El quiltro

¿Qué hacer con los perros vagos en Chile? Apreciaciones sobre la tenencia responsable de mascotas

El otro día tuve un exceso de sinceridad, y fui abucheada por algunos de ustedes, queridos lectores. Es cierto, me compré un perro, y lo dije, así tal cual. Resulta que soy de Valparaíso, donde tengo a la Negra (una mezcla entre labrador y pitbull) y a Duke Lorenzo (un tipo de siberiano choricuaco), quienes estaban en esa calle cuando llegué a habitar esa casa, y que de tan autodeterminados no soportan estar dentro de ella. Podríamos decir que son “Callejero (s) por derecho propio” como dice la canción, con “su filosofía de la libertad”. Eso no quita que me acompañen al plan, a las lecturas poéticas en La Sebastiana -casa de Neruda porteña de la que soy vecina- y hasta a las fiestas del Teatro Mauri. Tampoco quita que la Negra esté esterilizada, y ambos perros bien alimentados.

En Valparaíso aprendí que los perros vagos (que en algún momento sufrieron el abandono)  son animales muy inteligentes, con una personalidad cuasi humana, y sobre todo muy, muy rebeldes. Y conozco a varios: Barbas, Chubaca, Colo-Colo, Murci, Julio, Gasparín, Lobo, Nerón, Corza, Cazuelero y un largo etcétera.  Fíjense bien por qué lo digo, y sólo para muestra, un botón:

Un par de amigos, animalistas, se hicieron cargo de un perro, lo llevaron a  su casa, lo atendieron como rey, incluso se sacaron fotos las cuales mostraron por cuanta red social existe y obvio, a sus compañeros de trabajo. Estaban felices.  Hasta que un día, en un descuido, el perro salió corriendo cerro abajo. Por más que lo llamaron no se devolvió. Bajaron al plan, a buscarlo entre tanto perro, hasta que dieron con el can. Resulta que al verlos, nuevamente corrió despavorido, hasta perderse. Mi amiga no entendió nada, y quedó sumamente triste por el acontecimiento.

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(cc) Karen

No pude sino recordar “El Planeta de los Simios”, la nueva, que no tiene nada que ver con la protagonizada por Charlton Heston. Cesar, el mono criado por el científico luego de la muerte de su madre, llegada la adolescencia, le pregunta a su padre humano si él es una “mascota”, rol en el que se siente ofendido por la marcada jerarquía con el amo, la dependencia emocional de la que se debe hacer cargo, y la imposibilidad de hacer lo que su voluntad y deseos le dictan. El mono no se sentía una mascota, porque en esta categoría le era imposible crecer e independizarse, como es el caso de la mayoría de los hijos.

Fue así como comencé a pensar seriamente en que algunos perros, sentían esto y que su hábitat era la ciudad. Recorrerla por donde estimen, compartir y obviamente pelear con sus iguales, y “vivir” como modestamente le llamamos .

Cuando llegué a Santiago, me encontré un departamento a una cuadra y media de La Moneda, con muchos perros que de verdad, por la comprensión y experiencia de lo antes expuesto, eran imposibles de ser adoptados. Así que recurrí a un dato de una señora que tenía una perrita preñada por su otro perrito de forma “casual”. La perra era una salchicha normal, y el perro un toy de 9 meses. Ante la sorpresa  no sabía qué hacer con tanto perro.  Así que acordé quedarme con uno, y como la señora incurrió en gastos de vacunación y cuidó bien a la mamá, justo era dar dinero a cambio de éste.

Mi amiga tuvo que hacer lo mismo. Un día llegó con una foto de una cosita peluda y minúscula. Criable, apapachable, de alguna forma bastoncito de una carencia afectiva, de una maternidad frustrada, de una soledad profundamente lacrimógena y civilizada.

La parte dura de todo esto es otra, menos personal, y que guarda relación con la ley sobre tenencia responsable, la que se hizo urgente debido a los últimos hechos acontecidos en relación a ataques de perros peligrosos. Sabemos que muchos de estos una vez que  pasan de moda, o comienzan a dar problemas, son  abandonados en las calles.

Pero el problema es que el proyecto de ley sobre tenencia responsable sólo se centra en los animales potencialmente peligrosos; no establece una planificación o líneas de trabajo para el control canino;   rebaja de “delito al maltrato animal” el abandono de animales, a una falta (multa); y permite que el Juez de Policía Local elimine ciertos animales.

Cuando lo que se necesita realmente, frente a lo que yo llamaría seriamente, una parte dentro de la sociedad, representada por los perros vagos, previo abandono o “quiltraje”(que provendría de” quiltro” perro nacido de mezclas tanto posibles como imposibles) es el control ético de la población canina; la esterilización masiva y la educación sobre tenencia responsable; sancionando al abandono de animales como un delito (cárcel). Esto ya está planteado por un proyecto alternativo que promocionan los parlamentarios Horvarth y Guirardi.

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No obstante, yo iría aún más lejos. En Valparaíso, donde la sobrepoblación de quiltros es impresionante, se ha pasado por varias etapas: Desde matanza antes del 21 de Mayo para que los perros (como dije, sumamente rebeldes) no mordieran a los soldados cuando marchaban, pasando por  reubicarlos en caniles en Laguna Verde, lo que tampoco fue óptimo, porque los mantienen en encierro y las instalaciones no fueron suficientes para todos, hasta ahora último, el apadrinamiento de parte del Municipio, lo que ha resultado bastante mejor, puesto que la autoridad ha hecho convenios con veterinarias, para mejorar la salud de estos habitantes que ya portan collar municipal, y se pasean por las calles y plazas con una investidura de seudo funcionarios públicos (Lamentablemente el plan caducó por lo que se espera reanudarlo).

La última decisión, creo que es la más acertada. Debemos hacernos cargo de los “quiltros” como sociedad. Fomentar su cuidado, tengan o no dueños, porque finalmente siempre habrá de estos animales sin hogar dentro de la urbe, por la falta de espacio que les podemos proporcionar en nuestros departamentos. Todos conocemos las grandes dimensiones que la mayoría de estos poseen y sobretodo la libertad y carácter para enfrentar el mundo, que en muchas ocasiones no permite la figura de un “amo” y menos de encierro al que serían sometidos. Esto por supuesto, con el criterio de que hay perros que son cruzados para la venta a “consumidores” de un ser vivo, negligentes en su cuidado. A éstos se les debe obligar a responder por una tenencia responsable.

(En este post no incluí a los gatos, pero están muy presentes. Un saludo al occiso Artemio, Cocoa, Chichita, Jonás, Cizarro, Benito, Plomiscua, Gaspar, Juan Rezongas, Huguita, Don Clota, y todos los gatos del puerto)