Ecuador

Cifras que revelan brechas: El panorama de las desigualdades de género en el empleo pleno de Ecuador

El empleo pleno en Ecuador a inicios de 2026 alcanzó 36,6%, pero las cifras muestran que las mujeres tienen menos acceso a trabajos estables y mejores ingresos, acentuando desigualdades persistentes en el mercado laboral.

Cifras que revelan brechas
Cifras que revelan brechas

Cuando hablamos de empleo pleno, nos referimos a aquellas personas que tienen un trabajo con ingresos iguales o superiores al salario mínimo y una jornada completa, o que no desean trabajar más horas porque su trabajo ya cubre sus necesidades básicas.

Según la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) correspondiente a enero de 2026, el empleo pleno en Ecuador fue del 36,6 % de la población económicamente activa. Es decir, casi 4 de cada 10 personas tienen condiciones laborales relativamente estables y dignas.

Cifras que revelan brechas
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Aunque suena alentador que esta cifra se mantenga, la historia cambia cuando miramos quiénes acceden a estos trabajos. Si bien el empleo pleno refleja una mejora o estabilidad en el mercado laboral, también nos muestra que muchas personas siguen en trabajos precarios, mal pagados o informales, y las mujeres son las que enfrentan mayores obstáculos para llegar a un empleo con beneficios reales.

¿Cómo va el empleo pleno en Ecuador?

A inicios de este año, la encuesta mostró que la tasa de empleo adecuado o pleno fue 36,6 % del total de personas con empleo. La tasa de desempleo fue de 3,4 %, similar a años pasados. Esto significa que una parte importante de la población todavía no tiene un trabajo con ingresos completos y estabilidad.


Muchas personas trabajan en condiciones de subempleo (trabajando menos horas de las deseadas o ganando menos de lo necesario) o en empleos que no ofrecen beneficios sociales, como seguro médico, pensión o contratos formales.

Este contexto es importante porque, aunque los números parecen positivos desde una mirada superficial, la realidad detrás de las cifras laborales puede ser más duras para las personas que no acceden a empleo pleno.

La brecha de género en el empleo: mujeres y hombres

Los datos desagregados por sexo del boletín técnico de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) evidencian una brecha profunda en el mercado laboral ecuatoriano. En desempleo, las mujeres registran una tasa de 4,7 %, mientras que la de los hombres es de 2,5 %. La diferencia de 2,2 puntos porcentuales es estadísticamente significativa, lo que confirma que no se trata de una variación aleatoria, sino de una desigualdad estructural.

Cifras que revelan brechas
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La distancia también se refleja en el acceso al trabajo. La tasa de empleo bruto en enero de 2026 fue de 46,6 % para mujeres, frente a 74,6 % para hombres. Es decir, que los hombres participan mucho más en el mercado laboral.

Cuando se analiza el empleo adecuado o pleno, la brecha continúa con el 40,8 % en hombres frente a 30,4 % en mujeres. Además, las mujeres presentan una tasa de empleo no remunerado aproximadamente 3,5 veces mayor que la de los hombres.

En resumen, cuando el empleo es escaso o precario, ellas enfrentan mayores niveles de desempleo, menor acceso a empleo pleno y más trabajo sin remuneración, profundizando la desigualdad económica.

¿Por qué ocurre esta desigualdad?

La brecha de género en el mercado laboral no surge por casualidad. Tiene raíces culturales, sociales y estructurales:

  1. Roles y responsabilidades familiares: En muchas familias, las mujeres asumen más cuidado de niñas, niños o personas mayores, lo que limita su tiempo y disponibilidad para trabajos formales o jornadas completas.
  2. Sectores con menor remuneración: Las mujeres tienden a concentrarse en sectores como comercio informal, servicios domésticos o empleos con menos beneficios sociales.
  3. Barreras para avanzar profesionalmente: Aunque muchas mujeres tienen educación superior, aún enfrentan dificultades para acceder a puestos de liderazgo o trabajos mejor pagados.
Cifras que revelan brechas
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Seguro social y repercusiones a largo plazo

Un empleo pleno no solo significa suficientes ingresos. También conlleva beneficios a largo plazo, como:

  • Acceso a seguro social: Cobertura médica, pensión, beneficios por maternidad o enfermedad.
  • Protección legal: Contratos formales que aseguran derechos laborales.
  • Ahorro para el futuro: Contribuciones al sistema de jubilación y estabilidad financiera.

Cuando más personas, especialmente mujeres, no acceden a empleo pleno, se enfrentan a una vida laboral más precaria sin redes de protección. Esto puede afectar su salud, su capacidad de ahorrar para la vejez y su calidad de vida general.

Por ejemplo, si una mujer trabaja en empleo informal o con ingresos bajos, podría no estar afiliada a la seguridad social, lo cual limita su acceso a atención médica o beneficios por maternidad o enfermedad. Esta situación no solo impacta a la persona en el presente, sino también su futuro y el de sus familias.

Cifras que revelan brechas
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Mirando hacia adelante: un llamado a la acción

Las cifras muestran que el empleo pleno en Ecuador ciertamente no es un sueño imposible porque casi 4 de cada 10 personas ya lo tienen. Sin embargo, el desempleo en general y la desigualdad de género sigue siendo una realidad que debemos enfrentar con políticas públicas, educación y oportunidades laborales más amplias para todas las personas.

Porque cuando un país avanza hacia condiciones de trabajo dignas para todos, la economía crece y las familias, así como comunidades enteras, se fortalecen. Y lo más importante es que el empleo no solo da ingresos, sino dignidad, bienestar y esperanza para construir futuros más justos e inclusivos.

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