Lado oscuro hecho poesía

ESA película de Subiela

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Como si fuera 1992 y tuviera 16 años. Sentada en una butaca del Biógrafo con mis amigas, maravillándonos por primera vez con esta película de Subiela.

Quizás sea la nostalgia de juventud que viene una vez que saco las cuentas y van casi 20 años que salí del colegio. Lo cierto es, que en esta película está lo mejor de la poesía de Benedetti, mezclada con humor negro y la muerte que ronda. Todo envuelto en una de las mejores bandas sonoras, con la imagen de él entregando su corazón mientras de fondo María Marta Cerra Lima canta “Algo contigo”.

En la primera y única versión maravillosa del El lado oscuro del corazón, Oliverio, el protagonista, es un poeta que deambula por Buenos Aires buscando a la mujer que vuela (favor notar el detalle de la cama):

“Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! – y en esto soy irreductible – no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo conmigo!”

Y la encuentra, pero en la forma de prostituta en Uruguay:

“pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre”

y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces

no te quedes conmigo.

(No te salves / Benedetti)

Y las cosas no son fáciles:

Yo no sabía que no tenerte,
podía ser dulce como nombrarte para que vengas
aunque no vengas y no haya sino tu ausencia
tan dura como el golpe que me di en la cara pensando en voz..
.

Pero él insiste… recitándole… como hombres que ya no quedan:

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Con Oliveiro no hay medias tintas: lo amas o lo detestas.  Yo lo amo.