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¿Tus hijos solo quieren el celular? El impacto del uso excesivo de pantallas en niños y adolescentes en Ecuador

En Ecuador, cada vez más niños y adolescentes pasan entre cinco y nueve horas diarias frente a pantallas. Especialistas advierten que el uso excesivo del celular puede afectar el sueño, la concentración y la regulación emocional en etapas clave del desarrollo.

El impacto del uso excesivo de pantallas
El impacto del uso excesivo de pantallas Tips para padres. (Valerii Honcharuk)

En miles de hogares ecuatorianos la escena se repite todos los días: un niño que pide el celular “solo un rato”, un adolescente que se encierra en su habitación con el teléfono en la mano y una mesa familiar donde cada integrante revisa su propia pantalla. Lo que parecía una situación temporal durante la pandemia terminó convirtiéndose en rutina. Desde marzo de 2020, cuando el confinamiento obligó a trasladar clases, trabajo y entretenimiento al mundo digital, el tiempo frente a pantallas aumentó de forma acelerada. Lo que comenzó como una herramienta necesaria para estudiar y comunicarse se transformó en hábito permanente.

Hoy, distintos estudios internacionales indican que niños pueden pasar hasta cinco horas diarias conectados a dispositivos electrónicos, mientras que en adolescentes el promedio puede alcanzar las nueve horas al día. En Ecuador, donde el acceso a internet en los hogares ha crecido sostenidamente y existen más líneas móviles activas que habitantes, el celular dejó de ser accesorio para convertirse en parte de la vida cotidiana. El problema no es solo el tiempo de uso, sino lo que ese tiempo está desplazando.

Belén Navarro
Belén Navarro Psicóloga Clinica. Redes: @belenavarro

Durante una charla organizada por la Fundación Latinos Educación, la psiquiatra clínica Belén Navarro abordó precisamente esta preocupación creciente entre padres y docentes: el uso excesivo del celular en niños y adolescentes. La especialista explicó que la tecnología no es el enemigo, pero el uso sin límites sí puede generar consecuencias en el desarrollo emocional y cognitivo. Según Navarro, el exceso de pantallas puede afectar el sueño, la concentración y la regulación emocional, especialmente en cerebros que aún están en proceso de maduración.

El cerebro infantil y adolescente no está completamente desarrollado. Las áreas responsables del control de impulsos y la toma de decisiones continúan formándose hasta la adultez temprana. Las plataformas digitales y los videojuegos están diseñados para generar recompensas inmediatas: notificaciones, “likes”, puntos y niveles que activan el sistema de recompensa cerebral. Este estímulo constante puede dificultar la autorregulación y aumentar la necesidad de gratificación inmediata. En otras palabras, no se trata simplemente de falta de disciplina, sino de un proceso neurológico que todavía no alcanza su madurez.


El contenido que consumen también varía según la edad. En la primera infancia predominan plataformas como YouTube y contenidos animados. Entre los 8 y 12 años ganan terreno videojuegos como Roblox, Free Fire y Minecraft, muchos de ellos con interacción en línea. En la adolescencia, TikTok, Instagram y los videojuegos competitivos ocupan gran parte del tiempo libre. Estas plataformas concentran entretenimiento, socialización y ocio en un solo dispositivo, reemplazando espacios tradicionales como el parque, el deporte o la conversación familiar.

Las señales de alerta pueden ser sutiles al inicio, pero con el tiempo se vuelven evidentes. Irritabilidad cuando se retira el dispositivo, dificultad para sostener la atención en tareas escolares, alteraciones del sueño y baja tolerancia a la frustración son algunas de las manifestaciones más comunes. En muchos casos, los conflictos familiares aumentan cuando se intenta limitar el uso del celular, lo que genera tensión constante en el hogar. Para los especialistas en salud mental infantil, estas conductas no deben interpretarse únicamente como rebeldía, sino como señales de un desequilibrio en hábitos digitales.

Ante esta realidad, muchos padres buscan herramientas de control parental para regular el uso de dispositivos. Aplicaciones como Google Family Link, Qustodio o Microsoft Family Safety permiten establecer límites de tiempo, aprobar descargas y filtrar contenido inapropiado. Estas herramientas pueden ser un apoyo importante, pero los expertos coinciden en que ninguna aplicación sustituye el acompañamiento activo de los adultos. El control tecnológico debe ir de la mano con el diálogo, la supervisión y el establecimiento de reglas claras en casa.

Más que prohibir, la clave está en acompañar. Establecer horarios definidos para el uso de pantallas, evitar dispositivos en los dormitorios durante la noche y crear una estación de carga familiar en un espacio común son medidas simples que pueden marcar una diferencia significativa. Del mismo modo, ofrecer alternativas fuera de la pantalla es fundamental. Juegos de mesa, actividades artísticas, deporte al aire libre y espacios de conversación fortalecen el vínculo y estimulan el desarrollo integral.

El debate sobre pantallas y salud mental infantil no busca demonizar la tecnología. La conectividad también ofrece oportunidades de aprendizaje y socialización. Sin embargo, cuando el uso digital sustituye el descanso, el movimiento y la interacción cara a cara, el equilibrio se rompe. En Ecuador, donde la digitalización avanzó con rapidez tras la pandemia, la conversación sobre el uso responsable de la tecnología en niños y adolescentes se vuelve cada vez más urgente.

Educar en la era digital implica enseñar autorregulación, no solo imponer restricciones. Implica comprender que los hijos no necesitan únicamente wifi, sino límites claros y presencia real. La tecnología no es el enemigo. La ausencia de guía sí puede serlo. Y en un entorno donde las pantallas forman parte de la vida diaria, el desafío para las familias no es desconectarse por completo, sino aprender a convivir con ellas de manera saludable.

Si quieres conocer más recomendaciones y escuchar la explicación completa de la especialista, puedes acceder a la entrevista íntegra con la psiquiatra clínica Belén Navarro a través del código QR disponible en esta publicación.

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