junto a su esposo portando dos grandes tesoros: su hija mayor tomada de la mano y una nueva vida creciendo en su vientre. “Mi motivo de emigrar fue la vida de mi hija, que estaba en peligro en ese momento. No tenía las cosas para su tratamiento, e incluso no tenía ni un pañal para cuando la bebé fuera a nacer, ni una vestimenta, nada. Uno como madre piensa primero en sus hijos; mi prioridad siempre han sido ellos”.
Al llegar a Quito, tras un viaje lleno de incertidumbre, esta familia encontró en la Casa del Hermano el refugio y el orden necesarios para volver a respirar. “Agradezco al Municipio por su labor. Aquí tenemos todo: alimentación, una cama, psicología y la parte legal. Como en todo lugar, hay reglas y parámetros que cumplir para convivir en armonía como una gran familia”, añade la beneficiaria, cuyo testimonio coincide con el de cientos de personas que intentan sanar las heridas de la migración forzada.
Quito protege y lidera el acceso a derechos en la región
El esfuerzo de la capital se enmarca en un contexto nacional crucial. Ecuador es históricamente una de las naciones de América Latina y el Caribe con el mayor número de personas reconocidas como refugiadas por el Estado, alcanzando una cifra histórica de 81.351 personas, amparadas bajo el derecho constitucional de asilo y refugio. En este 2026, la población que más solicita este amparo proviene de Venezuela (70,42%), seguida por Colombia (24,36%) y un 5,22% restante que abarca a ciudadanos de Cuba, Perú y otras nacionalidades.
Historias como la de esta madre o la de Juan, un padre venezolano de 46 años que también llegó a la Casa del Hermano huyendo con su hijo menor tras ser amenazado por grupos delictivos en la costa, demuestran que el acompañamiento institucional salva vidas.
Nadie debería tener que reconstruir su existencia desde cero en un país extraño. Sin embargo, cuando la violencia o la crisis obligan a huir, la empatía ciudadana, las políticas de protección integral y las oportunidades reales son el único puente seguro hacia la dignidad y los sueños. Bajo el lema “¡Quito actúa!”, la ciudad reafirma su compromiso de ser un territorio de paz, refugio y segundas oportunidades para las mujeres y las familias del continente.
