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Que pierda Amber Heard hará que las mujeres tengamos que luchar el doble contra el machismo en Latinoamérica

El linchamiento contra la actriz solo se acrecentará. Y su caso empoderará a los machistas que niegan cómo se nos violenta.

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Amber Heard tendrá para siempre una letra escarlata. Esa que hará que ya no pueda volver a actuar jamás. Esa que la dejará con apelativos aterradores para lo que le quede de vida. Y también servirá para “aleccionar” a toda aquella que se atreva a denunciar así sea una mínima violencia: por ser mujer no basta que te tengan que creer. Ni por ser mujer eres “especial”. Ni por ser mujer te violentan...

Porque si bien reconozco que Amber Heard NO fue una santa, que como víctima fue imperfecta y que mintió terriblemente y se contradijo (aparte de revelar que se tiene que hablar de violencia contra los hombres y es ese mismo machismo lo que no permite hacerlo) también hubo abuso por parte de Depp. Pero esto no bastará con lo que sucederá ahora y más en una región, por ejemplo, como Latinoamérica, donde el machismo es naturalizado y donde las mujeres tienen que luchar todavía contra hombres furibundos por alzar su voz. Aún con pruebas y evidencias, claramente.

Gracias a este caso, muchísimas mujeres no podrán acceder a la justicia y serán el doble de revictimizadas, culpadas y estigmatizadas. En una región donde sólo el 2% obtiene justicia, donde tantos casos se quedan olvidados y/o silenciados por el machismo estructural, cualquier mujer deberá cuidarse al señalar a su agresor o lo “difamará” (por ejemplo, ¿cómo grabar si me están acosando o violando? ¿Cómo probar esto?) . Y esto no es nuevo, pero ella será siempre el caso de mostrar cuando una mujer se atreva siquiera a llevar a la justicia a su agresor.

Y también el ejemplo de que durante todo este tiempo, quienes han menoscabado las luchas contra la violencia de género, “tenían razón”: “las mujeres sí molestamos”, “feminismo para qué” y " para qué se buscan lo que les pasa”, porque no importa que sean Debanhi, Yuliana Samboní, Rosa Elvira Cely, los nombres son muchos, serán muchos, incluso los olvidados, ya que gracias a Amber las mujeres solo " se inventan” cosas.

“ES UN GOLPE BAJO PARA LAS MUJERES”, “Tengo el corazón roto, aún con la montaña de evidencias que presentamos no pudimos...

Posted by Memo Aponte Mille on Wednesday, June 1, 2022

Una letra que no se quita

Pienso, impopularmente, en Amber Heard. Temo para ella un destino muy oscuro (sólo tienen que googlear Bárbara Payton, por ejemplo, o lo que le pasó a Mark Salling) , pero si llega a sobrevivir, quedará como otras mujeres “parias” que hacen parte ya de la cultura pop y van a ser vejadas de todas las formas posibles.

Como pasó con Tonya Harding, por ejemplo, que tuvo que esperar de 1994 a 2017 para que al menos se escuchara su historia, en el auge del #MeToo, al que incluso están cuestionando como movimiento y que ha ayudado a tantas mujeres a sentirse seguras.

Tonya fue por años ridiculizada, expulsada y vetada por supuestamente mandar a lastimar a su rival en el patinaje artístico, Nancy Kerrigan. Se creó- tal y como se creó con el juicio entre Depp y Heard- un relato de buenos y malos. Harding era la bruja, Nancy la princesa. Harding era la “basura blanca”, Nancy la hermosa y pura heroína americana (que no disimuló su desprecio ante la emoción de Oksana Baiul-quien terminó ganándole- en el podio). Harding no pudo volver a patinar. Estuvo en lucha libre y en programas de videos locos. Hasta que la película en la que la interpretó Margot Robbie pudo reivindicarla.

El problema con Amber es que se le “escuchó demasiado”, o eso siempre dirán los que la esgriman como escudo para invalidar un cambio de cultura que en Latinoamérica ha sido recibido con furia, violencia y resistencia. Que nadie escuchó a Johnny Depp. Y que ella se aprovechó.

Y claro, pasó todo esto. Insisto, Heard no es una santa para mí. Condeno todo lo que hizo, pero su proceso muestra cómo retrocedimos, de nuevo, hacia 1994, pues en este momento ella está recibiendo lo que Harding en tiempos. Y así se la representará en medios de ahí en adelante. Y en la cultura.

¿Merece todo ese linchamiento al que será sometida por el resto de su vida? Por supuesto que no. Y los movimientos feministas serán también apedreados con tan solo defenderla o empatizar con ella de alguna manera. Y se cuestionará, con más razón, “por qué a las mujeres ahora se les escucha demasiado”, “por qué se les tiene que creer”, o “por qué denuncian por bobadas”.

Ahí también retrocedimos un terreno que si bien no estaba asegurado, enfocaba las estructuras de nuestra sociedad, de cierto modo, a vernos con otros ojos. A realmente comenzar a escucharnos y a respetarnos como ciudadanas con derechos fundamentales.

Y por eso, que Amber pierda también hace que muchas de nosotras también lo perdamos todo.

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