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La evolución de las tareas no sólo son cosas de niños

La vida ha cambiado debido al desarrollo de la tecnología. Ahora, una simple tarea que se hace en 5 minutos trae nuevos desafíos para los padres y profesores.

Puedo decir con todo orgullo que fui parte de la última generación que jugaba en la calle. Me encantaba ensuciarme en el barro haciendo seudo pasteles de chocolate y tuve la oportunidad de jugar con mis amigos a “las naciones”, al “corre el anillo”, “al pillarse”, al “luche” y a las escondidas hasta las 12.00 de la noche en un día de verano cualquiera

Pero como toda niña, lo que más me aburría era hacer tareas. Lo típico era buscar en revistas objetos que empezaban con la letra “A”. Como no teníamos dinero para comprar esas revistas para escolares que venían en los diarios, tenía que buscar en esas publicaciones viejas de las consultas médicas que me llevaba secretamente a mi casa.

Después de este acto al “borde de la criminalidad”, tenía que pegar los recortes con cola fría o, en su defecto, fabricaba una especie de engrudo con agua y harina si ya no había pegamento. Mientras pegabas los recortes en mi cuaderno, tu mamá te regañaba y tenías que escuchar “el sermón”. No quedaba otra opción.

El resultado final era más decepcionante. Con suerte, mi profesor revisaba el cuaderno y te premiaba con una “carita feliz” o un “felicitaciones” como si eso fuese un estímulo suficiente para continuar con mi próxima tarea: buscar recortes de elementos que empiecen con letra “E”.

A pesar de que han transcurrido varios años desde esa época y con un hijo en plena etapa escolar, la tarea sigue siendo la misma, pero ahora ya no existe el engrudo ni las revistas tijereteadas.

En vez de estar pasando todo un fin de semana buscando los famosos elementos con “A”, sólo fui al computador, coloqué “Google Images” y ¡Chan! ¡Ahí estaban! Auto, anillo, árbol, ardilla, apio, avión, de todos los colores, formas y tamaños. Sólo hacía click, imprimía y la tarea estaba lista. La tecnología una vez más me simplificaba la vida.

Pero el premio o el estímulo sigue siendo el mismo: carita feliz, un “felicitaciones” y continuamos con la siguiente búsqueda de elefantes, escobas, estufas, escarabajos, de todos los tamaños, formas e incluso, los puedes buscar en inglés si es que no te convencen los resultados en español.

A pesar de mi felicidad por haber transformado una tarea de todo un fin de semana a una realizada en tan sólo 5 minutos, no pude dejar de recordar que durante todo ese tedioso proceso de antaño, también había situaciones que me permitían aprender.

Preguntaba a mi mamá si ese elemento me servía para la tarea, ya que estaba recién empezando a leer, o veía otras cosas que empezaban con otra letra y las guardaba. Me daba cuenta que me equivocaba y seguía aprendiendo sobre otras letras, además de la “A”.

En la búsqueda hay un aprendizaje tan valioso como en el objetivo mismo, no sólo aplicable a una tarea escolar, sino en la vida misma. ¿Quiénes no soñamos con una meta y nos dimos cuenta que no era tan fácil como parecía? Nos arrepentimos en el proceso, buscamos otras cosas, nos equivocamos, caímos, elegimos otras rutas, pero llegamos a un lugar y, lo más imporatnte, aprendimos de las experiencias.

Ahora es distinto. Mi hijo aprendió que auto y avión empezaban con letra “A”, eso sería todo. Además de conocer la impresora y que haciendo click en un sólo botón podía tener una tarea lista en 5 minutos.

Es indudable la importante labor que realiza la tecnología, pero, ¿no estaremos sobreexplotando este recurso?  ¿No estaremos olvidando que nuestros hijos se están preparando para un mundo con otros problemas más complejos que los actuales?

Con la tecnología que disponemos, nos estamos saltando procesos de aprendizaje tan indispensables, como por ejemplo, el ensayo y error, la búsqueda, cuestionar, preguntar, entre otros momentos que ayudan a entender un concepto o a llegar a un cierto punto.

Tantos padres como los mismos profesores tienen desafíos enormes en la era actual de la tecnología, no sólo aplicable al logro de una simple tarea, sino también a lograr la motivación por aprender y entender que la tecnología es un paso más en el proceso de aprendizaje.

Ya no sólo basta con la simplicidad y la rapidez que entrega la tecnología, ahora hay que entregar otras herramientas para que los niños puedan descubrir, hacer preguntas y permitir que se equivoquen, lo que sin duda es una tarea pendiente tanto para los padres como para los docentes.

Ya comprendí que el tedioso proceso de búsqueda de revistas tenía también un fin educativo y que, a pesar de todo, disfrutaba de esos momentos.

Ahora, mi tarea será preguntar a mi hijo si “isla” empieza con “A”, estimular a que él mismo busque los elementos en el computador, enseñarle cómo se escribe esa palabra y descubrir que una tarea con “carita feliz” es un estímulo más para seguir aprendiendo y continuar preguntando.

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