El fútbol, como la vida, está hecho de ciclos, y el de Andreina de la Cruz dentro de las canchas ha sido una verdadera obra de arte. En la emotiva Noche Blanca 2026, ante un estadio Rodrigo Paz Delgado que rugía con la fuerza de una hinchada enamorada, la capitana histórica de las Guerreras Albas recibió un reconocimiento que simboliza años de sudor, liderazgo y un amor incondicional por la camiseta de Liga de Quito. Verla ahí, bajo los reflectores, fue recordar que el fútbol femenino en Ecuador tiene nombre y apellido.
Hablar de Andreina es hablar de la evolución de la Superliga Femenina. Desde que tomó la cinta de capitana, no solo fue la guía táctica en el césped, sino el corazón del camerino. Su legado no se mide solo en pases o victorias, sino en las barreras que derribó. Andreina fue esa voz que pedía igualdad y profesionalismo, convirtiéndose en el espejo donde hoy se miran las niñas de la cantera alba.
Su influencia era tal que incluso en los momentos de mayor tensión, Andreina tenía una “maña” infalible: era la encargada de elegir la música en el bus y el camerino para subir el ánimo, demostrando que su capitanía iba desde la estrategia hasta la salud mental del equipo. ¡Esa energía será difícil de reemplazar!
¿Qué sigue para la “Eterna Capi”?
¡Tranquilos, hinchas de la U! Andreina no se va a casa a descansar. La gran noticia confirmada durante su homenaje es que ahora formará parte del staff administrativo y técnico de las Guerreras Albas. Es una jugada maestra de la directiva: pasar de la cancha a las oficinas. Su visión estratégica será fundamental para que el equipo logre esa ansiada estrella nacional.
Lo más divertido de esta transición es que Andreina siempre fue conocida por ser una “estratega nata” incluso fuera de los entrenamientos; sus compañeras bromean con que ella ya analizaba jugadas en la pizarra antes de que el técnico llegara. Ahora, tendrá el título oficial para hacerlo. Ella pasará de dar órdenes en el mediocampo a diseñar el éxito institucional, asegurando que el “ADN Liga” permanezca intacto.
Resiliencia y nuevas metas
Superar temporadas difíciles, cambios de cuerpo técnico y la presión de llevar la banda no es para cualquiera. Andreina lo hizo con una sonrisa y una resiliencia envidiable. Un detalle encantador es que, a pesar de su seriedad en el juego, es una apasionada de la formación constante, lo que la convierte en el puente perfecto entre la directiva y las jugadoras jóvenes que apenas están empezando sus carreras.
Andreina de la Cruz nos enseña que retirarse no es el final, sino una evolución. Hoy cuelga los botines, pero se pone el traje de líder eterna. Su historia es un recordatorio de que, con disciplina y pasión, el éxito siempre encuentra una nueva forma de manifestarse. ¡Gracias por tanto, Capi!
