Colombia

5 telenovelas colombianas que RCN podría repetir en vez de seguirlas arruinando con remakes

“Hasta que la plata nos separe” es un claro ejemplo de que valía más la pena repetir la original.

Debido al bajo rating, Telemundo ya pasó la nueva versión de “Hasta que la plata nos separe” a un horario menos notorio: el de la tarde. RCN por su parte no ha tomado medidas, pero esto ha sido un aviso de cómo el remake de la novela nunca debió hacerse y que la falta de creatividad está al alza.

Ahora bien, acá hay una lista de telenovelas que RCN podría volver a repetir (no, no está Betty la Fea, que ya parece “El Chavo del Ocho” latinoamericano), en vez de gastar su presupuesto en remakes sin gracia.

Café, con aroma de mujer

Si se quiere quitar ese sinsabor (muy a pesar del enorme talento y las buenas intenciones) de ver a Laura Londoño y William Levy tratar de recrear pálidamente lo que eran Margarita Rosa y Guy Ecker, sería genial sacar el resumen de los capítulos que el canal hizo en pandemia y pasar la telenovela completa.

Esto, para ver cómo era la sociedad colombiana en los 90, cómo las mujeres se adaptaban a la vida de oficina y cambiaban sus costumbres del campo a la ciudad. Es inolvidable el vestido doble faz de Gaviota cuando es secretaria y su ascenso a ejecutiva. También, su carácter fuerte, sus canciones e incluso hay una escena donde baila con machetes al frente de Sebastián.

Y por supuesto, los Vallejo son una familia tipo Succession, pero a la colombiana. Guillermo Vives hace de un hombre LGBT que está en medio de su corrupta familia y la ambición de su hermano, Iván, y su esposa de igual talante, Lucrecia.

Paula, por su parte, tiene que ver cómo su prometido inglés se pierde en el mundo del cafetal y Marcela, una joven Dana García, es la que rompe las reglas sociales siendo el hada madrina de Gaviota y Sebastián.

Otro plus: los tangos maravillosos que tanto se oyen en la región cafetera y en Medellín desde comienzos del siglo XX son interpretados con pasión por Margarita Rosa.

La costeña y el cachaco

Es quizás la novela más divertida y menos estereotípica en los años recientes sobre la región Caribe. Y claro, hay un choque cultural enorme entre el mundo de Antonio Andrade (Jorque Enrique Abello) ,que es el del bogotano estrato seis, con el mundo de clase media y pueblo raso, más regiones, que encabeza Sofía Granados (Amada Rosa Pérez).

Y por supuesto, el carácter de Antonio, psicorrígido, no ayuda en nada al mudarse a Santa Marta, más cuando tiene de vecinos a un recreacionista tan hedonista como Luciano (Alejandro Martínez ), quien tiene una amistad entrañable con Simón (Diego Trujillo) y con dos guajiros con quienes parrandean cada noche, para tormento de su único vecino cachaco.

Pero también hay una trama que hace aún más interesante la novela. Antonio se muda para Conatrol, una empresa de petróleo que equivale a Ecopetrol y que se enfrenta al contrabandeo de gasolina.

Allí es asistido por Rafael Padilla (Luis Eduardo Arango), un personaje LGBT que es retratado con dignidad y ayudado por su mejor amigo, el hedonista y simpático Sebastián Morales (un encantador Ernesto Benjumea). El villano es muy bien construido, ya que es un comerciante fachada: Pedro Arango, interpretado por un Luis Fernando García.

En los tacones de Eva

Es uno de los mejores papeles de Jorge Enrique Abello, quien de ser un misógino abusador de mujeres tiene que, a lo Tootsie, transformarse en una. Juan Camilo Caballero pasa de tratar de destruir a Isabella Nieto (Mónica Lopera), su competencia en el negocio del turismo, a enamorarse de ella.

Pero esto no le cae nada bien a Cristóbal Santamaría (Patrick Delmas), que quiere arrebatar el control de la empresa que se disputa y trata de eliminarlo. Y al Isabella enterarse, se le destruye la vida. Pero al ser contratada por Cristóbal busca una asistente mujer y quién mejor que convertirse en una señora paisa con gran personalidad para defenderla ante todo.

Así, se convierte en Eva María León Jaramillo, viuda de Zuluaga. Y la caracterización es soberbia.

Amor en custodia

Si bien la versión original es argentina, acá quedó muy bien adaptada. Paz Delucci es Alejandra Borrero, una elegante diseñadora de modas que tiene una hija con problemas llamada Bárbara (el debut de Ana Wills en un papel que interpretó a la perfección).

Y al ser desdeñada por su marido, Alejandro Sanín (Marcelo Dos Santos hace muy bien de villano) encuentra su gran soporte en Juan Manuel Aguirre (este papel lanzó a Ernesto Calzadilla al estrellato) y a su vez, Bárbara pasará del amor al odio con su guardaespaldas, Nicolás Camacho (Iván López).

El último matrimonio feliz

En esta ocasión, el reparto lo encabeza Alejandra Borrero, (Antonia) como una mujer que se emancipa de su oscuro jefe, Jorge Cao (Manuel), para montar su propia agencia inmobiliaria. Allá contratará, por varias circunstancias, a varias mujeres de diversas procedencias sociales.

Bárbara (Valerie Domínguez), a quien su marido maltrata, Yorley (Yulieth Ferreira) , quien lucha con una hija y con su marido en la pobreza y se convierte en cómplice de las trabajadoras. Todas evolucionan al lado de Antonia.

Una historia supremamente bien escrita, contada, con finales dignos para cada una de las protagonistas (acompañadas de un elenco masculino soberbio), y que no se emitió como debía en aquel tiempo por el continuo irrespeto del canal hacia los televidentes.

Bonus track: Francisco el Matemático, la original

Qué mejor que recordar a los estudiantes generación del 99, con problemas bastante fuertes, en el Jimmy Carter y era un lujo ver a Katherine Vélez, Carolina Cuervo, Verónica Orozco, Mario Duarte y Diana Ángel, acompañados de Luis Mesa (Francisco) lidiar con el devenir del duro contexto social en aquella institución. Y el relevo lo hizo muy bien Ricardo Vélez.

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