La reconocida médium argentina llega por primera vez a Ecuador para recordarnos que el amor no se suelta, se transforma, y que nuestras raíces espirituales son mucho más profundas de lo que la estructura social nos permite ver.
Nacida en Buenos Aires y radicada frente al susurro del mar en Mar del Plata, Noelia no es una vidente común. Es una mujer que rompió tabúes y barreras para poner un don extraordinario al servicio de la paz ajena. “Soy una mujer que aprendió a creer en este don maravilloso que tiene y lo puse al servicio de la humanidad”, confiesa con una serenidad que desarma. Para ella, la mediumnidad no es un espectáculo, es un puente de gratitud y empatía.

El despertar de una conciencia sin límites
La historia de Noelia comenzó a los seis años, en el rincón de una habitación donde la imagen de un hombre le reveló secretos que una niña no tendría por qué saber. Era su tío abuelo, alguien que había partido antes de su nacimiento. “Mi mamá buscó ayuda médica, psicológica... pero un día, dándole un mensaje a nuestro médico de familia, él le dijo a mi madre: ‘si no la quieres en casa, yo me la quedo, porque lo que está haciendo está bien’”, recuerda entre risas. Ese fue el permiso sagrado para ser quien es.
Noelia explica con claridad científica y espiritual por qué los niños son más receptivos: “El ser humano vive en conciencia limitada, pero las criaturas viven en conciencia amplificada. No marcan límites, no tienen restricciones”. Es esa misma conciencia la que recuperamos al soñar o al meditar, momentos donde el espíritu se retira del cuerpo físico y conecta con lo eterno.

Sanar el linaje y transformar el dolor
Uno de los puntos más sensibles de nuestra charla fue el concepto de “soltar”. En una sociedad que nos empuja a olvidar rápido para seguir produciendo, Noelia propone algo distinto. “No comprendo cuando la gente dice ‘no lo puedo soltar’. No hay que soltar, no hay que olvidar; hay que aprender que existen de otra forma”, asegura con firmeza. El amor no es un hilo que se corta, es una energía que se queda para darnos fortaleza.
Sobre nuestro linaje, Noelia es clara: aquellos que amamos se convierten en guías. “Son almas tan ascendidas que nos sirven de guía. Por eso es tan importante generar esa evolución en el plano terrenal mientras estamos aquí”, explica. La clave está en despojarnos del ego de posesión y limpiar nuestro camino espiritual con actos de amor y empatía.

El miedo y la transición final
La muerte suele ser la “mala de la película”, pero para Noelia es una compañera diaria. “Morimos y nacemos todos los días. Morimos en versiones nuestras para crecer y ser mejores”. Ante la pregunta inevitable sobre el temor a partir, su respuesta es un bálsamo: “La muerte no duele, duele el proceso. Pero morir es el permiso de existir eternamente”.

Noelia Pace no solo viene a Ecuador a dar mensajes; viene a enseñar que somos artífices de un fluido energético infinito. “Yo ya sé cuándo va a ser mi muerte, eso lo saben mis hijos y mi marido. Lo único que espero es haber llevado conciencia a muchos.
Me visualizo descansando por un tiempo, aunque me queda una vuelta más en este plano, pero vos sabes que siempre en mis vidas pasadas siempre fui médium o vidente, siempre estuve relacionada a esto. Así que espero que la próxima tarea que me mande el superior sea tan hermosa como esta, con mucha más expansión. Por lo pronto lo proyecto en mi vida terrenal. Tu camino espiritual comienza en la concepción misma.
Vos sos dueño de hacer que ese camino sea de elevación", concluye. Escucharla es, sin duda, una invitación a vivir con más gratitud y a mirar al cielo sabiendo que, del otro lado, siempre hay alguien escuchando.
