Conoce la historia de Carolina Águila, la Mujer Impacta destacada de la semana

Sacó 450 puntos en la PSU y no veía futuro. Pero le torció la mano al destino y llegó a estudiar en la universidad del Centro de Investigación de la NASA. Hoy ofrece charlas motivacionales para transmitir con su ejemplo que los sueños sí se pueden lograr. Aquí nos cuenta su historia.

“Siempre fui una joven que dudaba de sus conocimientos y de la capacidad para lograr lo que quería. Era súper callada y no me atrevía a dar mi opinión por miedo al ridículo. Uno de mis principales problemas era que me sentía incapaz de estudiar lo que amaba (una carrera científica), porque me iba muy mal en el colegio. Quizás no había encontrado la motivación suficiente o mi método de estudio no era el adecuado. Como fuera, me estaba afectando demasiado.

En Viña del Mar –donde nací y crecí–, terminé la enseñanza media en un establecimiento 2×1, sin esperanza de poder cambiar mi situación con 17 años. Me di tiempo para pensar qué estaba haciendo por mi futuro y si el camino que había seguido hasta ese momento era lo que realmente quería. Comprendí que si no luchaba, nadie lo haría por mí y empecé a poner todo mi esfuerzo, dedicación y pasión para llegar adonde anhelaba y cumpir mis metas.

Decidida a ingresar a la universidad, di la PSU, pero obtuve 450 puntos. Sin embargo, no me rendí. Me levanté y fui a distintas casas de estudios superiores para que me dieran una oportunidad. La mayoría me cerró las puertas. Pensé que tendría que ponerme a trabajar e intentarlo de nuevo más adelante.

Una semana después, todo cambió. Recibí la llamada de una universidad privada, informando que había sido aceptada para Ingeniería en Biotecnología, carrera a la que postulé porque desde pequeña me gustaron las células y los microscopios. Cuando veía los libros de biología, sentía una felicidad inmensa, lo que no solía ocurrir con otra materia.

Lo más difícil fue convencer a mis padres para que creyeran en mí, después de tantas decepciones. Confiaron y me matricularon, aunque sólo por un semestre. Si no era capaz de pasar todos los ramos, ellos no pagarían más mis estudios. Fue un gran reto. Dejé las fiestas, los videojuegos y todas las distracciones. Me costó mucho, porque siempre me ha gustado la vida social y compartir con mis amigos. Pero pude enfocarme en mi meta y terminé la carrera sin retraso. Me demostré a mí misma que puedo lograr lo que me propongo.

Después realicé dos pasantías en Santiago, en empresas que estaban trabajando con células madre y cáncer, áreas en las que quería especializarme. Al principio viajaba todos los días entre una ciudad y otra. Fue sumamente difícil. Con fuerza y determinación, pude seguir adelante, porque tenía un objetivo claro por el que iba a dar todo. Más tarde, pude arrendar un pequeño dormitorio en la capital y, finalmente, después de casi dos años, un departamento.

Consciente de tantos problemas aún no resueltos en el mundo, como la pobreza, el hambre y la contaminación, empecé a buscar una posible solución a través de la biotecnología. Estaba decidida a ayudar a las personas, no me iba a quedar con los brazos cruzados esperando que los demás hicieran algo al respecto. Así inicié mi primer emprendimiento: un producto para eliminar toxinas en los campos agrícolas. Si bien pocos creyeron en mí, debido a mi inexperiencia en los negocios, el 2015 quedé seleccionada en el programa para mujeres líderes The S Factory, de StartUp Chile y desde ese minuto, nadie me detuvo.

Gané INITTIA 2016, un programa focalizado en biotecnología, y el mismo año obtuve la beca de Her Global Impact, para ir a Singularity University, ubicada en el Centro de Investigación de la NASA, a aprender de tecnologías exponenciales con grandes líderes del mundo. Fue un sueño, una experiencia increíblemente enriquecedora. No sólo adquirí conocimientos, sino también descubrí otras culturas y gané nuevos amigos. Al principio tenía mucho miedo, porque no sabía casi nada de inglés. Pero mis sueños eran primero. Estuve por aproximadamente dos meses y medio viviendo dentro del campus y volví con un inglés del 75%. Me di cuenta que soy capaz de hacer grandes cosas, sin importar mi edad o la inexperiencia.

Hoy mi vida transcurre entre Santiago y Viña del Mar. Además de mis emprendimientos y proyectos en biotecnología, estoy focalizada en entregar mi ayuda a través de charlas motivacionales en múltiples colegios, universidades y empresas. Mi principal objetivo es demostrar a las personas que todo se puede y que deben romper esas barreras que ellos mismos se ponen. Simplemente les digo que vayan a luchar por sus sueños. Para vencer los temores, que se pregunten: ¿qué es lo peor que puede pasar?, ¿cuántas oportunidades más voy a tener? Antes, yo era una persona con mucho miedo, que se frenaba constantemente. Hoy soy diferente: leo bastante, hago deporte y, lo más importante, siento que no tengo límites. Si algo queda de la adolescente que fui, es la capacidad de soñar”.

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