Cada 15 de mayo, el mundo conmemora el Día Internacional de las Familias, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas para reconocer la importancia de los vínculos familiares y reflexionar sobre los desafíos que enfrentan los hogares en la actualidad. Pero detrás de esa celebración existe una realidad que durante años ha permanecido invisibilizada: millones de mujeres siguen siendo el eje emocional, organizativo y afectivo de las familias.
No solo cocinan, limpian o cuidan. También recuerdan citas médicas, organizan gastos, contienen emociones, gestionan conflictos, acompañan procesos escolares, cuidan a personas enfermas y sostienen emocionalmente a quienes las rodean. Ese trabajo cotidiano, muchas veces silencioso, tiene nombre: trabajo de cuidados y carga mental.
Y aunque rara vez aparece en recibos de sueldo o estadísticas económicas tradicionales, mueve hogares enteros y sostiene buena parte de la sociedad.
El trabajo invisible que mantiene funcionando a las familias
Durante décadas, las tareas domésticas y de cuidado fueron vistas como “obligaciones naturales” de las mujeres. Sin embargo, organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la ONU han insistido en que se trata de un trabajo esencial para la economía y el bienestar social.
Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, las mujeres de América Latina dedican entre el doble y el triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
En Ecuador, esta realidad también es evidente. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y estudios regionales muestran que las mujeres son quienes asumen mayoritariamente las tareas de cuidado dentro de los hogares. Esto incluye desde cocinar y limpiar hasta acompañar emocionalmente a hijos, adultos mayores o personas enfermas.
La llamada “carga mental” también forma parte de este trabajo invisible. No se trata únicamente de ejecutar tareas, sino de planificar, recordar y coordinar todo lo relacionado con el funcionamiento del hogar. Recordar vacunas, pagar servicios, organizar cumpleaños, comprar alimentos o estar pendientes del bienestar emocional de la familia son actividades que recaen desproporcionadamente sobre las mujeres.
La ONU incluso creó el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo para reconocer la importancia de este trabajo y advertir que la mayor parte sigue siendo no remunerado y realizado por mujeres.
Cuando cuidar también significa agotarse
Aunque muchas veces el cuidado se relaciona con amor y compromiso, especialistas advierten que la sobrecarga emocional puede afectar profundamente la salud mental de las mujeres.
El agotamiento físico y emocional derivado de las dobles y triples jornadas —trabajo remunerado, tareas domésticas y cuidado familiar— se ha convertido en una preocupación creciente en América Latina.
Investigaciones recientes señalan que incluso en hogares donde las mujeres trabajan a tiempo completo, ellas continúan realizando la mayor parte del trabajo no remunerado. Solo en Ecuador por cada 100 horas de trabajo no remunerado, las mujeres realizaron 75 horas. Además, ellas dedican, en promedio 28,7 horas semanales a tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, mientras que los hombres destinaron 11,4 horas. En total, el trabajo no remunerado en Ecuador alcanzó cerca de 24.964 millones de dólares, equivalente al 21% del PIB nacional.
En varios países de la región, las mujeres reportan mayores niveles de estrés vinculados a responsabilidades domésticas y familiares. Un artículo reciente publicado por El País sobre profesoras chilenas describía cómo muchas viven una “tercera jornada” en casa después del trabajo formal, encargándose de cuidados y tareas domésticas sin descanso real.
El impacto también puede verse en la economía. Muchas mujeres reducen sus jornadas laborales, rechazan ascensos o abandonan empleos para asumir responsabilidades de cuidado. Esto influye directamente en las brechas salariales, la independencia económica y las oportunidades profesionales.
Las mujeres que sostienen hogares enteros
Hablar de familias hoy también implica reconocer a las mujeres que lideran hogares solas. Madres solteras, abuelas cuidadoras, hermanas mayores, tías, madrinas o mujeres que se convierten en sostén económico y emocional de sus familias forman parte de una realidad cada vez más visible en América Latina.
La CEPAL ha advertido que la pobreza y la desigualdad afectan de manera desproporcionada a las mujeres, especialmente a quienes tienen responsabilidades de cuidado.
En muchos casos, estas mujeres deben equilibrar empleo, maternidad, tareas domésticas y acompañamiento emocional sin redes de apoyo suficientes.
Y aunque históricamente el modelo de familia tradicional dominó el imaginario social, las estructuras familiares han cambiado profundamente.
Ya no existe una sola forma de familia
Uno de los cambios más importantes de las últimas décadas es la transformación de las familias.
Hoy existen múltiples formas de construir vínculos y hogar:
- Familias monoparentales: Son hogares en los que una sola persona asume la crianza y el cuidado de hijos o hijas. En América Latina, la mayoría están encabezadas por mujeres. Pueden formarse por divorcio, viudez, maternidad/paternidad independiente o abandono. Muchas madres monoparentales enfrentan mayores desafíos económicos y de carga emocional porque deben equilibrar trabajo, cuidados y administración del hogar solas.
- Familias ensambladas: También llamadas “reconstituidas”. Se forman cuando una pareja inicia una relación y uno o ambos integrantes ya tienen hijos de relaciones anteriores. Aquí suelen convivir padrastros, madrastras, hermanastros y nuevas dinámicas familiares. Requieren procesos de adaptación emocional, construcción de confianza y redefinición de roles.
- Parejas sin hijos: Son parejas que deciden no tener hijos o que, por distintas circunstancias, construyen su vida familiar de otra manera. Durante años fueron vistas como una excepción, pero hoy representan una realidad cada vez más visible. Muchas priorizan proyectos personales, estabilidad económica, salud mental o estilos de vida distintos.
- Familias homoparentales: Son familias conformadas por parejas del mismo sexo que crían hijos o construyen un hogar juntos. Pueden incluir hijos biológicos, adopción, coparentalidad o técnicas de reproducción asistida. Distintos estudios internacionales han mostrado que el bienestar infantil depende de la calidad del vínculo y el entorno afectivo, no de la orientación sexual de los padres.
- Personas que viven con amigas o redes afectivas: Cada vez más personas eligen compartir vivienda y vida cotidiana con amigas o amigos cercanos. Aunque no siempre se consideran “familia” en términos legales, estas redes cumplen funciones de acompañamiento emocional, apoyo económico, cuidado y contención similares a las de un hogar tradicional.
- Familias elegidas: Son vínculos afectivos construidos fuera de la familia biológica o legal. Amigas, amigos, colegas o comunidades cercanas pueden convertirse en el principal sistema de apoyo emocional y cotidiano de una persona. Este concepto es especialmente fuerte entre jóvenes, personas migrantes y comunidades LGBTQ+. La idea central es que la familia también puede construirse desde el afecto y la confianza.
- Familias multiespecie: Muchas personas consideran a sus mascotas parte fundamental de la familia. Perros, gatos y otros animales ocupan un rol emocional importante dentro del hogar. Este concepto ha ganado fuerza porque refleja nuevas formas de vínculo afectivo, cuidado y convivencia, especialmente entre generaciones jóvenes y personas que viven solas o sin hijos.
- Parejas LAT (“Living Apart Together”): Son parejas estables que mantienen una relación afectiva seria, pero deciden vivir en casas separadas. Este modelo crece especialmente entre adultos jóvenes y personas divorciadas que desean conservar independencia, espacios personales y autonomía.
- Familias multigeneracionales: Son familias donde conviven varias generaciones bajo el mismo techo: abuelos, padres, hijos, tíos o nietos. En América Latina son comunes por razones económicas, culturales o de cuidado. Muchas veces las abuelas cumplen un rol clave en la crianza y sostenimiento emocional del hogar.
- Familias transnacionales: Se forman cuando algunos miembros viven en diferentes países, pero mantienen vínculos económicos y emocionales constantes. Es frecuente en contextos migratorios. Muchas madres o padres migrantes sostienen económicamente a sus familias desde el extranjero mediante remesas y comunicación digital.
La propia ONU reconoce que las familias son diversas y que las políticas públicas deben adaptarse a esa realidad.
Para muchas personas jóvenes, especialmente mujeres, la idea de familia también se ha transformado en un espacio de apoyo emocional y afectivo que no necesariamente depende de lazos sanguíneos.
Amigas que se convierten en red de contención, compañeras de vida, comunidades afectivas y grupos de apoyo también cumplen funciones tradicionalmente asociadas a la familia.
“A veces la familia también se elige” se ha convertido en una frase que refleja las nuevas dinámicas sociales.
El trabajo no remunerado también mueve la economía
Aunque históricamente no ha sido contabilizado como parte de la economía formal, organismos internacionales insisten en que el trabajo doméstico y de cuidados tiene un enorme valor económico.
La CEPAL sostiene que la economía del cuidado es fundamental para el funcionamiento de las sociedades y que sin ella sería imposible sostener el mercado laboral y los sistemas productivos.
En algunos países de América Latina, estudios han estimado que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado puede representar entre el 15% y el 27% del Producto Interno Bruto. La mayoría de esas tareas son realizadas por mujeres. Solo en Ecuador, la cifra alcanza el 21% del total nacional.
Además, la pandemia de COVID-19 profundizó las desigualdades. El cierre de escuelas, el cuidado de personas enfermas y la sobrecarga doméstica incrementaron el tiempo de trabajo no remunerado femenino en toda la región.
La CEPAL advirtió que las mujeres fueron uno de los grupos más afectados por la crisis debido a las responsabilidades de cuidado y la pérdida de empleo.
El desafío: reconocer, redistribuir y cuidar a quienes cuidan
El Día Internacional de las Familias también abre una conversación urgente: ¿quién cuida a las mujeres que cuidan?
Especialistas insisten en que reconocer el trabajo invisible no basta. También es necesario redistribuirlo. Eso implica que las tareas domésticas y de cuidado no recaigan únicamente sobre las mujeres, sino que exista corresponsabilidad dentro de los hogares, políticas públicas de apoyo y sistemas de cuidado más justos.
La ONU ha señalado que reducir las desigualdades en el trabajo de cuidados es clave para alcanzar la igualdad de género. Porque detrás de millones de familias hay mujeres sosteniendo emociones, rutinas y vínculos todos los días.
Y aunque durante mucho tiempo ese esfuerzo fue considerado “natural” o invisible, hoy cada vez más voces coinciden en algo: cuidar también es trabajo.
