De la Tierra a la Sostenibilidad: El cambio de enfoque en las Conferencias Mundiales de la ONU

En el nuevo siglo apareció la Sostenibilidad, de ser un adjetivo para caracterizar un estado imaginario, a tener entidad y personalidad propia, una cualidad hecha objeto.

Inicio con esta columna mi colaboración con VeoVerde, desde donde quincenalmente intentaré hablar de sostenibilidad desde los más diversos enfoques, aquellos que tanto mi formación como mi experiencia, y las múltiples fuentes de las que es posible informarse en esta era de la hipercomunicación, me permiten conocer.  Unos enfoques en permanente cambio, que precisamente muestran el dinamismo del sector que nos ocupa,  y quizás ese sea el motivo del tema elegido para empezar.

De partida me gustaría reflexionar precisamente en torno a la evolución que un concepto, que siendo supuestamente el mismo, ha sufrido un cambio más que patente a lo largo de los años como ejemplo de ese dinamismo, y es precisamente el de Sostenibilidad.

Se celebra en estos días la cumbre de Río +20, nombre informal para referirse a la V Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, cumbre de periodicidad decenal donde de la mano de la ONU se abordan la situación ambiental mundial y se acuerdan las principales directrices para los siguientes años. Si partimos del hecho de que las dos primeras conferencias mundiales, celebradas respectivamente en Estocolmo en 1972 y en Nairobi en 1982 se denominaron Cumbre Mundial de la Tierra (o Conferencia Mundial sobre Medio Humano en su denominación precisa) ya es patente la evolución desde una perspectiva centrada en la preservación de los ecosistemas naturales hasta un enfoque centrado en el modelo de desarrollo y sus implicaciones económicas, sociales y ambientales.

En medio, y como principal responsable de ese cambio, encontramos el conocido Informe Brundtland “Nuestro Futuro Común” encargado por el Club de Roma, donde se acuñó el término Desarrollo Sostenible.  El mismo ya ampliaba el enfoque, de centrarse en el manejo y conservación de los ecosistemas naturales, la perspectiva se amplió hasta abarcar el enfoque en los modelos de desarrollo y sus implicaciones, no ya sólo sobre la naturaleza (entendida a partir de ahora como el environment o medio ambiente resultante de una redundante traducción al castellano de dicho término), sino también sobre las sociedades y los sistemas económicos. Se tomó conciencia del planeta como un amplio ecosistema tanto natural, como social.

Hasta aquí lo sostenible debía aplicarse al modelo de desarrollo para no comprometer la calidad de vida de las generaciones futuras, y precisamente lo de sostenible venía por la búsqueda de un quimérico equilibrio entre los diferentes elementos: ambiental, social, económico y cultural, todo ello dentro de la dimensión temporal. Casi nada.

Sin embargo, de ahí ya entrados en el nuevo siglo apareció la Sostenibilidad, de ser un adjetivo para caracterizar un estado imaginario, a tener entidad y personalidad propia, una cualidad hecha objeto, como si así fuese más fácil medirla y por tanto , tener una meta más clara de cuan cerca se está de ella. Ya parece que no queramos saber cómo ser sostenible, dejamos de lado el proceso, el itinerario a seguir, ahora nos basta con conocer cuanto de sostenibilidad tenemos.

De estos y otros conceptos iremos hablando desde VeoVerde, con la idea no sólo de abordar los diferentes enfoques que puede tener la sostenibilidad, sino también de fomentar la cultura de la sostenibilidad aplicada a todo tipo de iniciativas y organizaciones.