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5 diferencias entre machismo y misoginia (que te harán entender la importancia del feminismo)

Éstas son las principales diferencias entre la misoginia y el machismo, así como el modo en el que difieren sus manifestaciones y sus efectos perjudiciales

Los absurdos ideales retros de lo que significa ser un hombre han plagado el pensamiento colectivo y han moldeado la forma en que las mujeres ven al sexo opuesto. Durante siglos, los estereotipos socio políticos y de género han definido una serie de atributos jerárquicos casi universales asociados con la hombría.

La presión para que hombres y mujeres cumplan con estos estándares sin duda, ha tenido efectos adversos y aunque los roles han cambiado en gran medida, hay muchos que siguen bajo comportamientos  sexistas.

Hace no mucho tiempo, ninguno de los términos eran tema de la opinión pública. No había una reflexión acerca de ellos como un fenómeno social que se refería al sometimiento de las mujeres. Lo cierto es que, ningún humano se ajusta perfectamente a las expectativas de cualquier clase social, etiqueta o estereotipo de género pero por alguna razón, prevalece la idea de que los hombres deben ver canales de deporte y las mujeres de clases de cocina, dando entender que él debe saber atrapar un balón y ella, hacer una pasta carbonara. Que sea al revés, es como si se tratase algún tipo de insulto.

Tanto el machismo como la misoginia son fenómenos relacionados con el sexismo que perjudican en gran medida a las mujeres. Sin embargo, no hay que confundir estos términos, ya que aunque tienen algunas similitudes, no son la misma cosa.

Aquí algunas diferencias:

Uno se basa en el odio, el otro no

La misoginia siempre se fundamenta en el odio hacia las mujeres, mientras que el machismo se fundamenta en una serie de agresiones directas o indirectas normalizadas contra la mujer. 

El machismo puede hacerse pasar por amabilidad

Un machista puede no demostrar estas conductas a primera vista. Al contrario, puede verse preocupado porque las mujeres se sientan cómodas y vivan bien. Esto es porque como dice el punto anterior, el machismo no se basa siempre en el menosprecio o las ganas de dañar, sino en un paternalismo o una condescendencia eminentes.

Un machista podrá ocultar su agresión, justificando que lo hace “por el bien” de la mujer, pues considera que es menos capaz de pensar y actuar.

El misógino le teme a un mundo dominado por mujeres

Un misógino muestra activamente su disgusto por las mujeres, ya sea por lo que dice en voz alta o por como éstas actúan. El misógino le teme a un mundo en el que las mujeres tengan demasiado poder. Por ello, podría ignorar o hablar sobre una mujer en un grupo de hombres, con faltas de respeto.

La misoginia ocurre a nivel individual

El machismo tiene que ver con un sistema ideológico de poder sobre las mujeres que se va transmitiendo de generación en generación (por eso las costumbres machistas son tan arraigadas). La misoginia, se trata de una situación más aislada por lo que no necesariamente se adquiere por seguimiento de comportamientos generacionales. Sin embargo, sí tiene un ligero componente social, ya que tiene que ver con los roles de género atribuidos por la sociedad.

El machista objetiviza 

Un machista no siente ningún remordimiento por objetivar a las mujeres y despreciar todas las cosas femeninas, pero creen que tienen un lugar en el mundo. Por ejemplo, un hombre que lleva a cenar a una mujer y se queja si luego no tienen relaciones sexuales; o si lo hacen, se jacta de ello ante sus amigos como si se tratase de un trofeo.

¿Y el sexista?

Un sexista cree y practica estereotipos de género. Por ejemplo, un hombre sexista siempre puede insistir en pagar la cena en una cita; una mujer sexista siempre podría permitírselo.

 

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