Ecuador

Niños y temblores: ¿Cómo manejar la situación antes, durante y después?

Nunca sabemos cuando un sismo puede sorprendernos. Estar preparados es fundamental.

Antes del temblor

- Hay que explicar a los más pequeños qué son los sismos con historias sencillas. Detalla la doctora Dávila que si los niños son pequeños, de tres años en adelante, es útil no esperar que ocurra uno para decirles qué pasó. “La mayoría de papás no están pensando en explicar con antelación qué es un sismo, porque en el fondo nadie quiere que pase, pero es mucho mejor si lo concretamos antes de que nos toque vivirlo en el día a día. Así los preparamos. Esto se puede hacer de forma lúdica y concreta. Les podemos decir: ‘Cuando las personas estamos quietas mucho tiempo, cuando nuestro cuerpo está en una sola posición por un periodo largo, ¿necesita estirarse y moverse, verdad? Bueno, a la tierra le pasa lo mismo. A veces, necesita sacudirse un poco o que le salgan ‘conejitos’ para sentirse mejor’.

Durante el sismo

- Reaccionar ágilmente, pero con movimientos firmes. En principio, siempre hay que mantener la calma –con hijo o sin hijos. Al ir por ellos, nuestros movimientos deben ser seguros, no abruptos. No despertarlos a los gritos, sino con voz alta y firme: ‘esto es un temblor, vamos a salir’. Hay que tener, en la medida de lo posible, el control de la situación para que ellos tengan la referencia.

Después del sismo

- Hacer contacto físico. Resulta indispensable mimar, acariciar, abrazar, consolar. “Con esto el sistema nervioso se puede calmar un poco más”.

- Hablar sobre lo que los chicos sintieron. La experta subraya esta sugerencia. “Usualmente los papás decimos: ‘No pasa nada’, ‘qué valiente fuiste’ o ‘ya se acabó’. Y no, hay que darle lugar a esa emoción natural que está allí para protegernos que es el miedo. Esa nos pone a buen recaudo si es que la sabemos manejar de manera sabia. ‘Hijo, hija: ¿te asustaste? Nosotros también. ¿Papá se asustó mucho más? Bueno, los adultos también estamos aprendiendo a serenarnos en ocasiones como estas”.

- Darles la posibilidad y el tiempo de digerir las emociones. Señala Dávila que es muy necesario dejar que los niños se tomen su propio tiempo en calmarse totalmente, para tranquilizarse de manera sana. “A veces los papás decimos: ‘ya está, ya pasó’, pero algo sigue dando vueltas en los pequeños sin necesidad de que ellos lo digan. Este procesamiento puede darse a través de juegos, dejar que ellos interpreten como desean lo ocurrido para dejar que las emociones salgan por ahí; asimismo a través del arte, es decir, pinturas; o de la escritura, en el caso de los mayores. Así los ayudamos a que reconozcan qué es lo que les está pasando. Cuando esto se queda atorado, aparecen otros síntomas incluso ya corporales. No pueden hablar del miedo, dejan de comer, se orinan. Expresar de alguna forma su sentir será beneficioso para ellos en múltiples planos”.

- Evitar exponerlos a mucha información. Pocos noticieros. También se deben dosificar las conversaciones entre adultos frente a ellos

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