DJ Sien: El Arte del Tornamesismo

“Fui muy criticado, dejado de lado y tratado de “engrupido” por lo que los demás creían que era una moda pasajera”.

Para muchos el ser Dj no es ser músico. Las tornamesas se relacionan automáticamente con fiesta y nada más. Sin embargo, el aprendizaje de la disciplina es comparable a estudiar cualquier instrumento, con la ventaja de que cualquiera puede aprender, según lo que dice este joven músico, que toma el movimiento de perillas, un arte.

Para Manuel la música ha sido una constante. Cuando era niño creía que la rítmica parte de su mundo imaginario, hasta que sus padres lo pusieron a estudiar batería en el Conservatorio de la Universidad Católica y a temprana edad todo se aclaró. Se le abrió un mundo maravilloso y se dio cuenta que lo que para él era sólo imaginación, podía ser su forma de vida. Actualmente es profesor de Dj School y las tornamesas son su herramienta.

Cambió las baquetas por una tornamesas y se la jugó. Como para todo músico que se precie de tal, la cosa no fue fácil, pero con su empeño y tenacidad se ha ganado un espacio dentro de la escena. La historia es larga y acá conversa con Belelú, para contarnos un poco más de su historia.

¿Cómo fue tomar la decisión de dedicarte a ser Dj?

“Fue muy potente porque después de más 7 años estudiar batería, sentí atracción por otro instrumento que a su vez estaba recién comenzando a ser reconocido. Fui muy criticado, dejado de lado y tratado de “engrupido” por lo que los demás creían que era una moda pasajera. Mis amigos se alejaron, me hicieron sentir como que los había defraudado, para mi familia también fue algo raro, no entendían nada este nuevo asunto. Vendí mi batería (que mis padres me habían regalado con mucho esfuerzo), con ese dinero reparé una tornamesas antigua que estaba olvidada en el garage de un familiar. Me compré mi primera aguja, mis primeros vinilos y mi primer mixer que era muy arcaico pero que para mi estaba perfecto”.

Y tus padres ¿qué decían?

“La relación con mis padres empeoró. Me llevaron a varios sicólogos porque no entendían cómo podía pasar tanto tiempo encerrado moviendo un disco, haciendo unos sonidos rarísimos. Yo prefería quedarme practicando antes que ir al cine o a un almuerzo familiar. Todo esto cambió cuando gané la única versión original del DMC que se ha hecho en Chile, eso fue en Septiembre del 2001 y yo sólo llevaba poco más de un año desde que cambié de instrumento. Eso me llevó a representar a Chile a Londres con los mejores tornamesistas del mundo. Un viaje por 5 días con todo incluido a la creme de la creme del tornamesismo mundial.

“Ahí recién yo diría que mis padres por lo menos entendieron. Si bien no sabían lo que realmente yo hacía, pudieron ver que iba en serio y que tenía un talento que desarrollar. Desde ahí todo cambió. Para mí esa experiencia me marcó profundamente y me hizo darme cuenta del submundo a nivel mundial que se vivía con la tornamesas como el instrumento musical del siglo XXI ya no me sentía tan loco”.