Los 5 pretextos más usados para ver “Cincuenta sombras de Grey”

Como si ver una película no fuera cosa de gusto y ya.

El estreno de Cincuenta sombras de Grey es un fenómeno, nos guste o no. Hay muchas mujeres que en este momento ya están sentadas viendo la peli, o que ya tienen sus boletos en la mano, en espera de que llegue la hora.

Y ¿qué creen?, también hay hombres. Yo, por ejemplo, iré con uno a la función de las 6.

Las salas estarán abarrotadas. Casi todas las mujeres que conozco tienen ganas de ver la película. Lo curioso es que algunas de ellas no lo reconocen, tal vez porque no quieren caer en el lugar común (misión imposible) o quién sabe qué no quieran.

Es decir que asisten al estreno, o verán alguna de las funciones posteriores, pero aseguran que no es por interés legítimo. Intentan justificarse, como si ver una peli no fuera cosa de gusto y ya. Me refiero a pretextos como éstos:

“Mis amigas compraron los boletos, no puedo dejarlas plantadas”

“O no quiero dejarlas plantadas, porque me urge ver la película, pero qué vergüenza decirlo en voz alta.”

“Tengo que verla, es trabajo”

Es el pretexto que ponen mujeres como yo: tenemos que hablar de la peli en las revistas y los blogs para los que escribimos.

(Yo lo tomo como business and pleasure. O sea, no me da pena admitir que, si no tuviera que verla “por mi trabajo”, de todos modos la vería.)

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© Universal Pictures

“El soundtrack suena interesante”

Claro que suena interesante, Beyoncé está increíble y parte del mérito del tráiler tiene que ver con la música. Pero no tienes que ver una peli por su banda sonora… puedes comprarte la música y escucharla, sin sacrificarte.

“Voy para ver las reacciones de los demás”

Mi favorito. ¿O sea que no verás la pantalla, te dedicarás a mirar las caras de tus compañeras de fila? ¿En lugar de ver a Jamie Dornan? Bueno… allá tú. Cada quien sus prioridades.

“Se ha hablado tanto de la película que… ni modo, habrá que verla”

Se habla de muchas películas que finalmente decidimos no ver, porque no se nos antojan. Ésta sí se nos antoja, por eso estamos yendo a verla… el día del estreno… porque no queremos esperar más.


La película puede resultar peor de lo que esperamos, claro que sí, no será la primera ni la última vez que eso nos pase con un producto cinematográfico.

Nos queda claro que la trilogía de E. L. James es mala, gato por liebre, una novela rosa disfrazada de dominación/sumisión, y que hay muchas otras alternativas más interesantes.

Pero también nos queda claro que tiene su lado divertido, porque la literatura mediocre igual entretiene, y nadie se queda ciego, nadie pierde su cultura general ni sus grados académicos por leerla. Con la película es igual.

No hay necesidad de inventar pretextos para asistir a un estreno que, en el fondo, nos morimos por ver. Mejor aceptar que somos del equipo Cincuenta sombras, a calzón quitado. (De cuándo a acá tan intelectuales y expertas en erotismo. Ni que supiéramos de memoria la obra de Georges Bataille.)

Cincuenta sombras de Grey, el placer más culpable de los últimos tiempos. La experiencia me ha enseñado que los placeres culpables se convierten en obsesiones cuando una no los abraza.

Así que, chicas, abracen al suyo, vayan a ver la película en paz, sin pretextos de por medio, aliviánense, no se les va a quitar lo cinéfilas ni lo conocedoras por verle las nalgas a Jamie Dornan, les juro que no les pasará nada malo.

O no vayan, así no tendrán que poner pretextos.

Con permiso, tengo una cita con Christian Grey, luego les platico cómo me fue. 😉