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Por qué ir al baño después de tener sexo

Lo que nunca nadie te dijo sobre el sexo sin condón.

Luces bajas. Música suave. Después de unas copas de más, comenzaba la acción. A veces eran besos bruscos contra la pared. Otras en el potrero entre la paja. Sin embargo, jamás después de tener sexo en las películas, ellas tuvieron que ir al baño.

Después de haber imaginado innumerables veces cómo sería mi primera vez, con quién sería, qué me diría y cómo yo le diría el notición “eres el primero”, asumía que el universo dejaría que las cosas fluyeran. Y, puta, que fluyeron.

Nos reímos más que si uno de los dos hubiese dejado salir un pedo en plena acción. Mis ganas por sacar mi virginidad de mi cuerpo y sus ganas por penetrarme por el orificio que fuese, superaron mi vergonzoso/risueño/tierno anuncio: “Con cuidadito, sin rajarme que eres el primero“.

No diré qué me hizo ni qué le hice. Dicen que los caballeros no tienen memoria —aunque entre amigas uno recuerda hasta el más mínimo detalle. Después de llevar a cabo lo que en semanas había intentado, una vez que el ritmo cardiaco y nuestros orgasmos llegaron a su clímax, parecíamos dos niños agotados después de jugar por horas (ojalá hubiesen sido horas).

Juntos pero no revueltos tratando de sobrevivir al sudor entre las sábanas, mientras yo quería cucharear, susodicho me dijo incrédulo entre risas: “¡Cochina, anda al baño!“.

Nunca pensé que oiría esas palabras. Nunca pensé que fuesen parte del coito. Nunca nadie me dijo y, peor aún, nunca sale en las películas. Uno aprende de lo que ve, de las experiencias de los demás, pero ¿por qué nadie nos dijo que si tienes sexo sin condón tienes que ir al baño después?

Todo lo que sube tiene que bajar. Así lo dijo Newton y así fue. ¡Fluidos van, fluidos vienen!

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