Imagina un mundo donde el cinturón de seguridad de tu auto no te protege del todo porque fue diseñado solo para cuerpos masculinos. O un mundo donde la inteligencia artificial, al pedirle que dibuje a un “genio”, siempre te entrega la imagen de un hombre mayor con el cabello alborotado. Ese mundo no es una distopía de ciencia ficción; es el mundo en el que vivimos hoy. Pero hay una noticia que merece ser celebrada: en los laboratorios, universidades y páramos de Ecuador, hay mujeres que están cambiando el guion de la historia.
Cada 11 de febrero, el calendario nos marca una cita imprescindible: el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Esta fecha no es una simple formalidad; es un recordatorio de que la curiosidad no tiene género y que, en nuestro país, el talento femenino busca su lugar en una mesa que históricamente ha tenido pocos asientos para nosotras. Como bien dice Claudia Segovia, coordinadora de la Red Ecuatoriana de Mujeres Científicas (REMCI): “Este país necesita ciencia, y este país necesita mujeres en ciencia, porque necesitamos más ciencia para mujeres”.
La cifra de la equidad: Solo el 43% de los investigadores son mujeres
La conmemoración del 11F nace de una necesidad urgente: cerrar la brecha. En Ecuador, la fotografía de la educación superior nos revela que la paridad aún es una meta pendiente. Actualmente, las mujeres representan apenas el 43% de la planta docente e investigadora en las universidades y escuelas politécnicas. Aunque somos casi la mitad del cuerpo académico, la representatividad en los cargos más altos sigue siendo el gran desafío.
“El número a veces es frío y nos puede dar un espejismo de paridad”, advierte Segovia. Para ella, el verdadero reto no es solo entrar a la universidad, sino “persistir” en un sistema que no siempre está diseñado para las trayectorias femeninas. Si bien la matrícula de mujeres en áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) ha crecido de forma sostenida superando las 159.000 estudiantes, Claudia nos invita a mirar más allá de la graduación: “Nuestra pregunta es: ¿cuántas son las que lideran proyectos?, ¿cuántas son las primeras autoras de artículos científicos?”.
¿Por qué necesitamos “gafas de género” para observar el universo?
Quizás te preguntes: “¿En qué me beneficia que haya más mujeres investigando?”. La respuesta está en tu seguridad diaria. Históricamente, la ciencia se ha hecho “por hombres y para hombres”, generando sesgos peligrosos que este día busca corregir.
Por ejemplo, los dummies (muñecos de prueba de choques) se fabricaron durante décadas con proporciones masculinas. Esto provocó que las mujeres tuvieran hasta un 40% más de probabilidades de sufrir lesiones graves en accidentes, simplemente porque los sistemas de seguridad no fueron pensados para nuestra anatomía. Lo mismo ocurre en la medicina con enfermedades como la endometriosis o los síntomas de un infarto. Segovia es enfática en este punto: “Si no hay diversidad en los equipos de investigación, los resultados serán incompletos y, a veces, riesgosos para la mitad de la población”.
Ecuador es un país de mentes brillantes, pero el ingenio femenino aún no es dueño de sus propios inventos. A nivel mundial, solo el 3% de las patentes pertenecen a equipos compuestos únicamente por mujeres. En el contexto nacional, el camino para que un descubrimiento pase de la probeta a una solución comercial es largo y burocrático. Conmemorar el 11 de febrero es exigir que el talento de la mujer ecuatoriana no se quede solo en el papel de un artículo científico, sino que transforme la economía real.
Este 2026 marca un hito: se cumplen 10 años de esfuerzos sostenidos por visibilizar a la mujer en la ciencia en Ecuador a través de REMCI. Para esta fecha, se han organizado más de 50 eventos nacionales: desde “Científicas se toman el MIC” en Quito, hasta demostraciones de robótica en Cuenca. Claudia recuerda que la red nació por la necesidad de acompañamiento: “REMCI empezó con un grupo de amigas científicas queriendo que ninguna otra investigadora se sienta sola en este camino”.
5 Rostros de la ciencia ecuatoriana que debes conocer
Para inspirar a las nuevas generaciones, presentamos a cinco mujeres que han dejado una huella imborrable:
Eugenia María del Pino Veintimilla: Es la científica más galardonada del país. Su hito fue descifrar los mecanismos biológicos únicos de la rana marsupial. Al estudiar cómo este anfibio incuba a sus crías en una bolsa cutánea, Eugenia cambió las teorías globales sobre cómo se forman los seres vivos, demostrando que la naturaleza tiene rutas de supervivencia que la ciencia aún no terminaba de comprender.
Claudia Segovia Salcedo: Su trabajo se enfoca en los bosques de Polylepis (los árboles de papel). Claudia estudia cómo estos ecosistemas actúan como reguladores hídricos en los páramos. Su investigación es vital para nuestra seguridad climática: entender estos árboles es entender cómo asegurar el suministro de agua dulce para las futuras generaciones en Ecuador.
Linda Guamán: Referente en innovación, Linda trabaja en la modificación de microorganismos para fines industriales. Su enfoque permite que bacterias o levaduras funcionen como “fábricas biológicas” capaces de producir combustibles limpios o ingredientes alimentarios, reduciendo nuestra dependencia de procesos químicos contaminantes.
Katya Romoleroux: Es una de las máximas autoridades en la flora de los Andes. Se dedica a la taxonomía, que es el registro y clasificación de especies. Ha descubierto decenas de plantas nuevas para la ciencia, asegurando que el patrimonio natural del Ecuador sea documentado y protegido antes de que se pierda por el avance de la deforestación.
Priscila Cedillo: Especialista en la Interacción Humano-Computadora (HCI). Priscila investiga cómo las personas nos relacionamos con los sistemas digitales para diseñar software que sea realmente accesible. Su trabajo garantiza que la tecnología sea inclusiva, permitiendo que personas con distintas capacidades puedan navegar el mundo digital sin barreras técnicas.
Si eres una estudiante que duda, una profesional que busca retomar su carrera o una madre que fomenta la curiosidad en su hija, el mensaje de este 11 de febrero es claro: la ciencia te pertenece. Como concluye Claudia Segovia con esperanza: “Queremos que la próxima vez que una niña piense en un científico, no solo imagine a un hombre mayor, sino que se vea reflejada ella misma frente a un telescopio o un microscopio”.
El laboratorio está abierto y tu lugar está ahí, liderando el mañana.
