Ecuador se enfrenta a un espejo incómodo. El informe global “El Estado Mundial de las Niñas 2025: Déjame ser una niña, no una esposa”, presentado por Plan International, revela que los matrimonios y uniones infantiles, tempranas y forzadas (MUITF) no son anécdotas del pasado, sino una violación de derechos humanos que persiste y se normaliza en nuestras comunidades.
A pesar de que la ley prohíbe el matrimonio infantil, las cifras y los testimonios de las protagonistas cuentan una historia distinta: una donde los sueños se detienen para dar paso a responsabilidades adultas antes de tiempo.
El peso de las cifras: Un panorama que estremece
Para entender la magnitud del problema, hay que mirar los datos. En Ecuador, el 22% de las mujeres entre 20 y 24 años ya estaban casadas o en una unión antes de cumplir la mayoría de edad. Más alarmante aún es que el 4% de ellas inició esta etapa antes de los 15 años.
Si bien existe una prohibición legal, el país tiene un puntaje de 25 (bajo) en el Índice de Instituciones Sociales y Género (SIGI) respecto a MUITF. Esto significa que, aunque los papeles digan una cosa, las normas sociales e informales permiten que estas uniones sigan ocurriendo a plena vista de todos. No es solo un tema de “parejas”, es un ecosistema de pobreza, falta de educación sexual y control sobre el cuerpo de las niñas lo que sostiene esta práctica.
Manabí y las zonas rurales: El epicentro de la urgencia
La geografía de la desigualdad es clara. El estudio destaca que en la provincia de Manabí, el 36,7% de las madres entre 10 y 17 años se encuentran en situación de unión o matrimonio. Además, casi una cuarta parte de todas las madres menores de 18 años en el país viven en uniones tempranas.
Las niñas indígenas enfrentan una vulnerabilidad doble. Para ellas, el riesgo de caer en una unión forzada aumenta debido a la discriminación estructural y la dificultad extrema para acceder a servicios de salud o justicia que hablen su idioma y respeten su cosmovisión.
¿Por qué sucede? Las causas invisibles
El informe de Plan International, basado en conversaciones con 251 niñas y jóvenes de 15 países, incluyendo Ecuador, identifica detonantes claros:
- Embarazos no planificados: Es la causa principal por la que las niñas entran en uniones. Ante la falta de opciones o el miedo al estigma, la unión con la pareja parece la “única salida”.
- Pobreza extrema: En muchos hogares, la unión de una hija se ve erróneamente como una boca menos que alimentar o una forma de “protección” económica, aunque la realidad demuestre que esto solo perpetúa el ciclo de miseria.
- Normas de género tradicionales: Todavía impera la idea de que el destino natural de una niña es el cuidado del hogar y la maternidad. Esto les arrebata la oportunidad de imaginar un futuro distinto.
- Control de la sexualidad: La presión social por “cuidar la honra” o controlar el comportamiento de las adolescentes empuja a las familias a validar uniones precoces.
La vida dentro de la unión: Autonomía limitada
Una vez que la niña se convierte en “esposa” o conviviente, su mundo se reduce. El estudio halló que, aunque algunas decisiones del hogar pueden parecer compartidas, las niñas tienen un acceso casi nulo al dinero y una autonomía financiera inexistente.
Muchas terminan viviendo con sus parejas y las familias políticas, lo que añade una capa extra de supervisión y presión social. La responsabilidad del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos recae exclusivamente sobre sus hombros, lo que las obliga, en la mayoría de los casos, a abandonar la escuela.
El grito por la educación y los sueños
A pesar de las barreras estructurales, hay un hilo de esperanza: el deseo de superación. Todas las participantes del estudio en Ecuador expresaron su anhelo de estudiar y trabajar. No solo quieren un mejor futuro para ellas, sino que su principal motivación es ofrecer mejores oportunidades a sus hijos, rompiendo la cadena de limitaciones que ellas vivieron.
La educación se presenta como el “antídoto” principal. Sin embargo, las adolescentes enfrentan la falta de apoyo familiar y normas sociales que las señalan si intentan regresar a las aulas siendo madres.
Soluciones que funcionan: El caso de “Zona Libre de Embarazo Adolescente”
Plan International no solo presenta el diagnóstico, sino también una ruta de acción. Su metodología Zona Libre de Embarazo Adolescente (ZLEA) ha demostrado que el cambio es posible. Entre 2014 y 2018, este programa logró reducir el embarazo precoz en un 73% en niñas menores de 15 años y en un 57% en adolescentes de 15 a 17 años en sus zonas de intervención.
Incluso en comunidades indígenas, donde las barreras son más altas, la reducción alcanzó el 50%. ¿El secreto? No solo trabajar con las niñas, sino involucrar a padres, líderes comunitarios y al Ministerio de Salud para transformar las normas desde la raíz.
Llamado a la acción: Propuestas desde las protagonistas
Las jóvenes activistas en Ecuador no piden caridad, exigen derechos. Sus recomendaciones para el Gobierno y las organizaciones son concretas:
- Salud accesible: Garantizar servicios de salud sexual y reproductiva que sean gratuitos, confidenciales y sin juicios.
- Políticas laborales: Crear espacios con guarderías y horarios flexibles para que las madres jóvenes puedan trabajar y estudiar simultáneamente.
- Alfabetización jurídica: Que las niñas conozcan las leyes que las protegen para que puedan defender sus derechos.
- Concienciación comunitaria: Involucrar a los hombres y líderes de las comunidades en el cambio de mentalidad.
El informe “El Estado Mundial de las Niñas 2025” es una invitación a dejar de mirar hacia otro lado. Cada unión temprana es un sueño truncado y un potencial perdido para el país. Como sociedad, el reto es asegurar que el único compromiso de una niña sea con su educación y su felicidad, no con un matrimonio que no eligió o para el que no estaba lista. Porque, como dice la consigna de Plan International: “No nos detendremos hasta lograr la igualdad”.
