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#Opinión Los venezolanos no necesitan de tu ‘Venesplaining’: solo ellos saben cómo sentirse en estos momentos

Ante la caída de Maduro, muchas personas no venezolanas ahora se creen con el derecho de poder opinar sobre la situación de un país en el que no viven, ni padecen.

Venezolanos en Chile | Captura: T13
Venezolanos en Chile Captura: T13

Son nuestros vecinos, antes éramos un solo país. Siempre han existido fricciones entre nosotros y en la bonanza de Venezuela en los años 70 nos recibieron, sí, aunque desde los tiempos de Bolívar siempre hubo roces.

Sin embargo, todo cambió cuando las consecuencias del régimen de Maduro comenzaron a verse en las vidas de nuestros vecinos: persecución política, violaciones de derechos humanos. Un encarecimiento aterrador que llevó a millones de ellos a irse de un país que amaban dejando atrás todo, incluso a la familia.

Se fueron por avión, pero también por páramos agrestes donde muchos murieron de frío. Por selvas espantosas como las del Darién, donde muchos todavía se siguen muriendo. Por desiertos mortales como el de Sonora. Y, también muchos se quedaron ahí, ahogándose en nuestras aguas, cruzando en lanchas infernales para pasar a Panamá. Caminando en las carreteras y viviendo, algunos de ellos, todavía, en condiciones indignas. Y así, solo en Colombia, desde la década pasada, viven desde ese entonces 2,8 millones de Venezolanos, según datos de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes (R4V) a corte del año pasado.

Llegaron. Hicieron parte de nosotros, así nosotros - que tampoco es que hayamos sido un país abierto a la migración, ni a la diferencia, ni siquiera entre nosotros- nunca los hayamos querido del todo. No diría que es solo nuestra culpa: en países como Chile, donde nosotros fuimos su blanco de odios, también han vivido en carne propia lo que es la humillación. Esa que viene ligada a una nacionalidad impresa en un pasaporte venezolano que te criminaliza. Esa donde te dicen “puta” (como a las colombianas) si eres venezolana, criminal si eres venezolano, y te hacen chistes con Rappi. Donde se burlan de tu hambre y con la que tienes las puertas, del mundo, cerradas.


De este modo, padecieron décadas de comentarios en redes, directos, indirectos, gestos impresentables de odio que aguantaron y aguantan muchos de ellos por una vida mejor. Y ojo: no niego la existencia de la criminalidad por parte de nuestros vecinos. Pero como migrante colombiana que fui en México, sé lo que es ser señalada por todo eso.

Todo, mientras veían cómo Maduro hacía y deshacía en el poder. Incluso se deshacía de la gente que quiso oponérsele alguna vez de maneras atroces y para muchos, imperdonables.

Con este trasfondo, a lo largo de los años, he conocido en la industria de la moda, que es donde me muevo, así como en otras industrias, a gente maravillosa. A colegas y amigos impresionantes que tuvieron que huir de su país por un régimen espantoso en toda regla.

Diseñadores como Alejandro Crocker, que integra un taller con migrantes venezolanas, por ejemplo, y cuerpos disidentes. A estilistas como Jorge Malavé, a escritoras como Style with Lilly, a PRS como la querida Zasha Gallardo. En fin. Creo que casi todos los colombianos que vivimos en la ciudad o en los pueblos tenemos un compañero o amigo venezolano, o un vecino. Y hemos aprendido de su comida, su cultura. Muy similar a la nuestra en muchas cosas. O que lo diga George Harris.

Es por eso que, y más viviendo en Bogotá, donde veo a tantos vecinos migrantes en todas las condiciones, luchando todos los días por una nueva vida, que les fue arrebatada gracias a Maduro, puedo empatizar con ellos. Y ahora que ha caído, me siento tan feliz y asustada como ellos. Pero sobre todo, no soy quién para decirles cómo deben sentirse ante algo que yo no viví - aún sin desconocer nuestra historia propia-. Algo que espero no hacer en el futuro.

Sí, los venezolanos saben que Trump no es un santo

Todos ellos, más los que pensamos así, desde La Divaza hasta el venezolano que tiene que enfrentarse a un compañero que ve clarísimo lo que quiere hacer Donald Trump, y no necesita que nadie se los recuerde, hemos sido insultados sino que menospreciados por los sentimientos ante un hecho histórico.

Sí, los venezolanos saben lo que Trump trama. Y muchos de nosotros lo que puede hacer. Si es así, ¿por qué alguien se cree con el derecho de enseñarles la realidad, su realidad, el cómo deben sentirse? ¿Por qué creen que alegrarse por la caída de Maduro inmediatamente les quita agencia, o les arroga el poder explicar una realidad que ellos no vivieron? ¿Por qué creen que se van a arrodillar a Trump (TODA LA DERECHA DE AMÉRICA LATINA SE LE ARRODILLA IGUAL) como si nada?

Claro, estamos en nuestro derecho a preocuparnos. Mañana puede ser Bogotá porque Petro dijo “mu”, pasado mañana Brasilia porque Lula dijo “Ah” y la otra semana, quizás Ciudad de México porque Sheinbaum dijo “Oh”. Estamos ante el propio Joffrey Baratheon de ‘Game of Thrones’, pero si hubiera envejecido hasta ser abuelo, y se hubiera bronceado, literalmente. En ese nivel de locura y peligrosidad. Sí que lo sabemos.

Pero, para los venezolanos que vivieron más de dos décadas en el infierno la liberación debía venir de una manera u otra. Incluso algunos van a hacerle un altar. Otros no. Otros hoy lloran de felicidad. Otros de miedo.

No podemos poner en un solo saco ni fiscalizar lo que pueden sentir y pensar millones de personas cuyas vidas fueron afectadas durante todo este tiempo y que hoy, solo por hoy, tienen derecho a sentirse de la manera que quieran. Saben que cambiarán quizás una dictadura por otra, quién sabe. Que darán lo que los chavistas ya se llevaron, quién sabe. El futuro es incierto. La incertidumbre como continente nos atenaza.

Pero por hoy, solo por hoy, muchos de ellos tienen, en medio de todo eso, una certeza: por fin pueden respirar y llorar de alegría creyendo, al menos por un momento, en que hay esperanza. En su libertad, sabiendo aún todo lo que hay detrás. Y nadie puede quitarles eso.

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