María Moreno: “Fui a una universidad laica que era el bar”

Conversamos con la escritora argentina sobre su nuevo libro “Black Out” y mucho más.

Tras una noche de alcohol y pseudo romanticismo me levanté corriendo. Atrasada como siempre. Tenía una ligera jaqueca que me pinchaba un ojo por dentro. Tomé una tasa de té caliente solo, porque no tenía dinero ni para comprar un pan, menos un pastel o algo que me trajera de regreso el alma al cuerpo.

Salí de la casa con el pelo mojado y la cabeza revuelta entre resaca y eternos intentos por entender si el encuentro romántico de la noche anterior lo era realmente o respondía solo a un revolcón utilitario y vacío. Para mi había sido la primera opción y creo que ese era el problema.

De un segundo a otro tuve que dejar el cuestionamiento y concentrarme en la misión que era grande y mucho más después de los acontecimientos que experimenté previamente a mi rumbo actual.

Eran las 10.30 am y yo figuraba colgada de la puerta de la micro intentando bajarme para llegar a la hora señalada. En un hotel de Barrio Lastarria me esperaba la periodista, escritora y crítica cultural argentina, María Moreno, una de las primeras mujeres que desde la prensa se preocupó de visibilizar el feminismo en su país al regreso de la democracia. En plena década de los 80’s creó un suplemento dedicado al género y la reivindicación de los derechos en esta temática.

La escritora visitó Chile para promocionar su quinto libro “Black Out” que es una especie de compilación de ensayos y crónicas en torno al alcohol y la bohemia bonaerense intelectual que vivió y creó en los 70’s. María era una de ellas. Según The New York Times, este es uno de los 10 libros que marcaron el 2016.

Con un café con leche en la mano ya me sentí mejor. Me acomodé en un sillón muy suave y contenedor. Volvía finalmente a mi. María apareció por un costado sonriente, muy bien peinada y maquillada. Yo era un desastre. Pero sabía que ella más que nadie me entendería.

-¿Cuál es tu relación con Chile?

Cuando tenía 20 años vine de paseo a Chile con un novio, era justamente cuando asumió Allende. He venido en el momento adecuado. Fue algo así como el viaje iniciático a la Ché Guevara, recorrimos todo el país de sur a norte. Él había venido y me invitó. Aunque descubrí que no soy la mejor persona para dormir en una carpa. Llegué a dormir sola en una playa de viña envuelta en una bolsa de dormir era el modelo entre beat y hippie.

-¿Cómo era la María de esa época?

Con bastate timidez como ahora, pero con mucha curiosidad. Recuerdo el espacio de Chile como el comienzo de mi libertad, de mi autonomía. Después me separé de ese novio y regresé sola. El viaje haciendo dedo, que se podía en esa época, para mi fue muy importante, no tener nada planeado y lanzarme. Fue muy lindo.

-A los 20 años qué estabas haciendo, ¿ya escribías?

Mi trayectoria es más bien periodística, estaba comenzando. Siempre haciendo un estilo muy literario pero dentro de medios. Son espacios especiales que te permiten hacer estilo a la manera de literatura, nunca tuve que ver con la información general, no hice nunca política. Soy cronista de vida cotidiana desde esa época.

-¿Puede que ese viaje también fue el comienzo de este impulso por liberarte profesionalmente?

Para mi fue el comienzo de algo internacional, soy una periodista escritora pero con un espacio de lectores muy restringidos. “Black Out” cambió eso. Por ahora crucé la cordillera, espero seguir.

-Con respecto de tu timidez, a veces uno crea una personalidad avasalladora para protegerse.

Probablemente, quien lee lo que escribo no va a imaginar que el personaje que lo hace sea tímido. Se puede decir que tengo pánico escénico muy notorio, mi vida estuvo atravesada por eso y con cierto dramatismo. Durante mucho tiempo no pude leer en público, ni participar de mesas redondas, etc. Si les voy a confesar algo, venir a Chile fue terror total. Pero mi pánico tiene una característica, en la escena me tranquilizo pero todo lo que me sucede antes es angustiante. Es dramático porque no cambia con los años. Tengo 50 años de psicoanálisis y nunca se pudo mover eso. Lo bueno es que no me impidió nada. Cada vez que me enfrento a una escena pública lo hago con mucho sufrimiento y nunca lo llego a disfrutar. Incluso hago talleres de escritura y me siento siempre dando examen. Siempre hay un eje neurótico que es difícil de cambiar.

-¿Por eso decidiste dedicarte a la escritura?

No lo creo, no veo una relación directa. Lo que sí, no puedo dejar de notar que construyo una María Moreno con mayor desenfado que la real. Porque uso seudónimo. Yo soy y no soy María Moreno.

-Durante la presentación del libro, el escritor chileno Alberto Fuguet describió como un libro para hombres.

Esa fue una apreciación personal, en general se me acercan más lectoras mujeres. Durante años dirigí suplementos feministas, trabajé mucho con el género desde los 80’s. Este diría que el libro de los muchachos. Fuguet capta algo de eso, pero más bien porque la estructura del bar es masculina. Entonces ocupándome del bar y de sus personajes hay una especie de homenaje a la coalición de varones en la cual yo me formé. Soy hija de varón digamos. Por la sociabilidad que tuve como escritora que trabaja en espacios de contaminación, no puros de la literatura. Eran bandas de muchachos callejeros y con un cultivo especial de la conversación. Fui a una universidad laica que era el bar.

-Ya que trabajaste tanto tiempo en el tema de género, ¿qué opinas de la mujer actual?

Lo que me interesa mucho es el movimiento que está sucediendo en Argentina de NI UNA MENOS contra el femicidio. Fue muy importante el paro de mujeres y participo de ello. Trae una novedad política absoluta. Casi diría que no tiene una genealogía anterior. Tengo muchas expectativas con ese movimiento. Y me emociona mucho que mujeres tan jóvenes se definan a sí mismas como feministas cuando en algún momento eso se transformó en un tabú.

-Durante mucho tiempo las mujeres no querían definirse como feministas porque era visto muy radical.

Es que es una declaración defensiva, es un imaginario ingenuo creer que esa exclusión como no feminista te va a incorporar en alguna coalisión patriarcal y no es así. Lo que tiene consenso no necesita apoyo.

-¿Eres feminista?

Si soy feminista desde siempre, con la primera marca de Simone de Beauvoir que en realidad no era exactamente feminista sino que se volvió feminista con los años. Pero durante los 80’s tuve muchas lecturas de feminismo de diferencia con la marca francesa y psicoanalítica, es decir no tanto como el movimiento anglosajón o el que derivaba de las agrupaciones de izquierda.

-¿Puede que este ideal marcara tu obra?

Yo creo que sí, a tal punto que no es tan palpable. No necesito declarar eso dentro de la obra. Más bien forma parte de una serie de posiciones críticas que no son solo de género. Con el regreso a la democracia, dirigí un suplemento feminista en el diario Tiempo Argentino que acompañó a la revista de la mujer durante toda la etapa de derechos, de reconocimiento a través de la ley como divorcio, patria y potestad compartida, ley de violencia. Y esa es una tarea de la cual me enorgullezco. Quizás ahora “Black Out” no tiene una conexión directa, pero me siento muy identificada a ese período de investigación mío.

-Claro, como tu dices, no necesito decir que soy feminista porque lo vivo y en todo lo que hago se puede ver. ¿Eso definió tu estilo de vida y tu estilo?

Si, soy tan feminista que no se ve directamente. Lo que hice con los años fue articular le feminismo con otras posiciones políticas. Por ejemplo soy kirchnerista en este momento estoy en la oposición. También creo que hago una política desde la cultura, todavía tengo cierta fidelidad a las reivindicaciones de los años 70´s, con una intención de que el lenguaje tenga que ver con lo experimental, con la vanguardia. Me interesan ciertas experiencias radicales en la lengua de los 70’s como la escritura de Osvaldo Lamborghini.

-Estás en un punto de inflexión con el político en tu país, donde Macri que está cortando fuertemente el apoyo a los programas de apoyo a la mujer.

Por eso yo creo que este libro tiene bastante conexión, a partir de una concertación inconsciente, con “Los diarios de Emilio Renzi” de Ricardo Piglia. Creo que estamos haciendo testamento todos. El Macrismo generó una necesidad de hablar de toda una experiencia político cultural de los 70’s que yo creo que en este momento pertenece a la extinción. Somos extintos pero estamos en acción. No hay política cultural en el Macrismo que no sea la destrucción.

-¿Qué está pasado con ls escritores en este contexto?

Donde el macrismo no está es en el realismo y está llevado adelante por las mujeres. Obras como las de Gabriela Cabezón Cámara o la de Selva Almada están trabajando en el lenguaje con diferentes tradiciones con una gran libertad y están haciendo una verdadera invención. Me interesa mucho ese tipo de producción. No es un momento de ruptura pero sí aparecen estos discursos que creo que han puesto en cuestión ciertos modelos sobre todo desde de el realismo en relación a la construcción del otro, el de clase popular. Durante años primó un sujeto que trataba de reconocer en la clase popular un lugar ideal dicho con un lenguaje instrumental y victimista a menudo. Entonces, por ejemplo, Gabriela Cabezón Cámara, hace una ruptura absoluta y crea un pueblo múltiple y festivo.

-El alcohol está muy presente en “Black Out”, es interesante ver como o te ahogas en ello, es así simplemente.

El alcohol es una coartada acá, casi diría que era la ostia que probábamos todos los que eramos un grupo de periodistas y escritores atorrantes, y claro en el libro tiene un eje pero estoy hablando de otras cosas. Está formado por microensayos. Es muy poco confesional y expresivo. A pesar de que puede tener un efecto en ese sentido. Pero es solo eso, un efecto. Es el libro más deliberado que hice.

-¿Puede ser que la crítica esté tan impactada por la importancia del alcohol en el libro debido a una visión machista? Si fueras un hombre que escribe que pase por una fase alcohólica es visto casi como algo normal.

Tienes razón, eso puede llegar a asombrar. Las mujeres más que tomarse la universidad deben tomarse la taberna. Pero finalmente esto está en la mirada del otro es un prejuicio absolutamente. Lucia Berlin toma el tema del alcohol en un sentido autobiográfico, es un libro que en este momento está circulando mucho. Dorothy Parker también, entre otras. Hay una tradición de autoras que trabajaron el alcohol, y es verdad son vistas con una idea de transgresión que no le aplicarían a un Faulkner obviamente, más allá de las calidades y genealogías. Pero no me preocupó eso porque pienso que es una historia social del alcohol, a partir de mi experiencia pero tiene mucho de experimentación el libro. No tanto mi vida. La gente tiende a identificar la narradora con la persona. Hay que evitar leerlo literalmente.

-Para las mujeres periodistas escritoras, tienes algún consejo para que sobrelleven su pasión por la escritura que también es bastante fuerte.

Yo veo cada vez más mujeres jóvenes absolutamente seguras y siguiendo su deseo. Me parece que eso es un cambio fundamental. No me interesaría darle un consejo, sí les diría que no obedezcan a las lectura dominantes a los imperativos de leer. Leer debe ser un placer y hacer el propio mapa eso les diría a las mujeres y en general a todos.