Colombia

El congresista Andrés Cancimance muestra por qué usar moda revoluciona la política en Colombia

Más allá de la curiosidad de folletín, el funcionario se la juega por su departamento, uno de los más olvidados por el Estado y todo, a través del traje.

CONGRESISTA ANDRES CANCIMANCE

Muchos dicen que la moda no importa, pero vaya que se indignaron cuando el congresista electo por el Putumayo, Andrés Cancimance, llegó a la posesión de su curul en tacones. Todo para mostrar que ser gay en Colombia sigue siendo precisamente un motivo para ser lapidado de forma injusta por redes, tal y como le pasó a él, o violentado de formas más atroces y directas y hasta asesinado.

Así, Cancimance consiguió su objetivo: visibilizar a través del vestido cómo lo personal es político. Y en consonancia con otras colegas, ha llevado todas las historias, necesidades y reclamos históricos de las periferias a un centro de poder habitualmente blanco y señorial.

Este siete de agosto, Cancimance, asesorado por el diseñador Fabián Alarcón, vistió un traje sin terminar, denunciando cómo el Estado se olvidó de Mocoa, que cumple cinco años ya de estar enlodada (literalmente) por una tragedia de la que no se acaba de recuperar.

El legislador habló con PUBLIMETRO sobre el objetivo de esta denuncia y de cómo la moda es una herramienta poderosa en tiempos simbólicos y digitales.

Más allá del revuelo banal que generaron los medios hegemónicos con sus tacones, ¿cómo comenzó a ver la moda como una forma de visibilizar los problemas sociales y ambientales de Putumayo?

Yo desde muy chico me relacioné con el arte. Mi madre, una campesina sin estudios, como diría el sector dominante, me involucró en el teatro, danza, música, y a partir de ahí me di cuenta que de alguna manera las expresiones artísticas tenían un gran potencial de denuncia y expresión.

Y como crecí en una zona rural donde ha sido muy difícil hacer pública mi condición de hombre gay, pues el arte era un espacio y un gran refugio para manifestar mi esencia. Y situaría esto ahí: recordando a una madre que le gustaba involucrarme en la danza y el teatro y ella me hacía los vestuarios.

Ahí empezó esa conciencia de que el arte es un gran amplificador de ideas. Y cuando ya me formé como trabajador social, y cuando tuve mi maestría y doctorado, siempre encontré que la expresión artística era la mejor forma para comunicar.

Por ejemplo, en medio de las negociaciones del Acuerdo de Paz, le contábamos a la gente punto por punto en qué consistía. Pero un día, cuando llegamos a una comunidad y ellos hicieron esa pedagogía a través del teatro la gente dijo “finalmente entiendo”. Por eso esta relación moda-arte es una posibilidad de expresión infinita.

¿Por qué lució para la posesión presidencial del 7 de agosto un traje en particular sin terminar? ¿Qué quiso expresar con ello?

Fue una fecha importante para el país, no sólo por el cambio de gobierno o la posesión. También es un espacio para poder hacer denuncias públicas. El 20 de julio hice una, y en esta fecha fue otra. En este caso, mostrando lo que pasó con la avalancha de Mocoa: 5 años después, no hay avances.

5 años después, el porcentaje de casas mínimo ni siquiera se ha entregado. Hablamos de aproximadamente 2800 casas, entre damnificados y de personas que viven en zonas de riesgo no mitigable y solamente se han entregado 300. Y además, el gobierno de Duque no entregó ni una sola en estos años.

Entonces el vestuario que lucí fue para decirle al nuevo Presidente que nuestro caso es urgente, que debe ser una prioridad en el Plan de Desarrollo y que revise los recursos entregados, porque creemos que hay corrupción. Hay miles de millones de pesos que han sido destinados al municipio, manejados por la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo y Desastres.

Pero la gente ve que no hay avances ni siquiera en los servicios básicos. No hay ni siquiera acueducto, la gente pasa semanas enteras sin poder usarla, los restaurantes y hoteles han quebrado por esto. Hay también damnificados financieros, gente que pidió créditos para su vivienda y negocios y cuando llegó la avalancha los créditos no se los condonaron. Y también revictimizaron a otras personas, a las que hicieron pedir créditos con la promesa de que luego se los condonaban o se los ayudaban a pagar y eso no ha pasado.

Así que creemos que el vestuario tiene la polifonía de denuncia y solidaridad por aquellas personas damnificadas por la tragedia y que perdieron también a seres queridos en la avalancha. Incluso hay personas desaparecidas aún o de familias que denuncian el robo de niños. Se repiten historias que oímos en otros desastres como en Armero.

Vimos comentarios también muy dolorosos minimizando este gesto. Sobre todo cuando en los informes de la Comisión de la Verdad vimos cómo violentaron y hasta mataron a personas de la comunidad LGBTI por expresar su identidad sexual a través de la apariencia. ¿Qué significa hacer esto en Colombia?

Evidentemente, la realidad de discriminación y de crímenes de odio sigue muy arraigada en Colombia. El bullying no solamente está en la escuela, sino también en el espacio público. Lo vimos con lo que pasó en un parque en Bogotá, por ejemplo. La expresión de afecto no es ilegal en un país como el nuestro, pero la homofobia y la discriminación sí. Esto muestra que no importa el lugar de privilegio en el que estés, te siguen agrediendo, y esta se profundiza más en lugares rurales, periféricos y étnicos.

Y con menos privilegios, la discriminación hasta ha segado vidas. A mí quizás no me convertirán en objetivo militar por usar unos tacones, o pierda la vida, pero sí ha pasado con las mujeres trans en el conflicto armado. O también está la explotación sexual, o la condición de vida de las personas diversas en las cárceles, o su derecho a la salud o al trabajo, debido a las barreras sociales que no se han atendido.

La lectura de sus tacones se vio de una manera casi de entretenimiento, y más cuando hay representaciones que aún distan de ser dignas de la comunidad. ¿Cómo hacer entender que esto es más que la nota curiosa del noticiero de mediodía?

Tenemos que derribar los estereotipos. A la comunidad la han condenado a papeles y lugares de los que la sociedad cree que no puede salir o hacer más. Hay que mostrar que una persona diversa puede acceder y ocupar la política, porque en un país machista y conservador una persona diversa debe esconder su orientación. A mí me han dicho que no debo de ser tan “gay” porque podría perder votos, a lo que me he negado.

Y Colombia tiene una deuda histórica en educación hacia la diversidad, que es lo que trató de hacer infructuosamente Gina Parody, por ejemplo. Entonces, esto ha sido revolucionario y estas luchas simbólicas tenemos que seguirlas dando. Y hay muchísimas.

¿Qué significó el usar esta pieza para muchas personas que aún no pueden expresar su identidad sexual en Colombia?

Mucho apoyo. Al volver a mi departamento, creí que me iban a recriminar, pero todos estuvieron muy orgullosos de lo que hice y me lo dijeron. Y también por posicionar el departamento.

Y es el momento de alzar las banderas de forma pública. Respeto a la gente que quiere tener una vida más reservada, pero también hay personas que quieren dar luchas públicas y a través de los tacones, o de la denuncia sobre la avalancha, se puede lograr.

¿Cómo se siente en este momento histórico donde varios colegas suyos también expresan luchas sociales a través de la moda?

Es maravilloso, muy bello estéticamente, también. Es bello ver cómo en estas prendas que se lucen en un sistema dominante, patriarcal y heteronormativo, lelguen ahí. Y fue un gran motivo de felicidad ver diversidad en moda y en apoyo. Esto, porque el hecho de ponerte una prenda de un firmante de paz es un acto de solidaridad y apoyo hermosos.

Vengo de una zona donde la moda está todo el tiempo presente, las abuelas que tejen los chumbes, elemento de los pueblos originarios, están ahí. También, vengo de una madre que bordaba, hemos estado viviendo la moda desde ese lugar, desde la cotidianidad. No desde las grandes pasarelas, sino de un contexto orgulloso de lo que tiene y hace.

Tuvimos un país furioso por estos cambios, pero otro joven, que no se disculpa por alzar la voz para cuestionar estas estructuras sociales que les fallaron. ¿Cómo le lee usted?

Es una generación muy valiente. Es una generación que las condiciones de vida tan precarias a la que nos arrinconó el sistema económico, encontró un lugar de resiliencia y resistencia enorme .Y esa valentía no solo la vimos en las urnas sino en las posturas tan claras que tienen. Esta es una juventud que exige educación pública, cero corrupción, y poco a poco ha sido una generación que entiende la responsabilidad tan grande en las elecciones. Se decía que la juventud no sale a votar, pero vimos a un grupo de personas tomando decisiones políticas importantes.

Igual, lo que me sigue pareciendo valioso es su valentía, no temieron en enfrentar las balas y abusos del ESMAD para protestar por nuestras inequidades y exclusiones históricas. Es por eso que tenemos una gran responsabilidad desde el Congreso, no podemos defraudarlos. Sería perder la oportunidad de tener esperanza. Y vendría con un altísimo costo histórico.

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