La aventura mundialista comenzó mucho antes del pitazo inicial, demostrando que la organización en este lado del mundo no deja absolutamente nada al azar. Con días de anticipación, un despliegue de correos electrónicos oficiales nos detallaba con precisión milimétrica el protocolo para el retiro de las acreditaciones, tanto para los periodistas de texto como para los fotógrafos.
Ese nivel de estructura te hace sentir el prestigio de la profesión desde el primer instante; no hay filas caóticas ni confusiones de última hora, solo un sistema impecable diseñado para que los comunicadores nos concentremos en lo que mejor sabemos hacer: contar historias con alma humana.
Al cruzar el filtro de seguridad exclusivo y subir en ascensores específicos en un edificio exclusivo destinado solo para la prensa, la palabra “trabajo” adquirió un matiz completamente VIP. El pasillo, elegantemente alfombrado, te alejaba del bullicio exterior para introducirte en un santuario de alta concentración con baños privados y un servicio de hospitalidad de primer nivel. Estar allí arriba, con aire acondicionado impecable antes de salir a la zona abierta del palco, te da la pauta de que la prensa aquí es tratada con el estatus de un invitado de honor de la FIFA.
Cuando finalmente di un paso hacia los asientos del palco, la vista me cortó la respiración. Estábamos ubicados en una zona con una vista sumamente privilegiada del Scotts Miracle-Gro Field, una panorámica perfecta para observarlo absolutamente todo: desde el dibujo táctico y los movimientos calientes de los jugadores en la cancha, hasta la marea tricolor que encendía la fiesta en los graderíos. Era el equilibrio perfecto entre la frialdad del análisis periodístico y la vibración desbordante de la hinchada ecuatoriana que no paró de alentar en todo el encuentro.
Pero si hay algo que mantiene encendida la chispa de la redacción en las largas jornadas, es el servicio de alimentación e hidratación. En el Scotts Miracle-Gro Field, la zona de bebidas se convirtió en mi lugar favorito; un espacio diseñado para hacer refill de café, sodas y agua las veces que fueran necesarias para combatir la adrenalina del partido. Además, la organización nos mimó con estaciones repletas de alimentos y fruta fresca y el infaltable canguil —o popcorn, como le dicen acá—, el snack perfecto para calmar los nervios mientras la Tri buscaba romper las líneas de Guatemala.
El partido fluyó con la intensidad propia de la preparación mundialista, y tras el silbatazo final, la cobertura se trasladó hacia el corazón del estadio. Pasamos a la sala de rueda de prensa, un auditorio especial que mantenía las mismas condiciones de lujo, aislamiento acústico y comodidad VIP. Escuchar los análisis técnicos de los directores de ambas escuadras en un entorno tan profesional te permite procesar la información con la seriedad y el rigor ético que exige nuestro canon editorial.
Sin embargo, el verdadero clímax de la noche nos esperaba a pocos metros del césped, en la codiciada zona mixta. Ubicada estratégicamente muy cerca de la cancha, este pasillo se convirtió en el escenario del cara a cara más vibrante con los protagonistas de la jornada.
Sentir el olor a césped cortado y ver el sudor del esfuerzo fresco en los rostros de los jugadores añade una dosis de realidad y alma humana que ninguna transmisión de televisión puede replicar.
Fue en ese espacio magnético donde logramos abordar y entrevistar a varios de los seleccionados ecuatorianos. Verlos sonreír tras el esfuerzo físico, escuchar sus declaraciones con el eco de los hinchas aún resonando en las afueras y captar su compromiso de cara al torneo más importante del planeta fue simplemente genial.
En esos segundos de grabadora abierta, confirmas que el fútbol no son solo números en un marcador, sino un cúmulo de emociones que unen a todo un país.
Esta experiencia en el Scotts Miracle-Gro Field de Columbus me dejó claro que cubrir un evento de esta magnitud bajo el guion norteamericano es una delicia visual y profesional.
Esto da cuenta de que los periodistas ecuatorianos estamos viviendo nuestra propia victoria en los palcos de élite de este Mundial. ¡Nos vemos en el próximo partido!
