La ternura es un acto revolucionario

La ternura pareciera olvidada y relegada a ciertas situaciones. Acá se presenta como un acto revolucionario ¿Será?

La ternura es un acto revolucionario. Desde hace como una semana que le estoy dando vueltas al tema de la ternura. ¿Qué es la ternura? ¿En qué está presente en nuestras vidas? ¿Cuándo dejé de serlo?

A veces nos reímos de quien la practica “ Pucha que eres mamón/a” puede que haya salido de nuestros labios más de alguna vez . Nos reímos porque parece infantil , meloso, comprometedor o fuera de lugar. Pareciera que le llamáramos ternura con cierto tono despectivo incluso a cualquier acto que nos haga decir “Awwww”, casi como diciendo “Qué (demasiado) tierno”, “Qué tontito”, “Qué infantil”.

Siento que por alguna razón, cuando crecemos, la relegamos obligadamente a un par de circunstancias súper concretas: nuestra relación con los niños ( hijos, ahijados, sobrinos) o cuando estamos profundamente enamorados. El resto del tiempo, parece que la adultez fuera tristemente eso en sí: alejarse de la ternura. Tratar de ser más maduros, más concretos, más ácidos por twitter, con estados más políticamente correctos en Facebook. Cada vez más alejado de la ternura, pareciera que somos más grandes y maduros. Y qué decir cuando todo a nuestro alrededor nos dice que tenemos que ser más adultos: para una mujer independiente, soltera, que dice garabatos y escribe sobre relaciones, menos debería leérsele o sentírsele tierna. Eso, eso debe ser para las madres, las tías, o las pololas, no para las que llevan la libertad como una lucha y bandera.

Pero ¿qué es la ternura? Mi definición simple sería que la ternura, sería esa de entregar amor por el gusto de darlo y que puede ser desde un gesto,preparar una sorpresa, una cena, un regalo, una atención, pero con harta azúcar.

¿Pero por qué uno lo asocia a los niños y los amantes?  Tal vez porque la ternura ES el volver a ser niño. O con ese arrojo que tiene la gente enamorada, olvidándose de prejuicios, o del qué dirán.

Y la cobardía -como diría Silvio Rodríguez- es cosa de los hombres, no de los amantes. Será por eso que los amantes siempre se arriesgan y los niños no tienen consciencia de lo riesgos que corren hasta que les pasa algo, se trauman y blá: crecen. Y los adultos, que todos fuimos alguna vez niños y tiernos, pareciera que además o en vez de madurar, nos dedicamos a acumular miedos: miedo al ridículo, miedo al qué dirán, miedo a no parecer mamón, miedo a que no nos dañen como lo hicieron otros. Y ahí nos quedamos, des-tiernados, tibios como dirían por ahí, ni entre chicha ni limoná, hasta que o nos enamoramos o somos tíos, padrinos o derechamente padres.

Reconozco que con los años uno se va endureciendo. Yo misma no soy la misma de cuando tenía 3 años y manifestaba mi ternura a destajo o cuando era una adolescente enamorada que no me importaba preparar regalos durante semanas, pasar largo tiempo haciendo cariño o escribir largas cartas. Me he puesto cada vez más fría, tal vez como una manera de protegerme luego de situaciones complicadas, sufrir varias pérdidas, sentirme dañada o ser/ tener una actitud resilente que claro, te permite salir de situaciones complicadas, pero te hace un poco más lejana a lo que te pueda hacer parecer frágil. Amo la vida y por ese mismo amor , es que creo firmemente que debo devolverme a la ternura que perdí todos estos años. Me gusta pensar que no necesariamente tengo que estar con alguien que me provoque esa ternura externa, sino asumir que también puede venir de mí, así, a secas. O precisamente, no tan secas.

Quiero practicar, como dijo mi amigo Emmanuel por ahí eso de que “La ternura es un acto revolucionario”. Y yo, quiero pertenecer a esa revolución: la que somos tan libres que no nos importa parecer tontos, niños, mamones, sino somos y actuamos como nos parece bien, dando amor de manera honesta, simple y sin pensarla tanto.

PD: Oye ternura, calmao’, que estoy de vuelta.