Descubriendo nuevos contaminantes en el agua

Con el mayor uso de medicamentos se han comenzado a detectar diferentes concentraciones de éstos en el agua de consumo humano. ¿Debemos preocuparnos?

Esta semana ha sido noticia en España (aquí, aquí o aquí) el hallazgo de antidepresivos y ansiolíticos en las aguas gallegas (tanto en estaciones depuradoras como en muestras tomadas del grifo) en un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos I de Madrid y el Laboratorio de Análisis de Calidad Ambiental de Santiago.

En primer lugar, no es nada descabellado que dichos medicamentos acaben en el agua de consumo. Los principios activos que lleva la dosis administrada a cada persona hacen un efecto deseado en el organismo,  el que se busca con la terapia prescrita, pero parte de ellos, o bien sus metabolitos, serán eliminados por las vías de excreción, acabando en las aguas residuales. Las estaciones de depuración no están diseñadas para hacer frente a cargas químicas complejas. De hecho, en las aguas residuales españolas ya se han detectado antes diferentes subproductos procedentes del consumo humano (fragancias, hormonas, medicamentos –1, 2, 3-). En aguas de consumo humano los estudios son menos abundantes. En el 2011 en Madrid no se encontraron medicamentos en el agua de bebida tras su paso por las depuradoras.

En el caso del estudio en aguas gallegas, los autores tomaron muestras tanto de estaciones depuradoras de aguas residuales, como de grifos públicos y privados.  De los 14 fármacos psicoactivos analizados, 12 fueron detectados en las aguas residuales, correspondiendo las mayores concentraciones halladas al grupo de los ansiolíticos. En el caso del agua de grifo fueron detectables 4 compuestos. El fármaco que presentó mayor concentración tanto en aguas residuales como de grifo fue el Lorazepam.

Como los autores explican, no se conocen los efectos a largo plazo de la exposición continua a estas bajas concentraciones de medicamentos. Mientras que para los adultos las consecuencias podrían ser insignificantes, para niños y ancianos podría haber un efecto no deseado debido a que éstos grupos de edad tienen menor capacidad de detoxificación y eliminación de moléculas nocivas del organismo. Así mismo, existen grupos de población que pueden presentar mayor sensibilidad, como los alérgicos a alguna de estas sustancias, o las embarazadas. Es importante recalcar (como insisten los investigadores) que debido al bajo número de estudios realizados en agua de consumo humano es pronto para sacar conclusiones que permitan tomar medidas sociosanitarias al respecto, así que… ¿qué se debe hacer?

Este tipo de estudios nos aproximan al conocimiento de qué nos rodea y cómo nos afecta. A partir de aquí la investigación debe dividirse en dos vías para aumentar la calidad de vida y reducir el riesgo de enfermedad:

  1. Para caracterizar al detalle las sustancias a que nos vemos expuestos a través del agua de consumo, y qué influencia tiene en la salud de la población deberían llevarse a cabo estudios de biomonitorización ambiental continuos, así como de seguimiento a las poblaciones circundantes, para establecer posibles vínculos entre exposición y efecto.
  2. Paralelamente, la investigación técnica en los medios de descontaminación y potabilización del agua debe continuar y/o aumentar, hasta poder eliminar o disminuir los niveles de las nuevas sustancias que hemos incorporado al consumo humano y que acaban volviendo al agua de consumo.

Pero, ¿es grave? ¿se debe dejar de consumir agua del grifo? No, salvo que la autoridad competente en cada zona desaconseje el consumo. No existe una alerta sanitaria, si bien la investigación debe continuar, como siempre, basada en el principio de precaución y en la medicina basada en la evidencia.

Link: La historia del agua embotellada: Costo para el bolsillo y el medio ambiente