¿Por qué nos violan, agreden y matan quienes dicen ser amigos, pareja o personas cercanas?

A Martha la violaron amigos cercanos y a Diana la mató su pareja. La psicoterapeuta Katya Yovich hace un análisis del porqué la violencia nace con gente cercana a nosotras

Martha es el nombre público de una mujer que fue víctima de violación grupal en un bar de Quito. Ella rompió el silencio y habló de lo sucedido.

Miles de personas manifestaron dentro y fuera de Ecuador para pedir justicia por el caso de Martha, una mujer de 35 años que fue víctima de violación hace pocos días en el norte de Quito. El hecho fue cometido por tres hombres, dos de ellos sus amigos.

"Aún me cuesta mucho hablar del tema. Quiero mostrar mi agradecimiento, y pedir que Dios nos bendiga a todos", indicó la mujer que ha pedido se guarde su identidad.

Al ser consultada por los acusados del acto de violación, ella indicó que ellos pertenecían a su círculo más cercano de amigos. "Con dos de ellos me llevo más de dos años y medio. He salido en varias ocasiones, incluso yo soy la nueva en el grupo. Hay otras personas que nos conocen mucho más tiempo, que nos conocen 5, 6, 10 años. No, no había ninguna señal, ningún comportamiento que me podía haber advertido de que yo estaba en peligro y que me iba a pasar esto", detalló en una entrevista en televisión.

¿Por qué las personas que dicen querernos nos agreden?

Es cierto que el instinto animal es una parte inseparable del ser humano. Pero a parte de los instintos tenemos razón y por ende la moral, que provoca una especie de conflicto entre lo animal y lo humano en cada uno de nosotros. En cuanto más razón, intelecto emocional e inteligencia tenemos, mejor conducimos a nuestros instintos, analiza la psicóloga Katya Yovich.

Si miramos a nuestro alrededor encontramos muchos ejemplos de personas que están en constante desarrollo de su parte humana: empatía, sensibilidad, espiritualidad, búsqueda de un propósito, etc. Pero también vemos a los que se realizan a través de lo animal: usando fuerza física, agrediendo psicológicamente, sometiendo la voluntad del otro.

"Es gente limitada, a veces traumada que en su arsenal de estrategias conductivas tiene solo una herramienta: la violencia. El dolor ajeno les excita, el miedo les hace sentir fuertes, el desamparo del otro los hace sentir poderosos. En la mayoría de los casos no tienen trastornos psicológicos, solo no saben o no quieren actuar de otra manera", menciona Yovich.

Para tener relaciones sexuales con una mujer es necesario desarrollar ciertas características que le pueden atraer: inteligencia, carisma, buen sentido de humor, cuerpo atlético, etc. Para violar a una amiga o una sobrina de 10 años no hace falta nada de eso. Solo se necesita fuerza.

Hay que resolver los conflictos de una manera adecuada, poder superar una separación o un engaño, hace falta aprender a canalizar los sentimientos, manejar la ira, ser introspectivo, etc. Para agredir a una mujer no es necesario nada de eso. Hace falta ser más fuerte que ella.

Si se quiere establecer una relación profunda, estable y satisfactoria para ambos, es importante saber respetar al otro, ser autosuficiente, empático… O sea trabajar en uno mismo. Para controlar y poseer a una mujer no hace falta nada de eso. Puedes matarla y así demostrarte a ti y al mundo interno que tienes todo el derecho de hacer con ella lo que quieras.

El perfil de los agresores potenciales ¡Ojo!

Los violadores y agresores viven bajo las leyes del mundo animal: los fuertes dominan a los débiles. Interesante que tarde o temprano suelen volverse víctimas de otros agresores ya que siempre hay alguien más fuerte.

Normalmente tratan de provocar a la víctima el sentimiento de culpa para poder excusar sus actos violentos. “Me provocó”, “¿quién le mandó a ponerse esa falda?”, “¡ella también quería!”. Pues, la responsabilidad por cualquier acto está en la persona que lo hizo.

Cualquiera de nosotras puede sufrir una violación. No sabemos que es lo que puede pasar, pero podemos velar por nuestra seguridad haciendo cosas simples como controlar las dosis de alcohol y la hora de regreso a casa, cortar relaciones con personas que nos faltan el respeto o apoyan la violencia, defender nuestros espacios personales, autovalorarnos, no confiar a ciegas en personas poco conocidas, como compañeros de colegio que no hemos visto un montón de años o amigos de amigos.