A mis casi 40 no puedo decir que es mi culpa. Sabía desde muy pequeña que no encajaría en el molde de lo tradicional. Me gustaba ‘Daria’ desde los 12. Mis modelos siguen siendo Isabella Blow o la Marquesa Casati. Merlina y Loki.
Es por eso que el mundo de las influencers me provoca algo de tirria, sobre todo si no salen de su burbuja. Suelo tener razón, pero con Marcela García Caballero me pasó algo distinto: creía exactamente que era igual a las demás hasta que viendo cómo podía quedarme igual de alopécica a los tipos de los que me burlaba (perdón, jefe), busqué una solución.
Supe entonces que su aceite para el pelo había tenido una viralidad inusitada. No creía mucho en tantos usuarios lambiscones ni creadoras de contenido afanosas de aprobación, así que fui al video más rándom que encontré: la de un hombre mayor que yo que se estaba quedando calvo y le funcionó.
Entré luego a la página de The Hair Generation y me sorprendió la elegancia, sofisticación de la marca y el storytelling. Entendí todo lo que había hecho García más allá de ser como las demás: había creado, desde su historia, una plataforma para redefinir la belleza de las mujeres. Desde su propia mirada.
Ahora, viéndola en persona, podría ser como otra influencer: quedándose dormida sobre los laureles mostrando su vida maravillosa, pero a ella la define el trabajo. Su innegable carisma.
Su tenacidad -literalmente- se veía desde sus zapatos. A punto de dar a luz, atendía a sus invitados a su evento en el Malecón de Barranquilla, con tacones y vestido amarillo, sin despeinarse siquiera (mientras que yo parecía Chucky cuando se derrite siendo una cachaca luego de todo un día en Barranquilla). Diligente, nunca quieta, se movía aquí y allá atendiendo a sus fans, a la clase alta de la ciudad, como una hormiguita, nunca parando.
Y sobre todo, mostrando desde esa espontaneidad genuina, durante años, cómo ella normalizó perder su cabello y usaba pelucas. Hay que sumarle eso la presión de una ciudad, no, de un país donde las mujeres tienen como uno de sus activos el pelo largo (y generalmente rubio o iluminado en tonos más claros) como parte de su identidad y su autoestima.
Todo se normalizaba de manera dolorosa, hasta que su hermana Laura (Marcela le dice ‘overachiever’. Yo diría más bien que si se lanzara de presidente votaría por ella. Ganaría. ) vio potencial en un producto y de ahí construyeron una marca que con precisión milimétrica y con la asesoría de mujeres talentosas y excelentes en sus industrias, se ha expandido internacionalmente, y que se alimenta con justo el espíritu y empuje de García, que es de las pocas influencers de Colombia que sí influencia.
No solo que porque lo que dice resuena en miles de personas, sino porque las mujeres comenzaron a creerle. El producto comenzó a hablar por sí solo, más allá de Marcela. Y es así como expandieron su línea hacia un exfoliante que venía con la historia de soltar (de eso se trataba la actividad en Barranquilla). Uno que permite mejor absorción del aceite. El Alpha Scrub.
Así, revolucionando a Colombia por literalmente los pelos, García ha entendido que su plataforma es una responsabilidad con propósito . Es por eso que la he entrevistado para NUEVA MUJER COLOMBIA. He acá algunas de sus respuestas.
¿Cómo es resonar con un discurso hacia millones de personas, miles de personas y crear una marca que identifique a tanta gente en un lugar donde buscan, lo buscan todos?
Hay mucha responsabilidad ¿sabes? Llevo 10 años creando contenido digital y todo el tiempo pienso en ‘ como qué responsabilidad tan grande hablarle a tanta gente’, pero también qué bonito poder hacerlo de una manera tan distinta, o sea, tan tan desde el corazón, tan auténtica porque así lo siento.
Y yo creo que The Hair Generation es exactamente eso, la extensión de una historia, una familia, de la capacidad de ayudar e impulsar a otras personas a contar la historia a través de su pelo, pero también a que conecten con algo, en un punto donde estamos tan desconectados todo el tiempo, donde estamos todo el tiempo buscando la inmediatez.
Nosotras queremos realmente encontrar la manera de conectarnos desde la raíz y eso es exactamente lo que hacemos.
¿Cómo es persistir en un emprendimiento y además tener tanta competencia al respecto?
Llevo 10 años creando contenido digital: realmente siento la diferencia tan grande que es entre una cosa y ser empresaria, porque ser empresaria en este país es es es lindo, pero también es una batalla. Cuando tú estás emprendiendo, valga la redundancia, estás todo el tiempo pensando en eso, todo el tiempo, es como otro hijo.
Estás pensando, estás respirando, es una pasión y si no es así, entonces no crece, no tiene la capacidad de crecer. Y con respecto a lo de la competencia, nosotros lo que estamos tratando de hacer es encontrar nuestra forma de crear nuestra comunidad.
Y cuando uno hace comunidad, uno realmente está en su propio camino. Es solidificar esa conexión con la gente que trasciende el producto, sí, el producto tiene que ser bueno, tiene que diferenciarse y tiene que ser revolucionario, pero también la conversación tiene que ser distinta.
Y cuando la gente se siente parte de algo, escoge eso.
Claro. Venimos de un país que nos exige mucho a las mujeres en términos de belleza, tiene de una sociedad que también exige a las mujeres en términos de belleza. ¿Cómo es cambiar el significado de la belleza con esta marca?
Como bien dices, yo soy barranquillera, la belleza tiene un significado muy importante. A mí la vida me enseñó que cuando dejé de tener lo que yo creía que era mi poder, mi belleza, lo que me hacía a mí destacarme y que me quisieran, que era mi pelo: cuando lo perdí, fue cuando realmente me encontré. Y cuando pude y fue cliché, pude conectar con lo que realmente es importante.
Y eso es lo que siento: que lo que me ha impulsado a mí a tener el discurso que tengo, es porque es real, es genuino y viene desde el corazón, desde la vivencia y desde el entendimiento de que sí, el pelo sí era importante, pero no por las razones que yo creía. Y el pelo sí me iba a liberar, pero no por las razones que yo creía. Y el pelo sí ha sido belleza para mí, pero no por las razones que yo creía.
O sea, por algo mucho más grande.
¿Cómo fue asesorarse para darle base científica a la marca e ir más allá del discurso influencer que se critica tanto?
Yo estudié comunicación social, pero realmente fue la vida lo que me enseñó a saber andar. Vengo de un hogar donde me dieron unos valores y unos principios que para mí son imprescindibles, entonces yo tenía claro quién era. Eso es exactamente lo que he hecho durante todo este tiempo. La credibilidad es lo único que uno tiene y cuando uno es creador de contenido, esto es lo único que se posee. Pero también tienes que tener la capacidad para aportar algo distinto a simplemente ir con la tendencia.
A qué voy, es hacer algo que sea mucho más sólido, que trascienda en el tiempo. Todo el mundo ve la aspiración, pero lo que hemos hecho la marca y yo, es que no quiero que sean como yo, sino que quiero que se atrevan a ser sí mismas y que sean felices siendo exactamente así.
Qué rico uno trabajar en un espacio donde te digan, vamos a crear algo donde realmente se conecte y que uno tenga la capacidad de sin perder tu ADN de marca, sin perder tu tu norte, puedas seguir como siendo tú, sabes. Y en donde puedas seguir innovando.
