Viajar al pasado: ¿Llenamos solo un vaso siempre medio vacío?

Muchas personas muestran sus viajes como una manera de volver a aquellos lugares que los hicieron felices. Un fenómeno que muestra que no hay remedio y estas son sus aristas.

Lo que más recuerdo de mi viaje a Sao Paulo son los aires de exquisitez que ví en su fantástica arquitectura. Viajar al pasado: ¿Llenamos solo un vaso siempre medio vacío? 

Ver el icónico edificio Bretagne, producto estético de su época, para mí, resumió esa experiencia desbordante que surge al contemplar lo bello. Esa elegancia espléndida, ese otro mundo que me mostró esa cara de Brasil, la plasmé en una foto en mi Instagram que tomé en alguno de los museos de la ciudad.

En ella, está una mujer de aquella época (a la moda, por supuesto) en la que el país vecino, hoy una de las naciones más castigadas por la pandemia, mostraba toda su sofisticación ante el mundo a través de Oscar Niemeyer, Sergio Mendes y otros grandes creadores que le dieron a Brasil el estatus de progreso y refinamiento que exigían aquellos tiempos.

Sí, posteé a una mujer de moda en un atardecer evocador del Sao Paulo que recuerdo, así como otros lugares que han llegado a mi corazón. Esas son las fotos que más abundan en mis redes sociales últimamente, y en las de muchísima gente que en esta situación involuntaria han mostrado los lugares fascinantes que han visto, las culturas, texturas, comidas que alguna vez experimentaron como una manera de escapar ante una realidad que no podemos controlar y que nos quitó a todos el placer no solo de tocarnos, sino de ver el mundo, experimentarlo, de hacerlo nuestro a través del viaje.

Viajar al pasado: ¿Llenamos solo un vaso siempre medio vacío? 

Incluso hay hasthags en redes: #MiÚltimaFotoEnLaPlaya, o “Esta cuenta extraña este lugar”. En Twitter pululan los hashtags y en Instagram, las fotos de viajes, incluso del aire y las montañas ya dejaron de ser parte solo de los #TBT para atraparnos en las trampas de la nostalgia casi todos los días. Amamos postear – y ver- esas trampas, porque nos muestran que sí fuimos felices, que alguna vez pudimos ir más allá de las pantallas y que pudimos respirar, sentirnos vivos.

¿Un escape, como Alicia saltando detrás del conejo? Quizás. Uno que quizás puede llegar a ser tan peligroso como lo que le pasó a Blanche Dubois, la trastornada ex aristócrata alcohólica y caída en desgracia de “Un tranvía llamado deseo”: se quedó tanto en ese pasado glorioso, que se estrelló de frente contra un presente miserable y quedó destruida en el proceso.

Amamos postear – y ver- esas trampas, porque nos muestran que sí fuimos felices, que alguna vez pudimos ir más allá de las pantallas y que pudimos respirar, sentirnos vivos.

Todos los placebos son populares, pero este parece inofensivo y es una reacción inmediata ante todo lo que perdimos. Así lo explica Sara Leo, ´máster en medicina conductual y especialista en terapia conductiva de la UNAM:  “Tiene que ver con la parte de aferrarnos a lo que conocíamos como nuestra realidad. Lo que nos quitaron, de no poder salir, de no poder hacer varias cosas. Y cuando podemos hacerlo, todo ha cambiado por la pandemia: tenemos que distanciarnos, usar tapabocas. La nostalgia nos muestra lo que ya no va a regresar. Tiene efectos buenos, ya que estos recuerdos nos producen sensaciones y emociones agradables. Pero el problema es que en el presente no podremos hacerlo más y esto detona emociones que van hacia la ansiedad, el enojo, y la frustración por no poder hacer las actividades que solíamos hacer. Incluso, tenemos cierta culpa de que no disfrutamos lo suficiente cuando pudimos”, añade.

“Ese es el gran problema de la nostalgia”, enfatiza. “Nos sirve de escape para evadir el presente. Y este también está implicado: si pienso en los viajes que ya no pude hacer o que ya no van a ser de la misma forma, también hay malestar, al final del día. Estamos muy acostumbrados a evadir la realidad y lo que nos molesta es que no sabemos cuánto va a durar y sobre todo, la incertidumbre de no saber cuándo podremos regresar a lo conocido y agradable”.

“First World Problems”

Sí, viajar es un privilegio. A pesar de que millones de personas lo hagan, miles de millones más no han podido tomar un avión en su vida porque sencillamente ni siquiera tienen para comer y la pandemia lo ha puesto peor.

De hecho, según estimados del Banco Mundial, habrán 71 millones de personas en pobreza extrema  en todo el mundo cuando termine la pandemia. Pero los problemas del mundo no pueden invalidar las tragedias personales y eso incluye el hecho de tener viajes soñados y planeados que este año se cancelaron o se pospusieron (con suerte).

Y ahí también hay un duelo que suele ser acallado con una realidad que ya sabemos de sobra que es espantosa, pero que no tendría por qué ser minimizada. “No es ponernos de repente optimistas, tampoco, porque el malestar seguirá existiendo. Hay que ver esta situación con una postura de aceptación, verla como una realidad que no se puede modificar, porque no podemos hacerlo, pero podemos adaptarnos a pesar de este malestar”, explica la experta, quien aparte de la terapia, también aconseja hablar con la red de apoyo. Y si tu haces parte de ella, aconseja no dar respuestas poco creíbles como el “no estés triste”.

“Eso no basta para no sentirnos así. En este punto valdría la pena normalizar. Siempre pasa que, ante el hecho de sentirse mal no está mal y al darnos cuenta de esa ansiedad y enojo, solemos repelerlo. Sea a través de la nostalgia, de muchas actividades, porque nadie quiere lidiar con el aburrimiento. Pero debemos hablar de esto con nuestros cercanos, y que el hecho de sentirnos así no significa que estamos fallando, sino que podremos sobrellevar esto de mejor manera”.

Quizás sea hora de no postear más fotos de viajes y pensar a qué mes moveré ese viaje tan ansiadamente soñado (y ya todo pago) a París que este año, por lo menos, ya no fue.

Cuando la nostalgia también nos permite salir adelante

Lo nostálgico no comenzó en esta pandemia, de hecho, venía de tiempo atrás, pero se ha potencializado aún más en tiempos donde extrañamos nuestra vida normal.

Esta se expresa no solo en redes sociales, sino en plataformas musicales, en consumo de moda y en lo que muestran los medios (por ejemplo, los desfiles de antaño) y en ejercicios como los que hizo el New York Times con los lectores y sus vidas antes de la pandemia.

Ahora bien, un estudio reciente llamado “Márketing de Nostalgia y Reencantamiento”, publicado en la Revista Internacional de Investigación de Márketing, mostraba que este elemento también puede ser positivo para recordarnos que hay cosas positivas y que a través de eso se puede crear un futuro mejor. Asimismo, en Tiktok, surgieron tendencias como #MeAt20 (Yo a los veintes) y #ImJustAKid,  donde mostraban fotos de niños o más jóvenes. A ellas se que se unieron varias celebridades, y estas y los grandes influencers que participaron, afirmaron que esto les daba conexión, sentido de unión y recordar tiempos que fueron mejores para miles de personas, ellos incluidos.