Equidad de género en la pareja o "por qué serán más felices si él lava los trastes"

Es un hecho comprobado: las parejas exitosas dividen los quehaceres en el hogar y su relación está marcada por la equidad de género. Veamos las evidencias.

En los años que llevo entrevistando a especialistas en terapia de parejas, una de las revelaciones más insólitas que me han compartido sobre lo que hace que una relación funcione es ésta: si los dos lavan los trastes de manera equitativa, es más probable que su matrimonio (noviazgo o como le llamen) tenga éxito.

Los platos sucios fueron el ejemplo que me dio el doctor Mario Zumaya para explicar esa actitud de equipo que ayuda a las parejas modernas a sortear más fácilmente el mundo en el que vivimos, un mundo donde los roles de género no sólo son injustos sino poco prácticos.

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En MéxIco, 48% de las mujeres mayores de quince años son miembros activos del ámbito laboral, sea por vocación o por necesidad económica. Las mexicanas que forman parte de este grupo dedican cuatro horas más al trabajo en casa que los hombres en las mismas circunstancias.

Esta reparticipación desigual de las tareas domésticas, que le confiere a la mujer dos trabajos, uno en la calle y otro en el hogar, se conoce como doble jornada. Organismos internacionales como la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) la enumeran entre las causas por las que no participamos en el mercado laboral con la misma intensidad que los hombres.

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Más que ilógica o retrógrada, siempre he pensado que esta forma de concebir a la pareja es poco eficiente, pues cuando divides las labores de modo equitativo, ambos pueden aportar mayores ingresos a la familia, disfrutar de más tiempo para estar juntos y hasta tener sexo con mayor frecuencia (y con más ganas).

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Alberta, Canadá, publicado en octubre del año pasado, los matrimonios que comparten las responsabilidades del hogar, en efecto tienen más y mejor sexo que los que no lo hacen. Esto se relaciona con el tiempo que ahorramos al dividir los quehaceres, además del apoyo y complicidad que sentimos cuando nuestros hombres se preocupan por ser justos con nosotras. ¡No se me ocurre nada más sexy que un tipo considerado!

En mi propia experiencia, debo confesar que el momento en que me di cuenta que podía pasar el resto de la vida con mi actual esposo fue cuando siendo novios, se ofreció a planchar una blusa con la que definitivamente yo no podía. "Un hombre que sabe desarrugar seda es un keeper", pensé; sobre todo si lo hace con la naturalidad de que da la costumbre y no como un gesto de galantería.

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En el libro El matrimonio y sus alternativas, un texto revolucionario sobre las relaciones amorosas, el

psicólogo Carl Rogers explica que uno de los elementos que contribuyen al éxito de una pareja es precisamente la disolución de roles entre ellos. "Seguir ciegamente las expectativas de los propios padres, de una religión o cultura, equivale a condenar al desastre a una pareja en desarrollo. En los matrimonios que parecen más enriquecedores y satisfactorios, los roles juegan un papel cada vez menor, hasta que acaban por desaparecer", asegura.

¿Quién trabaja más horas?, ¿quién se hace cargo del quehacer y los hijos?, ¿en qué proporción dividimos las responsabilidades del hogar? Todas estas decisiones deben adaptarse a lo que a cada pareja le funciona y no a lo que la tradición patriarcal definió hace miles de años. Porque si lo pensamos bien, un tipo que espera que su esposa limpie toda la casa (aunque trabaje ocho horas en una oficina) sólo porque es mujer, no sólo va en contra de la equidad de género, sino de la lógica del mundo moderno. Es casi como si creyera que no merecemos votar o algo así.

Y claro, la moneda tiene dos caras. Pues si le pedimos a nuestros hombres que haya un reparto equitativo de los quehaceres, lo menos que pueden esperar de nosotras es que compartamos con ellos esas responsabilidades masculinas que tampoco les tocó a elegir. Ser los principales proveedores de la familia, mostrar una cara fuerte y racional ante los problemas, hacerle justica a su fama de lujuriosos; te aseguro que a muchos de ellos les pesan horrores estas expectativas y estarían dispuestos a bastantes cosas con tal de librarse de ellas. Lavar los trastes la mitad de las veces, por ejemplo.

Fuentes:

Carl Rogers. El matrimonio y sus alternativas. Editorial Kairós.

American Psychological Association. 

 

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