Conoce las implicancias de las funas en redes sociales

Una sicóloga y una abogada, ambas con perspectiva de género, explican las repercusiones previas y posteriores que existen, tanto para quien expone en internet como para el funado

 

Del mapudungún, “funa” es la acción de podrido, de pudrirse. Lo que arruina, el que echa a perder. Hoy, una denuncia social, un repudio público, un grito desesperado contra una persona que cometió una acción peligrosa, incluso ilegal. ¿En qué momento llegamos a este punto en el que explotaron las acusaciones por redes sociales?

“Creo que se debe a dos fenómenos: las pocas garantías judiciales que las mujeres sentimos al momento de denunciar institucionalmente a nuestros agresores, sobre todo con las muchas situaciones de violencia cotidiana que no tienen asidero en la legislación, como la violencia o el femicidio en el pololeo. El otro es la poca capacidad del Estado y sus agentes para considerarlas relevantes. Sabemos que, en los femicidios cometidos durante diez años, se concluye que más del 40% de esas víctimas denunciaron a sus agresores. ¿Cómo las mujeres terminan asesinadas, pese a que pusieron en funcionamiento el sistema?”, explica Nicole Henríquez, abogada feminista.

La última instancia

La entendida nos cuenta cómo la funa viene a compensar esa ausencia de ley, desidia o desinterés institucional. Una reparación simbólica para la víctima, ignorada por carabineros y jueces. “Las funas nacen, también, como una forma de alertar a otras mujeres sobre comportamientos tóxicos o derechamente ilegales”. Una alerta sobre individuos, que hoy la tenemos más fácil gracias a la conectividad, y cuyo fin es que los pares del funado logren un cerco que evite la replicación de las prácticas.

La última instancia, cuando todo lo demás falló. Así nace la funa, la salida final a ser ignorada; eso sí, hemos visto cómo este concepto de denuncia online ha ido mutando en el último tiempo y ahora resulta común encontrarse con posteos respecto al no pago de deudas, malas prácticas laborales o infidelidades.

“Hay funados a los que se les acusa de no pago de cotizaciones, pensiones, ghosting. Ése es otro tema y no hay que confundir, aunque muchas veces hay intersecciones. Muchos hombres que ejercen violencia misógina suelen ser irresponsables afectivamente”, nos cuenta Francisca Rodríguez, sicóloga clínica del programa de salud mental del Cesfam.

Muchas veces la funa es una herramienta de denuncia a agresores que ponen en peligro a otras personas. En esa línea es que la sicóloga nos orienta con pequeñas señales que deberíamos identificar antes de tener que llegar a la funa: el discurso de nuestra pareja/agresor, como la hipersexualización de la mujer o verla sólo para el consumo sexual con frases como “mansa mina” o “rica”, sin ninguna valorización como humana; y los relatos donde se demoniza o se destacan los aspectos negativos de la ex pareja como “mi ex está loca”.

El arrepentimiento

¿Qué hacemos con los funados? Francisca Rodríguez ve dos líneas generales, que sirven para identificar a aquellos hombres que pueden lograr un cambio o mejora tras su funa. Existen los agresores que responden a un impulso violento, entendiendo que el episodio fue grave y representa un daño para su pareja; y están aquellos que no logran tomar conciencia del problema. Ésos que piden perdón para alivianar su culpa o complacer a la contraparte, en lugar de hacerlo desde la sinceridad, sin establecer que se tiene clara la violencia ejercida, que puede ir desde un empujón a un femicidio, pasando por la manipulación, humillación o total control de la vida de la pareja.

En caso de tratar con un funado, sea amigo, familiar o pareja, ¿es suficiente pedir perdón o ir a terapia? No realmente, según la experta, porque es nominal. “‘Te pedí perdón’ o ‘estoy yendo a terapia’ son frases que sirven para marcar un antes y un después, como si eso significara un cambio. El cambio no ocurre un día puntual después de decir algo, es un proceso que se da con tiempo y trabajo. Es una decisión. El sólo hecho de asistir a un sicólogo no significa que te estás terapeando. Si no tomas conciencia del problema, no habrá cambios”, asegura Rodríguez.

Uno de los puntos a conversar, cuando un hombre es funado, es su red de contención. Si tomamos la decisión de acompañar a alguien que pasó por una funa, la sicóloga nos invita a no invisibilizar lo ocurrido. “Que un hombre no tenga dinámicas de violencia contigo no significa que no sea el agresor de otra. Es importante y primordial visibilizar esa parte de su historia como algo que ocurrió y que no lo vamos a negar ni a tapar, porque pasó, es parte de su biografía”.

Repercusiones legales

En términos judiciales, para los hombres funados, no es un proceso difícil. “No hay grandes problemas legales para el funado”, cuenta la abogada Hernández. “Para la mujer sí, puesto que es ella la susceptible a querellas o recursos de protección. Los problemas para el funado son la sanción social, pero no legal, y hemos visto cómo esa sanción es insuficiente y está supeditada a un tiempo limitado, como es el caso de Tea Time o Nicolás López. Hombres que, pese a sus funas y denuncias institucionales, han podido seguir con su carrera sin mayores sobresaltos”, asegura la experta.

En cambio, para nosotras, la cosa puede ponerse engorrosa. “Actualmente, es común ver recursos de protección interpuestos por estos agresores, acciones que en la mayoría de los casos tienen resultado positivo para el funado”. La recomendación, desde las leyes, consiste en denunciar con funas genéricas, sin indicar expresamente el nombre o características especiales de la persona para que resulte complejo acreditar el daño a la honra o privacidad del funado.

¿Cesarán los tiempos de funa? Pareciera que no, hasta que los procedimientos legales estén a la altura de los estándares de los derechos humanos, “donde no se revictimice a la víctima, donde su relato no sea cuestionado por el policía o agente estatal que la recibe”, apunta Nicole. Como alternativa a esta práctica, considera importante capacitar en temas de género y violencia a todos los actores que apoyan la función judicial, sean defensores, fiscales, querellantes, jueces.

“Lo políticamente correcto sería indicar que la vía legal es la vía óptima, pero eso no funciona en un Estado que no se hace cargo de todos los tipos de violencia. Pese a que ese predicamento es aconsejable, en lo personal, no me siento en condiciones para reprochar la funa per se, debido a todas las falencias judiciales que existen. Es cosa de revisar las cifras y verificar cuántas mujeres que han seguido el camino legal han resultado muertas”, cierra.

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