En Ecuador, cuando hablamos de “ir a trabajar”, solemos imaginar oficinas, fábricas o comercios. Sin embargo, para miles de mujeres, el lugar de trabajo es el hogar de alguien más.
Este sector, el de las trabajadoras remuneradas del hogar, es uno de los pilares que permite que el resto de la economía funcione: si ellas no estuvieran, miles de otros profesionales no podrían salir a sus puestos de trabajo. Pero, ¿en qué condiciones lo hacen?
Este 30 de marzo se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, una fecha que nos obliga a mirar de frente una realidad incómoda. Según datos recientes del proyecto “Más derechos, mejores cuidados” de Plan International, la brecha de conocimiento sobre los derechos laborales es un abismo que deja a estas trabajadoras en una posición de extrema vulnerabilidad.
El despertar de la conciencia laboral
A pesar de que el trabajo doméstico remunerado es una ocupación formal ante la ley ecuatoriana, el estudio de Plan International revela que solo el 22,35% de las trabajadoras remuneradas del hogar conocen sus derechos laborales.
Esta cifra es una señal de alerta: casi el 80% de este sector desconoce aspectos fundamentales como el acceso a la seguridad social, el pago de horas extras o los fondos de reserva.
Esta falta de información no es casual. Históricamente, este trabajo ha sido relegado a la esfera de lo “privado” y lo “doméstico”, donde las leyes laborales parecían no entrar.
Catalina Vaca, Representante de País de Plan International Ecuador, señala que avanzar hacia una sociedad justa implica que esta labor sea reconocida y valorada como un componente esencial para el desarrollo del país.
Ecuador: Del “servicio” al derecho con salario básico
Para entender por qué hoy hablamos de derechos, hay que recordar de dónde venimos. En Ecuador, la lucha por un salario digno para este sector tuvo un punto de inflexión hace más de una década.
Antes de las reformas integrales de 2010, muchas trabajadoras recibían salarios que estaban por debajo de la mitad del salario mínimo legal, bajo la excusa de que recibían “alimentación y vivienda”.
Hitos históricos en el país
- 2010: El fin del “puertas adentro” abusivo. Se prohibió que la modalidad de vivienda fuera una excusa para no pagar el Salario Básico Unificado (SBU). Se estableció que la jornada es de ocho horas y que cualquier tiempo adicional debe ser remunerado.
- Afiliación obligatoria: Se implementaron controles más estrictos para que el empleador afilie a la trabajadora al IESS desde el primer día, eliminando el “periodo de prueba” sin protección social.
- Convenio 189 de la OIT: Ecuador fue uno de los países que ratificó este convenio internacional, comprometiéndose a equiparar los derechos de las trabajadoras del hogar con los de cualquier otro trabajador industrial o administrativo.
Sin embargo, aunque la ley dice que deben ganar al menos el SBU (que para 2026 sigue siendo la base de subsistencia), la realidad en las calles y hogares es distinta. La informalidad sigue siendo el refugio de muchos empleadores que evaden sus responsabilidades, aprovechando la necesidad económica de las trabajadoras.
¿Qué falta por hacer en Ecuador?
El camino recorrido es valioso, pero la meta está lejos. Actualmente, el gran desafío es la inspección y el cumplimiento. Al ser el lugar de trabajo un domicilio privado, el Ministerio del Trabajo enfrenta límites legales para realizar inspecciones de oficio. Esto deja la carga de la denuncia en la trabajadora, quien muchas veces calla por miedo a perder su única fuente de ingresos.
Además, el estudio de Plan International menciona que solo el 35,59% de las trabajadoras del sector (incluyendo otras áreas de cuidado) conocen sus derechos. Esto nos dice que falta una campaña masiva de alfabetización jurídica. Las trabajadoras no solo necesitan saber que tienen derechos, sino cómo exigirlos sin ser victimizadas.
El panorama en Latinoamérica: Datos y contrastes
América Latina es, lamentablemente, una región donde el trabajo doméstico remunerado sigue asociado a la herencia colonial y a la desigualdad de clase.
- Brasil: Es el país con el mayor número de trabajadoras del hogar en el mundo (alrededor de 6 millones). En 2013, aprobaron la “PEC de las Domésticas”, que les otorgó por primera vez derecho al fondo de garantía por tiempo de servicio y seguro de desempleo.
- Uruguay: Es considerado el líder regional en esta materia. Fue el primer país en ratificar el Convenio 189 y tiene consejos de salarios donde las trabajadoras negocian directamente con asociaciones de empleadores.
- Chile: Ha avanzado en leyes que limitan estrictamente las horas de trabajo, prohibiendo que se obligue al uso de uniformes en espacios públicos, una medida que busca eliminar el estigma y la discriminación visual.
Según la OIT, en América Latina, el 70% de las trabajadoras del hogar se encuentran en la informalidad. Esto significa que millones de mujeres llegarán a la vejez sin una jubilación, a pesar de haber cuidado las familias de otros durante toda su vida.
La corresponsabilidad y el cambio de chip
Un dato curioso y a la vez preocupante que aporta la campaña de Plan International es que solo el 29,73% de los hombres tiene actitudes positivas hacia la igualdad. ¿Por qué esto importa en el trabajo remunerado? Porque mientras el hombre no asuma su parte del cuidado en su propio hogar, la demanda de trabajo doméstico remunerado seguirá siendo vista como una “solución para la mujer de la casa” y no como una necesidad del núcleo familiar completo.
La campaña “El cuidado sostiene la vida” invita a las familias a ver este contrato laboral como un equipo. No es una “ayuda”, es una prestación de servicios profesionales que merece respeto, puntualidad en los pagos y un trato digno.
La importancia de la comunidad y la tecnología
Hoy en día, las redes sociales están jugando un papel crucial. Plan International está fortaleciendo redes de apoyo y comunidades digitales para el empoderamiento de estas mujeres.
A través de WhatsApp y grupos de Facebook, las trabajadoras están compartiendo información sobre cómo calcular su liquidación o qué hacer en caso de accidentes laborales. La información ya no está solo en manos de los empleadores.
En conclusión, este 30 de marzo no solo celebramos a las trabajadoras; denunciamos que la invisibilidad sigue siendo su mayor enemigo. El hecho de que solo el 22,35% conozca sus derechos es una tarea pendiente para el Estado, la academia y la sociedad civil.
Es momento de que el trabajo que sostiene la vida salga de la sombra y ocupe el lugar que le corresponde en la estructura legal y económica del Ecuador.
