Hombre de fuego

“Cada vez que el vecino se descompensa siento un profundo escalofrío y hasta puedo percibir cómo los demás residentes también se estremecen. He llegado a pensar lo peor, que va a matar a alguien o que se suicidará”.

Desperté en medio de la noche por el ruido de sollozos desconsolados. No era cualquier tipo de llanto, era angustiante y, a ratos, asfixiante. El lamento de un hombre joven entró por mi ventana abierta debido al calor que es tan sofocante como su plañir. Tomé el celular. La luz me encandiló. Eran las 03:00 am.

Vivo en una comunidad como la mayoría de los chilenos. El edificio de tres torres rodea una plaza central, única área verde en varios kilómetros a la redonda. Es un oasis en la ciudad. Pero algo perturba nuestra tranquilidad.

Uno de los vecinos tiene ciertos problemas que no manejo con gran detalle pero ha protagonizado hechos de violencia y drogas dentro y fuera de su departamento. Mucho se habla y se teme, pero no sabemos realmente cuál es su problema. Así que todo el entorno se mantiene alerta ante cualquier situación extrema que podría ocurrir en cualquier momento.

Cada vez que el vecino se descompensa siento un profundo escalofrío y hasta puedo percibir cómo los demás residentes también se estremecen. He llegado a pensar lo peor, que va a matar a alguien o que se suicidará.

Crearon un grupo de Whatsapp para hablar de diversas temáticas comunitarias, pero principalmente lo que se comenta son los exabruptos de este personaje que insulta a los vecinos desde su trinchera que es el patio central, el cual amamos y todos tenemos derecho a usar.

Anoche el vecino lloraba a gritos y le rogaba a su pareja, aunque de acuerdo a lo que balbuceaba entendí que que realidad ahora es su EX, que le dijera dónde estaba, que lo perdonara, que la amaba, que no podía vivir sin ella, que si le decía donde estaba él correría inmediatamente a buscarla. No pude evitar recordar a un ex de una época pasada que también me manipulaba luego de crear algún desastre y lloraba y balbuceaba peticiones de perdón. Pensé en la niña al otro lado del teléfono asustada por las amenazas de este tipo. Según me informaron ella es menor de edad y su relación con este vecino está marcada por la violencia. Yo misma he visto un par de veces cómo se gritan y he intentado intervenir pero poco he logrado. Finalmente, la vida de odio en la que se desenvuelven nos termina afectando a todos.

La familia, por su parte, hace oídos sordos, lo defiende y mantiene el círculo de violencia y drogadicción.

Muchas veces hemos llamado a la policía para detener lo que está pasando pero poco o nada hacen. Hoy uno de los vecinos escribió en el grupo de Whatsapp que lo mejor era reunirnos para ponerle un precio al edificio y vender este paraíso a una maldita constructora o mejor dicho destructora.

Entonces, me pregunto ¿cómo puedo ayudar a la comunidad a la que pertenezco? E inmediatamente vino a mi mente el terrible incendio que está quemando a Chile, el mismo que miramos impávidos cómo crece y avanza. Y en vez de hacer algo productivo, compartimos noticias falsas y mentiras por redes sociales. E incluso peor, llegamos a culpar a los mapuches de algo absolutamente contradictorio con sus convicciones.

Siento que el desastre en mi condominio, es un símil (guardando las proporciones) de lo que vive Chile en este momento. Mi vecino es el incendio, su ex quien lo provoca con su nula capacidad de discernir el daño que le hace azuzándolo, contestándole el teléfono a las 03:00 am, volviendo a relacionarse con él. Y la comunidad sigue siendo la misma que mira, se espanta y no sabe cómo reaccionar. En este caso, ¿quiénes creen ustedes que serían los padres que se tapan los ojos ante la preocupante realidad?