A sus 29 años, Jocelyne Paredes Quintero, conocida como Josh Paredes, ha logrado conectar con miles de personas desde el humor, la autenticidad y ese acento cuencano que decidió no esconder nunca.

Lo que comenzó como una forma de distraerse en pandemia, terminó convirtiéndose en una voz que hoy acompaña, inspira y también abraza. Pero detrás de las risas, de los videos virales y de frases como “ya deja, deja”, hay una historia marcada por decisiones difíciles, momentos de vulnerabilidad y una convicción que la ha acompañado siempre.
“Mi mami toda la vida me decía: ‘Mija, tú eres bendecida’”.
Cuando comunicar también es sanar
Antes de las redes sociales, Josh ya estaba frente a cámaras como presentadora de televisión, en un canal cuencano. Sin embargo, fue durante la pandemia cuando encontró un nuevo espacio para expresarse.

“Lo empecé como una terapia… como algo para no quedarme quieta”, recuerda.
En medio del encierro, el tiempo libre y el auge de las redes sociales, decidió probar con su propia voz, con su propia esencia. Y algo cambió.
El público no solo la veía: se reconocía en ella.
Su forma de hablar, sus historias familiares, sus ocurrencias… todo comenzó a viralizarse. Pero también implicó enfrentarse al juicio, a la exposición y a dejar atrás la vergüenza.
Una voz que representa
Josh nunca intentó modificar su acento ni suavizar su identidad. Al contrario, convirtió su forma de hablar en su mayor fortaleza.

“Cada uno tiene que sentirse orgulloso de lo que es”.
Así, lo cotidiano se volvió contenido: las reuniones familiares, las preguntas incómodas, las tías curiosas, las tradiciones. Su primer gran video viral nació justamente de ahí: una escena navideña que terminó reflejando a miles de familias ecuatorianas.
Un momento que cambió todo
En 2025, su vida atravesó uno de los momentos más complejos, cuando recibió un diagnóstico que lo cambió todo, justo cuando estaba a punto de cumplir uno de sus sueños: participar en uno de los programas de cocina más importantes del país.
“Yo ya vi en la cara que algo no estaba bien… y todo se me vino abajo”.
La palabra cáncer trajo miedo, incertidumbre y una profunda vulnerabilidad, no solo para ella, sino también para su familia.
“Ver a mis papás así… fue de las cosas más duras”.
Sin embargo, decidió no detenerse.
Seguir, incluso con miedo
Josh tomó una decisión que marcaría su historia: continuar.
Se operó y viajó. Con dolor, con dudas, pero también con una convicción clara: no renunciar a sus sueños.
“Yo decía: primero tengo que operarme… y luego sanarme. Paso a paso”.
Ese proceso no fue en soledad. Estuvo acompañado de médicos, de su familia y de personas que llegaron en el momento preciso.
Aprender sin estrategia y sostenerse en otros
Lejos de construir una estrategia rígida, dentro de las cocinas, Josh decidió dejarse llevar por el proceso. “Yo nunca fui con una estrategia, ni siquiera sabía si me iba a ir”, confiesa.
Su objetivo era simple: aprender, sostenerse y no ser la primera en salir. Entre jornadas intensas y grabaciones que parecían no terminar, buscaba cualquier espacio para estudiar, practicar y reconectar con ese amor por la cocina que heredó de su familia.
Pero lo más valioso no solo estuvo frente a las cámaras. En medio de uno de los momentos más vulnerables de su vida, encontró también nuevas amistades que se convirtieron en su red.
“Tenía amigos que me acompañaban a hacerme los exámenes, que se subían conmigo a un Uber para ir al hospital… eran ángeles”, recuerda.
Permitirse ser humana
Durante años, su contenido estuvo marcado por el humor. Pero esta vez decidió mostrarse diferente.
Más real. Más humana.
“Yo no me tenía por qué ocultar… si han estado en los momentos lindos, también podían estar en los difíciles”.
Y lo que encontró fue una comunidad que no solo la seguía, sino que la sostenía.
“Recibí un amor que no pensé merecer”.
Las raíces que sostienen
Si algo define a Josh es su vínculo con la familia. Una conexión profunda que va más allá de la cercanía y se convierte en identidad.
Sus abuelos, especialmente, marcaron su vida de forma imborrable.
“Yo no me había dado cuenta cuánto hablaba de ellos… hasta que estuve ahí”.
Muchos de sus platos nacieron desde ese recuerdo, desde ese legado donde la comida siempre fue un lenguaje de amor.
Volver a casa: lo que realmente importa
Lejos de Cuenca, entendió cuánto significa su raíz. Josh se define como profundamente familiar, de esas personas que necesitan volver, abrazar, compartir.
“Yo extraño ver a mi familia todas las semanas”, dice con honestidad. Extrañó a sus padres, a sus sobrinos, pero también esos pequeños rituales que sostienen: una conversación en casa, cocinar juntos, sentir que siempre hay un plato listo como lenguaje de amor. Porque en su historia, la familia no es solo un lugar, es un refugio.
Y aunque hoy su vida se expande hacia nuevos sueños, hay algo que no cambia: su deseo de construir ese mismo hogar que la formó. Un espacio propio, estable, lleno de amor, donde lo cotidiano tenga valor. Porque después de todo lo vivido, Josh tiene claro que el verdadero éxito no está solo en lo que se logra afuera, sino en lo que se sostiene adentro.
El amor que llegó en el momento justo
En medio de todo este proceso, el amor también la sostuvo. Juan Diego Vintimilla, su pareja, se convirtió en un apoyo fundamental en una etapa llena de emociones.
“Él entendió mi mundo… y eso no es fácil”.
La propuesta de matrimonio llegó cuando menos lo esperaba, y en el sitio donde soñé estar. ‘Lo planeó, y lo hizo muy bien”, así nos los confesó ella.
“Dejó todos sus miedos a un lado para hacer algo que sabía que significaba mucho para mí”.
Hoy, ambos construyen una nueva etapa, con campanas de boda, programadas para los siguiente meses.
Con los pies en la tierra
A pesar del reconocimiento y la exposición, Josh tiene claro qué la sostiene.
La humildad, los valores que le enseñaron sus padres y el amor de su comunidad. Confesó a Nueva Mujer que su principal ingrediente en la vida será siempre la ‘gratitud’, palabra que la lleva tatuada en su piel.
“Si algún día me pierdo, quiero que alguien me lo diga… porque ahí ya no sería yo”.
La historia de Josh Paredes no es solo la de una creadora de contenido. Es la de una mujer que entendió que la fortaleza no está en ocultar el dolor, sino en atravesarlo.
En seguir, incluso cuando todo cambia.En abrazar su historia completa.
Y en repetirse, incluso en los días más difíciles:
“Soy bendecida”.
