El Parque Samanes, uno de los pulmones verdes más importantes de Guayaquil, fue escenario de un hecho que abrió un debate sobre convivencia, respeto y tenencia responsable de mascotas. Bianca Salame, comunicadora y funcionaria de la Dirección de Protección de los Derechos de los Animales (Pro Animal), denunció haber sido víctima de una agresión verbal mientras realizaba una labor educativa en este espacio público.
Lejos de tratarse de un conflicto aislado, el episodio refleja tensiones cotidianas que muchas personas enfrentan cuando intentan promover normas básicas de convivencia. Salame se encontraba dialogando con un ciudadano para explicarle la normativa municipal sobre el cuidado responsable de mascotas, cuando —según su testimonio— la situación escaló de forma inesperada.
Un intento de diálogo que terminó en agresión
De acuerdo con lo relatado por Bianca Salame, el incidente ocurrió cuando buscaba informar, no sancionar. Su objetivo era explicar por qué ciertas medidas, como el uso de correa o controles de seguridad, son necesarias para proteger tanto a los animales como a las personas que comparten espacios públicos.
Sin embargo, el ciudadano reaccionó de manera hostil, profiriendo insultos en español e inglés. En medio del altercado, le arrebató su credencial de funcionaria municipal y la lanzó a un desagüe pluvial. El hecho no pasó desapercibido y generó preocupación entre quienes presenciaron la escena y posteriormente conocieron el caso a través de redes sociales.
La educación como eje del bienestar animal
Salame ha insistido en que su trabajo, y el de Pro Animal, se basa en la pedagogía y la concienciación. “Educar antes que castigar” es uno de los principios que guían la gestión municipal en materia de bienestar animal. Las ordenanzas no buscan incomodar, sino prevenir accidentes, conflictos entre mascotas y situaciones de riesgo.
El episodio en el Parque Samanes pone sobre la mesa una realidad: todavía existe resistencia a aceptar normas que promueven una convivencia más armónica. Aun así, el mensaje de fondo es claro: el respeto es la base para compartir la ciudad.
Solidaridad y respaldo ciudadano
Tras hacer pública la denuncia, Bianca Salame recibió una ola de apoyo en redes sociales. Usuarios, activistas y figuras públicas expresaron su solidaridad y condenaron cualquier forma de violencia, especialmente cuando se ejerce contra personas que cumplen funciones de servicio público.
Las muestras de respaldo también evidenciaron un interés creciente por fortalecer la cultura de tenencia responsable de mascotas y defender a quienes trabajan por el bienestar animal. El caso se convirtió así en un punto de encuentro para reflexionar sobre derechos, deberes y empatía.
Una oportunidad para aprender y avanzar
Más allá del incidente, la historia deja una enseñanza positiva: hablar de estos temas importa. Cada conversación, cada norma explicada y cada llamado al respeto suma para construir ciudades más seguras, inclusivas y conscientes.
El Parque Samanes sigue siendo un espacio para el encuentro, el deporte y la naturaleza, pero también un recordatorio de que la convivencia se construye día a día. Historias como la de Bianca Salame invitan a mirar al otro con más empatía y a entender que cuidar a los animales también es cuidar a la comunidad.
