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Bokertov: El ritual del pan que sanó un linaje y conquistó una ciudad

Dina Dubnitsky y Michelle Kats
Dina Dubnitsky y Michelle Kats El ritual del pan que sanó un linaje.

Lo que comenzó como un blog terapéutico tras una circunstancia familiar delicada, hoy es un ecosistema de cuatro locales que celebran la vida, la resiliencia y la herencia judía en el corazón de Quito. Dina Dubnitsky y Michelle Kats, madre e hija, no solo han construido una marca gastronómica de éxito; han diseñado un puente de amasar donde la espiritualidad y los negocios se encuentran. Ellas nos cuentan cómo la complicidad entre dos generaciones de mujeres extranjeras —pero “más quiteñas que el locro de papa”— redefinió a este emprendimiento con propósito.

Dina Dubnitsky y Michelle Kats
Dina Dubnitsky y Michelle Kats

El origen de Boker Tov se da cuando Dina encontró en la cocina su camino de regreso a la luz gracias a la “presión” amorosa de su hija Michelle. “Mi hija me inyectó esa pasión por dar a conocer nuestras recetas”, confiesa Dina, subrayando aquella niña que a los 13 años ya soñaba con tener su propia cafetería, hoy lidera junto a su madre un sueño que parece haber sido “planificado por el Universo”.

Para Dina, el pan no es solo un alimento básico; es un elemento de supervivencia y espiritualidad heredado de sus padres, sobrevivientes del holocausto. Cada viernes, el amasado se convierte en un ritual de bendiciones que comparte con miles de mujeres a través de sus redes sociales. “Para mí, el pan es rezar, es amasar y pensar en bendiciones”, explica emocionada, recordándonos que en sus manos la masa no solo crece, sino que contagia una inocencia y una fe que no es fingida, sino profundamente verdadera.

Dina Dubnitsky y Michelle Kats
Dina Dubnitsky y Michelle Kats

Esa misma magia se traslada a cada receta de Boker Tov, donde cada plato tiene nombre propio y cuenta una historia de conexión humana. Desde los muffins de zanahoria que llevan el nombre de una compañera de universidad, hasta el locro de papa que le enseñó una empleada de confianza, Dina ha construido un recetario en cuatro idiomas que rinde homenaje a las mujeres que han pasado por su vida. “Cada plato tiene historia”, asegura, demostrando que la marca es, en realidad, un diario de gratitud comestible.


Michelle, por su parte, aporta el “coraje” y la visión comercial que complementan el don artístico de su madre. Desde pequeña, vendía los panes de canela de Dina tocando puertas en su urbanización, demostrando una personalidad atrevida que hoy es el motor de expansión de la marca. “Nos dimos cuenta de que yo tengo esa personalidad de atreverme a tocar puertas... y mi mamá tiene este otro don espectacular: sus manos mágicas”, relata Michelle, celebrando la sinergia que las ha llevado a abrir cuatro locales en tiempo récord.

Emprender en Ecuador siendo tres mujeres extranjeras (junto a su socia Ana) ha sido un acto de valentía y amor por esta tierra. Michelle se siente “más quiteña que la empanada de queso” y reconoce que, aunque el camino gastronómico tiene sus retos logísticos, la sinergia entre las tres ha permitido crear bases sólidas. “Emprender en Ecuador es de valientes... pero logramos crear esa sinergia donde cada una pone su pedacito en la mesa para crear una cosa entera”, afirma con orgullo.

El éxito de Boker Tov también se mide en el impacto social que genera, dando empleo actualmente a cerca de 50 personas. Para Dina y Michelle, sus colaboradores no son solo empleados, sino parte de una familia que tiene oportunidades reales de crecimiento. “Queremos que también florezcan”, dice Michelle, mencionando casos como el de su chef ejecutivo, quien empezó desde la base y hoy lidera la operación de los cuatro locales.

Trabajar en familia, sin embargo, requiere reglas claras y la capacidad de separar los roles de madre e hija de los de socias. Aunque admiten que a veces tienen roces debido a sus personalidades fuertes y parecidas, el secreto de su fluidez es el respeto mutuo y la intervención de su socia Ana para mantener el orden. “Hay que separar las cosas, porque si no separas es muy difícil”, advierte Dina, quien valora la confianza ciega que existe en este equipo femenino.

La admiración entre ambas es el cimiento de todo. Michelle celebra la capacidad de su madre para “hacer todo bien” con las manos y su talento para “romantizar la vida” a través de señales cotidianas, como el vuelo de un colibrí. “Ella me enseñó a romantizar más... si crees que las señales son positivas, tu día es positivo”, dice Michelle. Por su parte, Dina admira la fuerza interior de su hija, quien la impulsó y preparó emocionalmente incluso antes de su divorcio, dándole la seguridad necesaria para emprender.

Boker Tov es, en definitiva, la historia de cómo una hija “angelito” encaminó a una madre que se sentía perdida, transformando una crisis personal en un referente de la industria. Dina lo resume con una humildad que inspira: “Esa niña vino a mi vida para mostrarme mucha cosas maravillosas”. Juntas han demostrado que la maternidad y el emprendimiento pueden convivir cuando hay honestidad, amor por el oficio y una profunda conexión espiritual con lo que se entrega al mundo.

Al final de este viaje de harina y sueños, Boker Tov nos deja una lección de vida: si tienes pan en la mesa, tienes esperanza. Como dice Dina, su éxito es contagiar a otros con esa “sorpresa” e inocencia de ver crecer cada pan, recordándonos que las mejores marcas son aquellas que se atreven a mostrar su alma humana.

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