Proyecto Puente ha sido un camino de larga data que comenzó en 2022. Es una de las joyas de la corona de Bogotá Fashion Week, que con la Cámara de Comercio de Bogotá ha logrado articular todos los sectores productivos - pero ignorados- de la moda de la ciudad en proyectos que se han internacionalizado.
Ahora bien, mucha de su parrilla de este año articula no solamente el sector popular: también migrantes, la región, cuerpos disidentes y sobre todo, una forma nueva de contar relatos de moda.
Es por eso que Alejandro Crocker, uno de los símbolos de remanufactura de Latinoamérica e integración social, por ejemplo, presentará con GEF la primera colección masiva 100% hecha de upciclyng, donde se rescató el inventario muerto de la marca y poniendo a Latinoamérica como la primera región en el mundo en hacerla desde la trazabilidad absoluta, y donde con un código QR se ve el origen de la prenda, quién la hizo y qué hacer con ella.
Catalina Ochoa, el grupo Crystal, hace rato quería participar con el diseñador, que sabe lo que ha conseguido para la historia de la moda en Colombia y el mundo. “Creo que nos estamos adelantando dos décadas a lo que el mundo masivo se esperaba y mi sueño era acercarme a ella. Claro, al articular las piezas a la producción masiva y de la forma en como nosotros trabajamos, comenzó Cristo a padecer, porque cuando empezamos a estudiar todas las formas de hacerla, nos dimos cuenta de que dentro de todos los pequeños pilotos que se iban haciendo que la remanufactura no puede perder esa parte artesanal, que es ese ser humano que se sienta a desarmar cada una de esas piezas que llegan, porque todo está hecha con piezas nuevas que estaban fuera del inventario de las tiendas. Entonces hay que desarmarlo para volverlo a armar y que esas piezas pudieran entrar dentro del patrón que se estaba haciendo para hacer esta colección masiva. Fue así que decidimos convocar a las comunidades y se escogieron a 22 mujeres, madres, cabezas de familia, se montaron tres talleres satélites con ellas, y se les hizo un acompañamiento con Geff para enseñarnos cómo acomodar esa producción masiva hacia lo artesanal”, le explica Crocker a NUEVA MUJER.
Fue así como se asesoraron legalmente y las mujeres entraron a sistemas de salud legales y también se les hizo un acompañamiento de salud y psicológico. En un proceso en el que iban tres veces a la semana al taller y él iba al de ellas, se crearon piezas que tienen marquillas con el lema ‘Hecho en Comunidad’.
“Para nosotros es importantísimo que la gente entienda que trabajamos desde las oficinas como lo hicimos con el Grupo Crystal hasta con las comunidades que estaban armando cada una de estas piezas agarrados de la mano, esto no se puede lograr y toda esta historia de una forma transparente, por eso la colección se llama de esta forma”, expresa Alejandro, que también insiste en garantes institucionales para asegurar la colección, donde el proceso autoral tuvo que someterse a sistema de plazos y lotes masivos, así como una esencia que tenía que depurarse algunas veces a lo masivo.
“Cuando me siento con compras, ellos me empiezan a explicar que cuando es masivo, ellos tienen que pensar en el espacio que ocupan en las tiendas y eso fue como si me hubieran, sabes, abierto el cerebro, pero al mismo tiempo me respetaban como diseñador. Cada pieza es distinta, y en la primera reunión tuvimos que ver cómo llevar esto a lo masivo, donde lo artesanal se enfrenta a la maquinaria que saca seis mil camisas al día. Y eso fue ver las referencias que llevaban, el cómo usarlas. Hay una chaqueta hecha con pantalones de niños de seis meses, por ejemplo”, expresa Crocker, quien también ha constituido una tienda y un centro de innovación para sus aprendices migrantes venezolanas, desplazados, y mujeres trans, entre otros. Y todo ha sido gracias a una determinación inquebrantable de lograr lo que antes parecía imposible.
Jorge Duque, el puente que sigue su camino
El rol de curador y de ser quien se acercara hacia las marcas de los sectores del Restrepo y otros quedó en Jorge Duque, quien al ser un diseñador con proyección internacional ya conoce un proceso en el que las marcas ya están entrando y en el que se quería madurar el proyecto de Puente. “Tengo muchísimos colegas, muchísimos parceros que trabajan en esa industria del segmento popular, llámese de jeanswear, camisetas, merchandising, muchas marcas. Y pues, siento que soy una persona que conoce sus procesos, sus dificultades, el escenario, el entorno. Pero, lo siento también muy orgánico, porque independientemente del mundo en el que yo viva o en el segmento en el que yo dirija todo mi proceso creativo y a quien le venda,básicamente, soy una persona que procura estar muy conectada con mi entorno social, cultural, demográfico, geográfico aquí en Bogotá. Y eso evidentemente implica vivir súper conectado con el paisaje y el tejido social de Bogotá. Encontré el aguante, la resiliencia, estas ganas de estar luchando y permanecer de un segmento de mercado tan competido, muy difícil sobrevivir en él porque también hay jerarquías, y para las microempresas, que desde lo creativo les cuesta mucho. Se necesita aguante y pasión y esa capacidad de negociar también desde lo financiero, porque el costo es una sombrilla enorme que cobija todo lo que se hace. Qué se vende, cómo se vende, cómo se optimiza el insumo. Son segmentos que no dan cabida a esas ganancias que por good will se reciben en lo autoral”, le explica a NUEVA MUJER.
Jorge no se cree ninguna autoridad, ni de hecho quería imponer nada. Por eso el proceso fue complejo. “Al principio es difícil, porque uno abre su filigrana más íntima como cabeza creativa, pero nos sentamos en reuniones de dos horas a conversar cómo mejorar técnicamente un acabado, un corte o un manifiesto. Es un proceso de meses de observar y tocar qué dominan para que las colecciones evolucionen desde el figurín hasta la maduración editorial; el objetivo es que las marcas lleguen tranquilas a Dubái, París o Nueva York, habiendo aprendido una metodología técnica y coherente para vender lo que son”, explica Jorge, que básicamente estuvo alguna vez en el lugar de estos creadores emergentes y que quiere mostrarles el camino que él ya recorrió.
De esta manera, Bogotá Fashion Week, con tan solo dos articulaciones, muestra que la capital es - como se dice incluso para el cliché- de todos. Pero sobre todo, en donde la moda también lo es, siempre lo ha sido y en donde hay cabida para múltiples voces que no solo merecen un spot, o una oportunidad, sino un seguimiento serio que solo una de las pocas ferias que se enfoca en el proceso financiero y creativo puede otorgar.
