10 testimonios de violencia y acoso sexual en la marcha de Quito

Centenares de mujeres salieron a la marcha en las calles de Quito pidiendo frenar con la violencia, femicidios y acoso sexual. 10 jóvenes nos compartieron sus experiencias.

Unidad y mucho fervor se vivió en la marcha simultánea convocada para pedir un alto a la violencia contra las personas, especialmente contra mujeres, en el territorio ecuatoriano.

Mientras recorriá las calles, en medio de toda la multitud, que coreaba barras contra la violencia y femicidios decidí preguntar a varias mujeres si habían sido víctimas de estos acontecimientos.

De un total de 25 chicas, escogí una decena de testimonios que muestran a lo que nos exponemos las mujeres, no solo en las calles sino en otros escenarios, como el trabajo, la universidad y el mismo hogar.

Varias de las siguientes historias tienen el nombre protegido por pedido de las protagonistas.

"Me faltaba un punto para pasar la materia en la U. El profesor me citaba al parqueadero para arreglar a su manera. Quería que mantengamos relaciones sexuales para dejarme pasar. Lastimosamente cuando di aviso en la Universidad no hicieron nada y me duele porque el tipo sigue dando clases. Nosé a cuántas más les hace lo que a mi". Daniela R, 20 años, estudiante.

 

"Estaba en el baño de un centro comercial de Quito. Cuando iba a salir vi que por arriba un hombre me estaba viendo. Me asusté. Se había metido al baño de al lado para espiar a las chicas. Yo hice bulla y grité que un abusivo estaba en el baño de mujeres y los guardias lo sacaron pero no sé cómo se procedió contra este tipo de abuso", Wendy P, 18 años, estudiante.

 

"Hay un capítulo que yo no puedo olvidar hasta el día de hoy. Recuerdo que en la casa de mis abuelos me veía muy seguido con mis primos. Un día, dos de ellos me obligaron a darles sexo oral y me decían que no diga nada. Lógicamente les avisé a mis papás pero eso causó un enfrentamiento entre ellos porque el uno me creyó y el otro no, entonces no volví a topar el tema. Han pasado 20 años dese esa vez y pese al distanciamiento con ellos veo que la vida irónicamente les ha 'premiado' con hijas mujeres. Ojalá se acuerden de lo que me hicieron a mi". Fernanda J., 32 años, parvularia.

 

"Estoy aquí porque veo cómo mi vecino le pega y le maltrata psicológicamente a su esposa. Yo vivo arriba de su departamento y escucho casi siempre todo. He hablado con ella pero dice que no tiene dinero para denunciarlo y que tiene miedo porque si lo deja no tiene cómo mantener a su hijo. Siento tanta impotencia", Verónica R, 43 años, socióloga.

 

"Tuve un novio demasiado tóxico pero ahora doy gracias a Dios que pude salir de esa relación. Yo estaba demasiado enamorada pero él me traicionaba cuando le daba la gana y cuando yo le reclamaba se ponía más bravo y me pegaba. Los dos ya nos faltamos al respeto muchas veces y yo en nombre del amor me volví ciega, estaba permitiendo demasiadas cosas negativas que mi autoestima estaba por los suelos. Felizmente me ayudó una amiga con la recomendación de un psicólogo y al fin me alejé. Él me sigue buscando pero le puse una boleta de auxilio porque no confío en él, tengo miedo que me haga daño", Patricia J, 32 años, médico cirujana.

 

"Tras convivir por tres años con el padrastro de mis nenas me di cuenta que ellas le huían y no querían pasar con él. Una prima me contó que la menor le había confesado que él le tocó sus partes íntimas y mi nena estaba muy asustada y cabizbaja. Fuimos a un terapeuta y efectivamente le dijo lo mismo por lo que terminé esa relación. Es inaudito que pasen estas cosas dentro del hogar, no puedo pensar que hay gente de nuestra confianza con intenciones tan malignas", Saskia M, 38 años, bióloga.

 

"En una convención del trabajo, mi jefe tocó la puerta de mi habitación del hotel y me propuso que tengamos relaciones sexuales. Él estaba muy borracho y yo me negué rotundamente, me dio una cachetada. Me amenazó con despedirme pero fue peor para él porque le conté a su esposa y ella lo comprobó cuando escuchó que me llamaba a amedrentar. No se dejen de hombres tan lacras como esos, hay que perder el miedo", Karina M, 33 años, ciclista profesional.

 

"Cuando terminé con mi exnovio, él me dijo que si me veía con alguien más me iba a arrepentir. Lo encontré en un bar junto a su novia pero no le importó y me armó relajo cuando vio a mi nueva pareja. Rompió una botella de cerveza y con el pico de la botella me amenazaba a mi y mi novio. Los guardias lograron sacarlo pero yo no puedo estar tranquila, le he bloqueado de todo y no quiero cruzarme de nuevo con él. Tengo miedo aún", María José Ch., 27 años, psicóloga educativa.

 

"Es realmente irónico que las mujeres no podamos usar una falda o un vestido porque te quedan viendo las piernas con mirada de acosador. La última vez que usé mi falda en la oficina se burlaban diciendo que en qué esquina me voy a parar o me hacían bromas sexistas. Piensan que por más confianza que exista nos pueden hacer ver como objetos sexuales con sus comentarios. Estoy harta de eso, analicen las bromas a las que se prestan y paren porque eso es otra forma de acosar y maltratar", Doris V., 37 años, profesora de maestría.

 

"Mi madre, que en paz descanse, soportó el maltrato de mi padre por años de años. Yo no quiero ese final para mi vida ni para mis hijos. Cuando mi papá la atacó, hace 10 años, con un zapato de taco le causó a mi mami un trauma encefálico de por vida y poco a poco su vida se desvanecía. No sé cuantas veces más aguantó ella porque yo fui a estudiar fuera del país y al regresar él ya estaba con otra mujer. No puedo verlo y tampoco lo perdonaré. Mi madre falleció hace 4 años y siento que él fue el causante", Lorena R., 29 años, politóloga.