La violencia contra las mujeres ya no puede verse como un problema aislado ni como una realidad que afecta únicamente a determinados países. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) lanzó una advertencia contundente al calificar este fenómeno como una “emergencia global”, una situación que continúa cobrando miles de vidas cada año y que sigue afectando a millones de mujeres y niñas en todo el mundo.
La alerta fue planteada por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, durante una intervención ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. Allí, el funcionario sostuvo que la violencia contra las mujeres, incluidos los feminicidios, refleja una crisis estructural que trasciende fronteras, culturas y niveles de desarrollo.

Cuando el silencio protege a los agresores
Para explicar la magnitud del problema, Türk hizo referencia a dos casos que han generado impacto internacional: el de Dominique Pelicot, en Francia, y el del fallecido financiero estadounidense Jeffrey Epstein.
Aunque ocurrieron en contextos diferentes, ambos casos evidencian patrones similares. Según el Alto Comisionado, muestran cómo determinados sistemas sociales, políticos y culturales pueden terminar silenciando a las víctimas mientras protegen a hombres con poder, influencia o capacidad para evadir responsabilidades.
Durante su intervención, Türk preguntó cuántos hombres similares a Pelicot o Epstein podrían existir sin haber sido descubiertos todavía. Para la ONU, estos casos no son excepciones, sino señales de una problemática mucho más amplia y profunda.
Una cifra que estremece al mundo
La preocupación de Naciones Unidas se sustenta también en datos alarmantes. De acuerdo con información citada por la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, alrededor de 50.000 mujeres y niñas fueron asesinadas en 2024.
Lo más preocupante es que la mayoría de estas muertes ocurrió dentro de entornos que deberían ser seguros. En muchos casos, los responsables fueron familiares, parejas o exparejas de las víctimas.
Estas cifras reflejan una realidad que se repite en distintas regiones del planeta y que pone en evidencia que la violencia de género continúa siendo una de las violaciones de derechos humanos más extendidas y persistentes de nuestro tiempo.

La violencia también se esconde detrás de una pantalla
La ONU alertó además sobre una amenaza que crece con rapidez: la violencia digital. El auge de las redes sociales y de las plataformas digitales ha abierto nuevos espacios de participación para las mujeres, pero también ha dado lugar a nuevas formas de agresión.
Insultos, amenazas, campañas de desprestigio, acoso y discursos de odio forman parte de una realidad que afecta especialmente a quienes ocupan cargos públicos o tienen visibilidad social.
Türk señaló que muchas mujeres que participan en política afirman enfrentar constantemente ataques misóginos en internet. Este fenómeno, lejos de ser un problema menor, puede limitar la participación femenina en la vida pública y afectar el ejercicio de derechos fundamentales como la libertad de expresión.
¿Y qué ocurre en Ecuador?
La realidad ecuatoriana refleja que la violencia contra las mujeres sigue siendo un desafío urgente. Según el Servicio Integrado de Seguridad ECU 911, entre el 1 de enero y el 22 de noviembre de 2025 se coordinaron 65.138 emergencias relacionadas con violencia intrafamiliar en todo el país, un promedio de 200 reportes diarios.
De ese total, 9.431 alertas correspondieron a agresiones específicas contra mujeres, lo que equivale a cerca de 29 casos diarios. Las autoridades recuerdan que estos reportes son catalogados como alertas de alto riesgo y activan protocolos de respuesta inmediata para proteger a las víctimas.
Justicia, protección y acciones concretas
Frente a este panorama, la ONU hizo un llamado a los gobiernos para actuar con mayor firmeza. El organismo pidió investigar todas las denuncias de violencia contra las mujeres, garantizar protección efectiva para las sobrevivientes y asegurar que los responsables enfrenten la justicia sin privilegios ni favoritismos.
Además, insistió en la necesidad de combatir la impunidad, fortalecer las instituciones encargadas de atender estos casos y promover cambios culturales que permitan prevenir la violencia desde sus raíces.

Una tarea que involucra a toda la sociedad
Más allá de las cifras y los discursos, el mensaje de Naciones Unidas apunta a una transformación colectiva. La violencia contra las mujeres no es un problema exclusivo de las víctimas ni una responsabilidad únicamente de los gobiernos.
La construcción de sociedades más seguras e igualitarias requiere la participación de familias, comunidades, instituciones educativas, medios de comunicación y ciudadanos comprometidos con el respeto y la igualdad.
La declaración de la ONU busca recordar que cada mujer merece vivir libre de miedo, discriminación y violencia. Convertir ese objetivo en una realidad sigue siendo uno de los mayores desafíos del mundo actual, pero también una oportunidad para avanzar hacia sociedades más justas, inclusivas y humanas.
