Caracol y Netflix han hecho historia: han creado una serie excelentemente escrita, con personajes complejos y con matices, y por primera vez con un elenco casi enteramente afrocolombiano. Esto, en un país donde la representación es generalmente blancomestiza. Y en donde se suele tokenizar a otras formas de ser sin darles igualdad de condiciones en los formatos de imagen.
No, no sueno condescendiente, ni ‘woke’. Menos al hablar de una historia real, de una mujer que cambió la historia de este país para siempre, al luchar por los derechos de sus pares en uno de los oficios más menospreciados a nivel social: el trabajo doméstico y el cuidado.
Es así como ‘María la Caprichosa’, biopic basado en la vida de la activista y trabajadora social Pérxides María Roa, y quien cambió la vida de millones de mujeres al cambiar la ley y darle derechos a su gremio, es una reivindicación histórica, simbólica y social a la representación de un excelente personaje, con historia par, en un sistema social y comunicativo tradicionalmente racista.
Como mujer blanco mestiza, esta serie llegó a incomodarme. No por mi condición, sino por la maldad , aun en el siglo casi XXI de la gente con la que comparto cierto fenotipo.
Todas las microagresiones y humillaciones que María atraviesa de nosotros, los blanco mestizos que por alguna razón nos creemos señores (de qué, o como por qué). De cómo somos capaces de repetir patrones con las mujeres que creemos esclavas y no lo son.
Tal y como en ‘Historias Cruzadas’: con condescendencia, pura maldad, puro racismo, muchas veces. Con gestos de pretendida “generosidad” que también son racismo disfrazado, porque no hay nada peor que creerse mejor por ‘hacer un favor’ a alguien a quien crees inferior. Y eso lo vemos con las empleadoras de toda la serie.
Y ante ello, quisiera decir primero, que Dios maldiga el personaje de Carolina Cuervo: es tan mala como la Hilly de ‘Historias Cruzadas’, (¡es que incluso tiene un baño aparte para María, como lo tenía la malvada sureña gringa para su empleada Minny!) pero peor es el de Pilar Vélez, interpretada por Paula Castaño, que parece “buena” hasta que echa a una María embarazada a la calle.
O qué decir de los patrones narcos, que mascotizan a sus empleadas y las tratan como objetos bajo una fachada de generosidad. Entre otros tantos, que son absolutamente detestables.
Eso es lo que me impacta en primer lugar. La condición de esclavas de las empleadas domésticas. Yo creía que eso se había acabado en el siglo XXI, aunque los casos virales de varias mujeres me dijeran que no.
Creía que los hijos de los hombres y mujeres que cuidaron mujeres como María tendrían conciencia, pero, de nuevo, ‘Historias Cruzadas’ viene a mi cabeza: los hijos de patrones blancos repiten lo mismo. Casi siempre sin excepción, como vemos en la serie.
Pero María, como buena colombiana, se defiende: tiene un gran círculo de amigas, Las Mosquiteras (perdone Alejandro Dumas, usted sabrá entender). Ellas luchan por lo suyo. No necesitan a una Emma Stone para que cuenten sus historias,las vemos en toda la serie.
Ellas mismas salen adelante, ellas mismas se buscan sus modos de salida y de subsistencia. Y todo esto, bajo la sombra de la violencia y criminalidad del país, porque María, sus amigos y su familia son asediados tanto como por los narcos, como por los grupos armados y por la delincuencia común, cambiando sus modos de vivir de manera contundente.
Eso también me gusta de la serie: da pedagogía hacia las mujeres desplazadas, por ejemplo, sobre cómo reclamar sus derechos ante el Gobierno. O de cómo reclamar un crédito para una misma si es de bajos recursos. O de cómo acceder al cuidado comunal y colectivo. De cómo organizarse.
En fin: se enseña sobre cómo se crearon los mecanismos que tienen las personas vulnerables para defenderse a sí mismas ante la inopia de un Estado que siempre las ha tratado de bajar hasta el suelo, así como la estructura social.
Incluso se habla del aborto, sin tapujos, también en medio de un contexto popular y mostrando la belleza de una cultura como la afro en Apartadó, colindante con Chocó. Su gastronomía. Sus ritos, sus costumbres. La Colombia tan lejana, pero tan cercana. Que esta ahí. Que solo sale en las noticias en las penurias, pero que mantiene una alegría y un espíritu fascinantes. Esto, contrastando con la popularidad festiva de una ciudad como Medellín.
Ahora bien, el tema masculino es también complejo: porque si las labores de cuidado son tan menospreciadas, tanto profesional como privadamente, es peor en una estructura totalmente machista. Pero en la serie hay de todo.
María Roa muestra cómo un mal hombre puede arruinar (casi) tu vida para siempre y uno bueno puede mejorarla
Bryan Mina es un excelente actor: comienza como el amor imposible de María (de él hacia ella) para terminar arruinando su vida. Fernando Cepeda, al que él mismo denomina el “apagasueños”, no solo la embaraza dos veces, sino que es infiel, es machista, es ladrón, es violento, es abusivo, es un perdedor.
María, como muchas mujeres, no se da cuenta sino hasta después de mucho aguantar. Y su situación, de paso, refleja también su realidad: ¿cuántas madres cabezas de familia no tienen que cargar, no solo con la precariedad, sino con un hombre inútil que no las deja progresar?
Sin embargo, en la serie hay contrastes. El papá de María es un buen padre y marido: su actitud positiva y su energía la heredan sus hijos. El novio de Marlene, la hermana mayor de María, es un hombre blanco y privilegiado que desecha y cuestiona su posición en la vida para verla como una igual.
Alejandro, el primer empleador de Irma, la amiga mayor del grupo de María, es un señor decente que lucha por ella incluso después de la muerte a través de su abogado. Edwin lucha por Tulia para que crezcan juntos.
Ellos son casi los pocos buenos ejemplos en un mundo lleno de empleadores hipócritas y embaucadores y que muestran los defectos de un sistema desigual.
De todos modos, María se impone. El capricho nunca se le acaba . El capricho de tener una vida propia, no como la de tantas mujeres que dejaron de vivir la suya por vivir la de sus empleadores. De ser ella más que su uniforme. De progresar.
Su obstinación y corrección - a veces mucha para su propio bien- son las que la sacan adelante. Cualidades que tienen muchas mujeres colombianas que tienen que ir a trabajar en horarios extenuantes, de manera silenciosa y abnegada, que tienen que soportar abusos para dar de comer a sus hijos y que en medio de eso, no se les mueran los sueños. Que no se les muera el ‘capricho’, como el que a María, a pesar de todo, siempre le sobró a manos llenas.
Esas ganas de siempre salir adelante y triunfar en medio de la desesperanza. Y eso, en una de las mejores series que Caracol y Netflix han producido este año y que sí o sí hay que verla.
