Bonos de carbono: ¿Permiso excesivo para contaminar o un equilibrio aceptable?

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Los bonos de carbón son la unidad de transacción de un sistema internacional diseñado para reducir las emisiones contaminantes. Esta iniciativa es parte del Protocolo de Kyoto, un tratado entre naciones que busca enfrentar el calentamiento global o efecto invernadero.

Cuando una empresa o un gobierno reduce sus emisiones, puede certificar los gases que no emitió y transformarlos en bonos de carbono o en Certificados de Emisiones Reducidas (CER), que pueden ser vendidos en el mercado de carbonos.

Un CER es equivalente a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera, ya sea por un mejoramiento de eficiencia energética en la empresa, por usar energías renovables, por limpiar lagos y ríos, etc, etc.

Entonces, este sistema ofrece incentivos económicos a las empresas que quieran contribuir a mejorar el medio ambiente reduciendo sus emisiones. A su vez, las empresas que contaminan más de lo debido deben pagar su exceso a través de la compra de estos bonos.

El mercado de bonos de carbono ha crecido enormemente, de hecho, su precio ha aumentado de 3.45 dólares en 1998 a 16 dólares en 2009.

Todo suena muy bien cuando se mira desde el lado de la empresa con conciencia ecológica que no contamina y que es premiada por eso. Pero si lo miramos desde el punto de vista de la empresa que contamina en exceso, comienzan a surgir las dudas cuando vemos que están comprando un permiso para contaminar.

¿Les parece que este sistema se puede prestar para abusos? ¿Por qué no hacer un esfuerzo y usar alguna de las tecnologías limpias de la larga lista que hay hoy en día? ¿o existen procesos necesarios en los que realmente sea inevitable contaminar mucho?