Ecuador

Betty Romo: la mujer que convirtió las normas en conciencia y llevó más de 10.000 productos ecuatorianos al mundo

Con apenas 20 años comenzó a asesorar empresas en un sector dominado por hombres. Hoy, Betty Romo lidera procesos de certificación internacional, ha acompañado a más de 50 empresas y participado en el desarrollo de 10.000 productos, demostrando que las normas también pueden tener corazón.

Betty Romo
Betty Romo Asesora en sistemas y gestión empresarial.

A los 20 años, cuando muchas personas apenas están decidiendo qué camino tomar, Betty Romo ya estaba asesorando empresas. No era una pasante, no era una asistente: era consultora en sistemas de gestión empresarial. Y no en cualquier sector, sino en uno de los más exigentes y tradicionalmente masculinizados del país: la agroindustria y la seguridad alimentaria.

“Creían que la juventud era falta de experiencia”, recuerda. Ese fue su primer gran techo de cristal. Ser mujer joven en un entorno donde hombres con 20 o 25 años haciendo lo mismo escuchaban instrucciones de alguien que podría ser su hija, no fue sencillo. Pero Betty no respondió con confrontación: respondió con conocimiento.

Hoy, dos décadas después, lidera una firma de asesoría en seguridad alimentaria, ha acompañado a más de 50 empresas nacionales e internacionales y ha participado en el desarrollo de más de 10.000 productos. Sí, diez mil. Desde leche y quesos hasta productos sin gluten y nuevas tecnologías en alimentos.

Humanizar las normas: la pregunta que cambia todo

Las normas suelen percibirse como frías, rígidas y llenas de papeles. Pero Betty encontró una forma de convertirlas en algo profundamente humano. Su estrategia no empieza con un manual, sino con una pregunta: “¿Le darían de comer lo que producen a sus hijos?”


El silencio que sigue en las capacitaciones suele ser revelador. Esa simple reflexión transforma la percepción de un procedimiento técnico en una responsabilidad vital. Porque cuando se habla de alimentos, no se habla solo de estándares internacionales: se habla de salud, de vida, de familia.

En el mundo agroalimentario —explica— no se puede “jugar ni un poquito”. No hay espacio para la improvisación. Un error en higiene, en temperatura o en procesos puede traducirse en riesgos reales para miles de personas.

Ahí está la clave de su éxito: no solo capacita, genera conciencia. Y la diferencia es enorme. “No es lo mismo enseñarte cómo lavarte las manos que hacerte entender qué pasa si no lo haces bien”.

El proceso detrás de un sello de calidad

Obtener una certificación internacional no empieza con auditorías, sino con decisión. El primer paso, según Betty, es el convencimiento de la alta gerencia. Sin el respaldo de directores y dueños, no hay recursos, no hay tiempo ni inversión que sostenga el proceso.

Luego viene la concientización del personal. Después, la implementación y la documentación. Y aquí rompe otro mito: no se trata de llenar carpetas interminables, sino de enfocarse en lo realmente importante.

En lugar de cientos de indicadores, apuesta por pocos pero “duros”. Horas de paradas no programadas, costos reales de fallas, impactos medibles. Datos que hablan el idioma de la gerencia.

Un dato curioso: muchas empresas temen más al papeleo que a los riesgos sanitarios. Pero cuando entienden cuánto dinero pierden por errores operativos, la perspectiva cambia radicalmente.

10.000 productos y un orgullo en el supermercado

Hay una escena que se repite en su vida cotidiana: Betty caminando por un supermercado y señalando productos con una sonrisa cómplice. “Ese producto lo hice yo”, dice con orgullo.

No porque lo haya fabricado directamente, sino porque asesoró su proceso, su certificación, su estructura. Es fanática de consumir lo que ayudó a construir. Para ella, el conocimiento que no se comparte no transforma.

Entre los sectores que más ha acompañado está el lácteo. Y aquí lanza una afirmación poderosa: “La leche es nuestro verdadero oro ecuatoriano”. Más valiosa, incluso, que el petróleo.

Ha visto de cerca una paradoja dolorosa: familias que ordeñan su vaca, venden la leche a una industria y con ese dinero compran gaseosa para sus hijos. Para Betty, el problema no es productivo, es educativo. Ecuador tiene tierras fértiles todo el año, frutas abundantes y recursos extraordinarios. El reto es aprender a valorarlos y consumirlos mejor.

Un dato interesante: la correcta implementación de buenas prácticas de manufactura puede reducir hasta en un 30% las mermas por contaminación o fallas en procesos, lo que impacta directamente en la rentabilidad de una empresa.

Mujer, madre y líder: el equilibrio como bandera

En 20 años de carrera también enfrentó otro prejuicio incómodo: que una mujer joven y bien presentada no podía ser brillante técnicamente. “Todavía teníamos ese chip”, confiesa.

Pero lejos de endurecerse, eligió el equilibrio como filosofía de vida. Madre de tres hijos —24, 16 y 10 años—, su principal red de apoyo son ellos mismos. “Entre los cuatro nos vamos contra el mundo”, dice con orgullo.

No cree en el mito del workaholic. Sabe que muchas mujeres terminan su jornada laboral y empiezan otra en casa. Por eso defiende las redes de apoyo: familia, amigos, comunidad. “Solas no lo vamos a lograr”.

LinkedIn, nuevas generaciones y un consejo de oro

Con más de 12.000 seguidores en LinkedIn, Betty demuestra que el conocimiento técnico también puede ser viral. No comparte recetas ni selfies, comparte ideas. Comparte experiencia.

Tiene fe en las nuevas generaciones. Ve en ellas un “chip” distinto: más feminista, más ambientalista, más consciente del equilibrio entre vida y trabajo. Empresas que ya no solo compiten por salario, sino por buen clima laboral y propósito.

Y cuando le piden un consejo, repite el que su padre le dio de niña: “Aprende todo. Algún día vas a utilizar lo que aprendiste”.

Dos décadas después, ese consejo ha construido una carrera que no solo certifica productos, sino que transforma mentalidades. En cada norma humanizada, en cada empresa que exporta, en cada madre orgullosa de su trabajo, Betty Romo demuestra que el conocimiento, cuando se comparte, se convierte en legado.

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