En Quito, la realidad de miles de animales de compañía sigue marcada por el abandono, la negligencia y el maltrato. Aunque cada vez más ciudadanos alzan la voz y denuncian estos casos, las cifras revelan que el problema no solo persiste, sino que crece de manera sostenida en los últimos años.
En los últimos años, según la Unidad de Bienestar Animal (UBA), las inspecciones por maltrato animal han mostrado variaciones importantes. En 2023 se registraron 230 inspecciones, en 2024 fueron 211, mientras que en 2025 la cifra ascendió a 308, evidenciando un incremento significativo. De hecho, solo en enero de 2026 ya se contabilizaban 15 casos atendidos.

A esto se suma el aumento en los reportes de abandono. En 2022 se registraron 283 animales abandonados o rescatados; en 2023, 366; en 2024, 480; y en 2025 la cifra alcanzó los 585 casos, siendo el año más crítico del periodo analizado.
Dentro de estas cifras, los perros encabezan la lista de especies más afectadas, seguidos por los gatos, lo que refleja una problemática estructural en la tenencia responsable de animales de compañía.

Zonas en alerta: los sectores más afectados
El maltrato y abandono no se distribuyen de manera uniforme en la ciudad. Existen zonas donde la problemática se concentra con mayor fuerza. Sectores como Calderón (18%), Quitumbe (16%), La Mariscal y Manuela Sáenz (14%), y Tumbaco (14%) encabezan la lista de lugares con mayor número de casos reportados y atendidos.
Estos datos no solo evidencian una geografía del abandono, sino también la necesidad urgente de intervenciones focalizadas, especialmente en zonas con alta densidad poblacional o condiciones socioeconómicas vulnerables.
Entre las causas más comunes se encuentran la falta de educación sobre tenencia responsable, dificultades económicas, cambios de domicilio y la incapacidad de asumir el cuidado de una mascota.

Cuando el descuido se convierte en delito
No todos los casos son iguales. Las autoridades de la UBA diferencian entre “mala tenencia” y “maltrato animal”.
La mala tenencia incluye situaciones como no vacunar a los animales, no brindar atención veterinaria o permitir que deambulen sin cuidado o supervisión. Aunque no siempre implica intención de daño, sí representa un incumplimiento de responsabilidades básicas.
En cambio, el maltrato animal implica acciones más graves como golpes, encadenamiento permanente, hacinamiento, abandono en condiciones de riesgo o cualquier acto que cause sufrimiento físico o emocional.
Estas infracciones pueden ser catalogadas como graves o muy graves, y conllevan sanciones económicas importantes.

Sanciones que buscan generar conciencia
El endurecimiento de las sanciones es una de las principales herramientas para combatir esta problemática.
Durante 2025, se registraron 27 infracciones muy graves, 123 infracciones graves y 206 infracciones leves. En total, estas sanciones representaron más de 213 mil dólares en multas.
Las infracciones muy graves, por ejemplo, pueden ser sancionadas con hasta diez salarios básicos unificados, lo que refleja la intención de las autoridades de disuadir conductas violentas hacia los animales.
Según la UBA, el incremento en las sanciones también responde a una mayor cultura de denuncia ciudadana, que ha permitido visibilizar casos que antes pasaban desapercibidos.
Del rescate a una segunda oportunidad
Detrás de cada cifra hay una historia. Muchos de los animales rescatados llegan en condiciones críticas: desnutridos, enfermos o con secuelas físicas y emocionales.
Sin embargo, el proceso no termina en el rescate. La Unidad de Bienestar Animal (UBA) ha desarrollado un programa integral que incluye evaluación médica, rehabilitación conductual y preparación para la adopción.
Uno de los pasos clave es la valoración etológica, que permite determinar si el animal puede adaptarse a un nuevo hogar. A partir de este diagnóstico, se aplican terapias, paseos y, en algunos casos, tratamientos especializados. El objetivo es devolver la confianza y mejorar las habilidades sociales de los animales para aumentar sus posibilidades de adopción.

Los resultados son alentadores ya que, en 2025, 621 animales encontraron un nuevo hogar, de los cuales 489 fueron perros y 132 gatos. Además, se organizaron alrededor de 70 ferias de adopción en distintos puntos de la ciudad, convirtiéndose en espacios clave para conectar a las familias con sus futuros compañeros de vida.
Educar para transformar: la clave del cambio
Si hay una herramienta capaz de cambiar esta realidad a largo plazo, es la educación. En la actual administración, más de 185.000 personas en 729 barrios participaron en procesos de sensibilización sobre bienestar animal.
Estas iniciativas incluyen charlas, talleres, ferias y actividades lúdicas dirigidas a niños, jóvenes y adultos. Los temas abordados van desde la normativa vigente hasta conceptos como “Una Salud” y los cinco dominios del bienestar animal (Nutrición, Entorno, Salud, Comportamiento y Estado Mental).
En escuelas, por ejemplo, los niños aprenden a través de juegos, dibujos y dinámicas que fomentan la empatía hacia los animales. La idea es sembrar una cultura de respeto desde edades tempranas.
Aunque el cambio cultural es lento, los resultados empiezan a notarse. En los barrios intervenidos se ha observado un aumento en la conciencia ciudadana y una mejora en las prácticas de cuidado animal.
Un reto colectivo que aún continúa
El maltrato y abandono animal en Quito no es solo un problema institucional, sino social. Las cifras muestran avances en control, sanción y rescate, pero también evidencian que aún queda mucho por hacer. La responsabilidad no recae únicamente en las autoridades, sino en cada ciudadano que decide adoptar, cuidar y respetar a un animal.
