La ciudad de Cuenca volvió a poner en alto el nombre del país al lograr un Récord Guinness con el mote pata más grande del mundo, una hazaña culinaria que combinó tradición, identidad y trabajo comunitario. Más allá del tamaño de la olla y de los litros de preparación, el reconocimiento internacional se convirtió en una celebración de la cultura gastronómica del Azuay y de una receta que, generación tras generación, ha marcado el calendario festivo del Carnaval.
Un plato que cuenta historias
El mote pata no es solo una sopa espesa. Es memoria viva. Es el sabor de la familia reunida, de las cocinas humeantes en febrero y de la herencia mestiza que caracteriza a la región austral del Ecuador. Su nombre proviene de sus ingredientes principales: el mote —maíz blanco cocido— y la “pata”, en alusión a la carne de cerdo que tradicionalmente se utilizaba en la preparación.
Con el tiempo, la receta evolucionó, incorporando costilla o pierna de cerdo, longaniza, maní molido y especias que aportan profundidad al sabor. En el contexto del Carnaval cuencano, este plato ocupa un lugar protagónico junto a otros símbolos festivos. Prepararlo no es un acto aislado: es un ritual colectivo que reafirma la identidad cultural de la ciudad.
Los ingredientes que dan vida al sabor
El mote pata combina elementos andinos y europeos en una mezcla que refleja la historia del Ecuador. El maíz, base ancestral de la alimentación indígena, se fusiona con el cerdo y las especias traídas en la época colonial. El maní tostado y molido aporta la textura cremosa característica, mientras que el achiote le da ese tono dorado que abre el apetito desde el primer vistazo.
Entre los ingredientes tradicionales se encuentran:
- Mote cocido (maíz blanco)
- Carne de cerdo (costilla, pierna o cuero)
- Longaniza
- Maní tostado y molido
- Cebolla blanca y ajo
- Achiote, comino y orégano
- Sal y pimienta al gusto
- Caldo de la cocción de la carne
En algunas versiones familiares se añade un toque de leche para suavizar la textura, aunque la receta clásica mantiene su espesor gracias al maní.
Paso a paso: así se prepara el mote pata
La elaboración inicia con la cocción del cerdo en agua con sal y especias hasta que la carne esté suave. Ese caldo no se descarta: se convierte en la base de la sopa.
Luego se prepara un refrito con cebolla, ajo y achiote, al que se incorpora la longaniza en rodajas para que libere su sabor. El mote cocido se mezcla con este sofrito y, poco a poco, se añade el maní previamente disuelto en caldo para evitar grumos.
El secreto está en la textura: debe quedar espesa, consistente, casi abrazando la cuchara. Finalmente, se integra la carne en trozos y se cocina a fuego bajo hasta que todos los sabores se fundan en una sola experiencia.
Como dicen las abuelas cuencanas, el mote pata “reposa y mejora”: al día siguiente suele estar aún más sabroso.
Un récord que trasciende la cocina
El reconocimiento internacional no solo valida el tamaño de la preparación, sino también la organización comunitaria y la defensa de la gastronomía como patrimonio cultural. La cocina ecuatoriana ha ganado espacio en el escenario global en los últimos años, y este logro aporta visibilidad a recetas tradicionales que forman parte de la identidad local.
En tiempos donde la globalización homogeniza sabores, iniciativas como esta recuerdan que la autenticidad es un valor. El mote pata gigante no fue únicamente una olla monumental: fue un símbolo de orgullo, cooperación y celebración.
Cuenca demostró que la tradición puede ser noticia mundial. Y que detrás de cada cucharada hay historia, cultura y alegría compartida.